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"Han sido los diez mejores años de mi vida"

Rafel Sastre, el gran capitán del Sporting hace una década, rememora en Deportes COPE Asturias su pasado en el club rojiblanco.

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Pepe PérezFoto: @RealSporting

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 17:20

En la panadería familiar de los Sastre, Rafel vive alejado del fútbol y de los focos que, una década atrás, le alumbraban en Primera División. El gran capitán del Sporting a comienzos de este siglo XXI solamente ve de cerca la pelota cuando sus 'guajes' juegan sus partidos en la isla. Eso sí, de vez en cuando llegan esos momentos de soledad donde repasa su gran trayectoria en Gijón. En El Molinón logró ganarse el cariño de compañeros, entrenadores y una exigente afición. Rafel Sastre lo recuerda en Deportes COPE Asturias.

A Rafel le toca realizar las entregas del pan dentro del trabajo que comparte con su hermano. Siguen la tradición familiar. “Tenemos un negocio familiar con mis hermanos. Es una panadería. Ahí trabajé antes de jugar. Lo he mamado desde niño. Es el negocio de mis padres, que han luchado toda la vida para sacarnos adelante. Como a mí es algo que me gusta, aquí estamos, intentando sacarlo adelante”, explica. Un negocio que ha sufrido las consecuencias del coronavirus. “Sí lo hemos notado. Trabajas con colegios y restaurantes. Durante el confinamiento estuvo todo cerrado. Ahora, Mallorca es una caricatura de lo que era. Estos meses da pena ver cómo ha quedado todo. La suerte es que en el sector de la alimentación se nota menos, pero claro que se nota”, reconoce.

Tras colgar las botas, no dejó de hacer deporte. Al contrario. Con el físico privilegiado que demostró en la banda de El Molinón, Sastre continuó haciendo carreras de fondo en montaña. “Es algo que me gusta, pero ahora estoy un poco parado. Me están saliendo los estragos de todos estos años. Las rodillas están un poco cascadas. Tengo una que me da bastante guerra. Voy intentando hacer algo. Hace un par de años estuve en Somiedo haciendo una carrera, muy chula y muy dura, vale la pena. Ahora estoy pagando físicamente lo de todos estos años”, asegura.

El fútbol ahora lo ve “desde lejos”. Su única vinculación es la de “los guajes”, sus niños, que siguen jugando. “En el plano más serio me desconecté totalmente al dejarlo. No es que no me interese, pero no tengo la necesidad de mantenerme enganchado. De momento, no quiero decir que no me salga otra vez la vena. Estoy bien así”, admite. No pasa desapercibido cómo llama a sus hijos. “Son guajes porque son asturianos. Son diez años allí y da para mucho. Cuando hablo castellano, hablo más asturiano que castellano, incluso aquí”, apunta.

Con 324 partidos en el Sporting, explica que no es fácil mantenerse tanto tiempo en un club. “Hoy en día llegar a estar tantos años en un club es complicado. Tuve la suerte de poder estar estos años en Gijón. Disfruté mucho, muchísimo. Han sido los diez mejores años de mi vida. Hubo momentos complicados, pero si haces balance fueron fantásticos. Hoy en día es difícil ver eso”, admite. Sastre llegó a ganarse el cariño de todos. El Molinón le dedicó un cántico que a veces sigue escuchando. “Tengo a los guajes que me lo recuerdan cada dos por tres y me cantan la canción. No estoy conectado, pero no me olvido. Mucha gente me lo recuerda”, explica. La nostalgia invade a Rafel en determinadas situaciones. “Hay momentos en los que estás un poco solo en casa, te pones a recordar y a uno se le pone la piel de gallina. Son momentos que, cuando los estás viviendo, no les das tanta importancia, pero cuando los ves de lejos o cuando ves algún partido y sales por ahí y te ven los niños... te da morriña”.

Para el gran capitán sportinguista, “son los compañeros los que te colocan en el lugar en el que estás, yo simplemente hice lo que tenía que hacer: trabajar, trabajar y trabajar”. Para Sastre, el ascenso es el momento más especial en el club. “Cuando llegas a Gijón se supone que el Sporting cada año aspira a lo mismo; subir, mantenerse en Primera y quedar lo mejor posible. Los primeros años fueron difíciles, pero se consiguió, se trabajó, se apostó por ello. Subir a Primera te marca bastante”, advierte. Ese ascenso de 2008 que le sirvió para sacarse la espina de unas temporadas atrás, cuando, con Marcelino, se quedaron a las puertas de situarse en la máxima categoría. “Ese año nos lo merecíamos de verdad. El fútbol tiene esas cosas, pero valió la pena. El sufrimiento de los años anteriores se compensa con ese ascenso”.

Tampoco se le olvida la despedida en El Molinón. Su último partido. La sustitución y la ovación. “Recuerdo que se acababa todo. El último mes fue bastante complicado. Veías que se acababa todo. Tuve la suerte de poder jugar el último partido, de poder salir del campo, despedirme de la gente, oír una ovación. Fueron momentos bastante emotivos”, rememora. Sastre admite haber sido “muy afortunado, pudimos salvar la categoría, pude jugar el último partido, pude despedirme... el club me hizo una gran despedida. Me hace pensar si realmente merecía todo eso. Me lo dieron y solamente puedo estar agradecido”.

Los aficionados del Sporting aún recuerdan la figura de Sastre. Incluso se escucha la frase de que el club rojiblanco necesita a once 'Sastres' sobre el terreno de juego. El balear tiene un mensaje claro para ellos. “Les diría que no meteríamos un gol, que estaríamos apañados (risas). Cada uno tiene sus cualidades. Yo tenía las mías y mis compañeros otras. Es unirlas y que todo ruede bien. Se tienen que juntar todas las cosas. Creo que tarde o temprano el Sporting volverá a donde se merece. No es fácil. Se tienen que juntar muchas cosas”, apunta.

Rafel Sastre acude con bastante frecuencia a Gijón. “Teníamos pensado venir este verano, pero con todo este follón será para el año que viene”, apunta. Eso sí, algún aficionado aún le para por la calle. “Las generaciones van cambiando, las generaciones jóvenes no saben quienes somos nosotros, pero sí que encuentras gente que te recuerda”, concluye.

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