Anquela: "Cada día doy gracias a Dios por tener trabajo y tenerlo en el Oviedo”

El entrenador, en su visita a La Paloma, asume el incremento de exigencia y confía en alcanzar la difícil meta de completar dos años en el Tartiere.

Carlos Llamas

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 21:27

Reparado el socavón de Riazor, con siete puntos consecutivos, Anquela transita hacia la meta de completar dos temporadas en el banquillo del Tartiere. Nadie lo ha conseguido en los últimos quince años. El entrenador escruta el dato: “Es para hacérselo mirar... Así ha estado el Oviedo, no el fútbol. Yo he estado en equipos con problemas, para descender, y han confiado y al final hemos logrado el objetivo de salvarnos y jugar la liguilla de ascenso al año siguiente”.

El técnico oviedista anhela “continuar mucho tiempo, pero ya sabéis cómo es el fútbol”. Él hará lo que está en sus manos: “De mí depende trabajar y hacerlo todos los días como el primero. Tengo que defender mi trabajo con uñas y dientes cada día. Yo disfruto cada mañana cuando empiezo a mirar el sitio donde estoy, los campos de entrenamiento. O cuando salgo el último al Tartiere y miro a un lado y a otro y digo: que dure mucho”.

Anquela acepta el incremento de exigencia respecto al año pasado. “Sé dónde estoy y lo que se pide, pero hay que mirar los equipos que hay. Tenemos currículum, pero los hay con el mismo y más”, recalca. El entrenador bromea sobre si el banquillo del Tartiere condiciona su aspecto físico: "¿Que si he envejecido? Claro, tengo un año y medio más que cuando llegué”. Desde Andalucía le llega un mensaje: “En casa lo que me dicen es 'por aquí no vengas hasta que hagas lo tuyo'. Es decir, que consiga ir con la cabeza muy alta, como he ido siempre”.

En sus paseos por Oviedo, en sus pocas salidas, recibe “el mismo cariño desde el primer día”, aunque también es conocedor del desgaste inherente al entrenador. “Lo que sí veo es que aquí la gente se cansa rápido, muy rápido, y yo no me canso de trabajar y de intentar hacerlo bien”, asegura Anquela, un técnico que no está atento a los análisis de los medios de comunicación. “Si estoy pendiente de eso, estoy desviando mi energía hacia otro lado. Mi problema es ese, que no escucho, y no me entero de a quién tengo que poner y a quién no”, ironiza. Desde hace año y medio, un ritual se repite en la vida del entrenador del Real Oviedo: “Cada día que me levanto doy gracias a Dios por tener trabajo y tenerlo en el Oviedo”.

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