REPORTAJE

Hablemos de suicidio

Cada año, 100 personas se quitan la vida en Aragón. Visibilizar el problema ayuda a prevenirlo

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Escucha aquí el reportaje, con las voces de los protagonistasMARTA LÓPEZ

MARTA LÓPEZZARAGOZA

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 16 oct 2019

Vamos a hablar de suicidio. Durante muchos años, ha sido un tema tabú. Lo hemos silenciado. Creíamos, erróneamente, que si hablábamos de ello, generábamos un efecto contagio. Hoy, todos los expertos en salud mental nos dicen que nos equivocábamos, que hay que ponerle voz. Porque lo que no se cuenta, no existe. Y lo que no existe, no se previene. Ha llegado la hora de romper el silencio.

Cada año, unas 100 personas se suicidan en Aragón, una cada 3 días. Mueren más personas por esta causa que por accidente de tráfico. Por cada suicidio consumado, hay entre 15 y 20 tentativas. Y el problema se multiplica entre los adolescentes. “Hay que hablar de ello, no explicitando cada caso concreto, con toda su casuística, pero sí la generalidad, las cifras, las formas de prevención, la necesidad de aplicar medidas”, explica la dictora Ana López, gerente de ASAPME, la Asociación Aragonesa Pro Salud Mental.

Las sociedades científicas coinciden en la importancia de visibilizar el suicidio como “un problema de salud pública”. La psiquiatra Isabel Irigoyen, hace hincapié en acabar con los mitos que rodean esta realidad. Hablar del tema, no solo no genera un efecto contagio, sino que “ayuda a sentirse comprendido y a aliviar el sufrimiento”, explica.

Lo sabe bien Azucena, de 35 años. Ella nació en el seno de una familia “como cualquier otra”. De niña, le gustaba leer y estudiar; pero también divertirse con sus amistades. De adolescente, empezaron los síntomas. “Coincidieron con el inicio del instituto y fue en ese momento y ese lugar cuando una inmesa nuebe eligió desplazar de mi vida la ola de colores”, relata.

“Mi entorno se volvió gris y yo me convertí en una persona gris”, recuerda. Azucena se aisló: “Aquella nube que me cubría y me anulaba se llamaba esquizofrenia y había llegado para impedirme vivir y resolver las dificultades del día a día, hasta tal punto que llegué a pensar que la única salida era abandonar”. Lo intentó más de una vez. No conseguirlo fue “el fracaso más afortunado de mi vida”. Azucena está viva. Le ayudaron los profesionales, su familia, sus amigos. Pero también ella misma, el día que decidió habar de ello.

Teléfono de la Esperanza 976 23 28 28

El binomio enfermedad mental-suicidio existe pero es engañoso. Las causas que llevan a una persona a querer quitarse la vida son múltiples: sociales, económicas, familiares... Por ello, la prevención también debe ser múltiple. Lo sabe bien Alberto Hernández, presidente del Teléfono de la Esperanza. “Es un fenómeno multicausal, se debe abordar desde distintas facetas: educativa, social, sanitaria e incluso desde los cuerpos y fuerzos de seguridad, que muchas veces son los primeros en tener conocimiento de la situación”, asegura. Hernández explica que “no hay un perfil pero sí factores de riesgo”. La enfermedad mental es uno de ellos, pero también “una crisis personal, una pérdida de estatus o vínculo afectivo o una situación prolongada de estrés”.

El Teléfono de la Esperanza (976 23 28 28) atiende casi 7.000 llamadas al año. El 11% son de personas con riesgo de llevar a cabo una acción suicida y 70 llaman en plena crisis. “La persona necesita establecer una relación de empatía porque quizás esta llamada es el único hilo que le sostiene en la vida, está buscando ayuda para que el suicidio no se produzca”, explica Hernández.

Rompiendo mitos

En el tratamiento del suicidio hay que desterrar mitos anclados en nuestro pensiamiento, como que la mayoría de quienes intentan suicidarse no cumplen sus amenazas. O que quien de verdad quiere hacerlo, no avisa. Isabel Irigoyen lo desmiente. En realidad, 9 de cada 10 envían señales que hay que saber leer: “una despedida especial en el trabajo, regalar ciertas cosas muy queridas para la persona o ir a un notario”.

La superviviente Azucena rompe también otro cliché doloroso, el de que lo hacen para llamar la atención. “Con el tiempo y con ayuda profesional he entendido que las personas que lo intentamos no lo hacemos por cobardes, por querer llamar la atención o porque nos falta juicio; lo hacemos para terminar con un gran sufrimiento emocional, mental o físico que aniquila nuestras fuerzas y nos impide encontrar soluciones”, asegura.

Plan de prevención del suicidio

Tanto asociaciones como afectados insisten en la importancia de elaborar un plan de prevención del suicidio. La doctora Ana López Trenco insiste en examinar qué elementos son desencadenantes, como “la vulnerabilidad social, la pobreza o el abuso”, porque “no es solo un tema sanitario”. Por ello, apuesta por “investigar las causas, que se pongan recursos suficientes con planes adecuados y que se dote económicamente tanto los recusos sanitarios como los sociales".

El Gobierno de Aragón se compromete a tener lista una estrategia contra el suicidio esta legislatura. La consejera de Sanidad, Pilar Ventura, asegura que será “transversal, con Servicios Sociales y Educación”, con una “red telefónica coordinada y con procedimientos asistenciales integrales”. Para ello se formará también a los profesionales de atención primaria para que sean capaces de detectar el problema.

Mientras eso llega, El Teléfono de la Esperanza sigue trabajando. Profesionales y voluntarios formados, aplican las cuatro 'E', como explica Hernández. “Hay que empezar con la 'Escucha', que la persona se encuentre cómoda; hacerlo con 'Empatía', ponernos en su lugar y comprender sin juzgar; 'Emoción', dejar que fluya y cuando el llamante se abre completamente, pasamos a dar 'Esperanza”, detalla. Se trata de “buscar ayuda y movilizar todos los recursos que la persona tiene ayudándole a que sea ella quien lo pueda descubrir”.

La esperanza y el futuro están ahí. Se puede salir. Se sale. Azucena tiene claro que cada persona tiene algún lazo al que agarrarse. “En mi caso fue mi familia y mis amigos, no les podía hacer eso a mis seres queridos”, recuerda. Otros encuentran “lazos diferentes pero lo importante es saber que están ahí esperando para ser asidos”. “Siempre hay algo o alguien a quien no puedes decir adiós”, concluye.

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