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EMPATE (2-2)

Las virtudes del Oviedo remontan a sus carencias

Los azules resurgen con una gran segunda parte en Almería de buen fútbol y mucha garra para igualar a un candidato al ascenso. Al descanso se fue un equipo hundido.

Samu Obeng intenta un remate ante un defensor del Almería

Samu Obeng intenta un remate ante un defensor del Almería.

Deportes COPE AsturiasFoto: @LaLiga

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 22:03

Este Real Oviedo, muchas veces, juega contra sí mismo. Un Oviedo contra otro. Unas virtudes, que aparecen hasta en las tardes más oscuras, contra sus propias carencias, tan habituales y condenatorias en una temporada de la que ya solo se espera su final. Sin más. Un desenlace con el menor sufrimiento posible, y a intentar creer en un mejor futuro.

El Oviedo dejó dos mitades para el recuerdo. Una para no olvidar los errores e intentar no repetirlos; la otra, si es posible, para estirar en el tiempo. El resumen global merece un reconocimiento: el equipo de Ziganda remontó un 2-0 contra el tercero, el poderoso Almería, venido a menos, eso sí, desde hace dos meses. La reacción azul muestra lo mejor de un equipo, siempre bregador, que mantiene el pulso ante el empuje de la zona baja.

Los minutos iniciales no presagiaban un derrumbe tan alarmante. En el primer cuarto de hora se jugó a lo que quiso el Oviedo, un equipo capaz de condenarse a sí mismo en cualquier momento. Esta vez fue en forma de penaltis. Errores evitables, distracciones puntuales que entierran las aspiraciones del equipo. En apenas cinco minutos, el Oviedo fue capaz de regalar dos penaltis simples. Femenías salvó el primero, Sadiq acertó en el segundo. Poco después, otra vez el delantero aprovechó la debilidad oviedista en el área. Un zarpazo que, impensable entonces, no fue definitivo.

Tras el 2-0, el Oviedo desapareció, se entregó hasta el descanso. No había nada del visitante en el Estadio Juegos Mediterráneos. Pero el Almería, no sobrante de recursos en el debut de Rubi, no acertó con la sentencia y dejó vivo a los asturianos.

Con los aficionados echando cuentas sobre el descenso, llegó la reacción más inesperada. El equipo resucitó. Jimmy, de entrada desde el inicio, raseó la pelota. El Oviedo jugaba en campo rival ante un Almería cada vez más hundido, más sometido en su área. Tras un par de avisos iniciales, Samu Obeng, siempre discutido, definió esta vez con éxito por abajo. Era un partido nuevo ya sin los tres centrales. El empate se acercaba. Borja Sánchez, Rodri, Leschuk. Todos se sumaron para atacar. En un encuentro extraño, lleno de contrastes, la igualada tuvo forma de chilena de un central. Simone Grippo, con el VAR por medio, celebró un gol precioso.

Por entonces el Oviedo era mejor. Ni siquiera parecía descabellado pensar en la remontada total. Pero el empate, por el fondo y la forma, ya era como una victoria. El resultado tiene un valor mayúsculo para un Oviedo que ha sumado en su visita a los tres primeros de la clasificación. La permanencia está un punto más cerca. Que la temporada se acabe cuanto antes.

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