El príncipe Baltasar Carlos de Velázquez, al Bellas Artes de Asturias

La obra ha sido cedida en depósito por el Prado durante dos años 

El príncipe Baltasar Carlos de Velázquez, al Bellas Artes de Asturias

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 11:03

La Comisión Permanente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado aprobó el pasado mes de noviembre, por un periodo de dos años renovables, el depósito de la pintura El príncipe Baltasar Carlos en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Una obra que llega para enriquecer la ya exquisita colección de arte barroco del museo regional con uno de los nombres más codiciados, y hasta ahora ausentes, de la pintura del Siglo de Oro español: Diego Velázquez.

En esta ocasión, se trata de un retrato realizado por el taller del maestro sevillano hacia 1636. En este sentido, la década de los años treinta del siglo XVII fue realmente prolija en la representación de la imagen del príncipe heredero, siendo Velázquez y su taller los principales artífices de tales obras.

La gran mayoría de estas imágenes muestran al príncipe Baltasar Carlos, primogénito de Felipe IV e Isabel de Borbón, con trajes, entornos y actitudes similares a las de su padre, lo que demuestra una clara vocación oficial en la que fórmulas similares, tanto en indumentaria e insignias como en expresiones y emociones, pretendían reflejar y resaltar el origen divino del poder real.

La obra que llegará en unos meses al Museo de Bellas Artes de Asturias, tras haber formado parte de la exhibición Soleir Noir que organiza el Museo del Louvre en su sede de Lens, representa a Baltasar Carlos a la edad de siete años. El príncipe viste un rico traje negro con abundantes motivos dorados, lleva la cabeza descubierta y su sombrero puede verse apoyado sobre un cojín en el suelo. Con la mano derecha, Baltasar Carlos sujeta un arcabuz de caza mientras apoya la izquierda en el pomo de una espada corta que ciñe a la cintura.

Su figura se halla en un interior de gran sobriedad en el que una ventana permite ver un paisaje de fondo. En él se intuye el perfil de la Sierra de Guadarrama y, en un plano más cercano, un terreno frondoso en el que Javier Portús ve una clara alusión al Pardo, principal lugar de los alrededores de Madrid donde el Rey y sus allegados acostumbraban a cazar. Esta referencia cinegética dentro de la composición unida al porte de armas por parte del príncipe, no sólo demuestra una afición extendida en la corte española del momento sino que acarrea un significado político de peso. Por entonces, era frecuente la aserción que manifestaba que la caza era imagen de la guerra. En consecuencia, este tipo de referencias cinegéticas suponían un contexto ciertamente oportuno para aludir a las responsabilidades militares que le esperaban al futuro rey, continuando con el deber iniciado por sus antecesores.

El príncipe Baltasar Carlos "no sólo aumenta la colección barroca de la pinacoteca asturiana sino que eleva potencialmente su calidad al incluir una obra del taller de uno de los pintores más importantes y sobresalientes de la Historia del Arte, referencia indiscutible de artistas y objeto unánime de alabanzas", señalan desde la pinacoteca asturiana.

La obra, que formó parte del la muestra Austrias y Borbones: Príncipes y Princesas de Asturias, y Reyes de España, podrá verse en la sala 3 del Palacio de Velarde a partir de la segunda mitad de 2020.

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Antonio Herraiz y Marta Ruiz

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