El lugar donde puedes ver la única fortificación militar pentagonal que se conserva: una joya del Pirineo

Ciudadela de Jaca fue la estrella del proyecto defensivo de Felipe II que permanece intacta

Ciudadela de Jaca

HUESCA LA MAGIA

Ciudadela de Jaca

Paola Bandrés

Jaca - Publicado el

4 min lectura

La Ciudadela de Jaca, también conocida históricamente como Castillo de San Pedro, se levanta majestuosa al norte de Aragón, en la histórica ciudad de Jaca. Esta impresionante fortificación es mucho más que un monumento: es una página viva de la historia militar europea, una obra maestra de la ingeniería defensiva renacentista que aún hoy conserva su planta pentagonal completa, única de su tipología en el mundo.   

Una fortaleza pensada para la modernidad bélica del XVI  

La Ciudadela fue ordenada construir en 1592 por el rey Felipe II, en un momento en que las tensiones con Francia y los conflictos religiosos sacudían Europa. El objetivo era claro: proteger la frontera aragonesa y dominar las rutas de paso por los Pirineos, especialmente frente al avance de ejércitos equipados con artillería cada vez más letal.  

Para ello se encargó el proyecto al ingeniero militar Tiburzio Spannocchi, experto en las nuevas técnicas defensivas que surgían en Italia y que dieron lugar a lo que se llamó la traza a la italiana. Esta arquitectura militar supuso un salto cualitativo: muros bajos, gruesos y resistentes, baluartes artillados en cada vértice y un diseño geométrico perfecto que podía repeler eficazmente los ataques de artillería y fusilería.

El resultado fue una fortaleza con planta pentagonal regular, con cinco baluartes en forma de flecha y un foso perimetral que acentúa su silueta de estrella. Esta disposición no solo facilitaba la defensa cruzada de sus lienzos, sino que la convirtió en un ejemplo excepcional de la transición entre castillo medieval y fortificación moderna.

Entrada de la Ciudadela de Jaca

Ciudadela

Entrada de la Ciudadela de Jaca

Estrategia, construcción y contexto histórico  

Situada en el arrabal de Burnao, extramuros de la antigua muralla de Jaca, la Ciudadela se integró en una red de defensas que incluía torres, castilletes y fortificaciones a lo largo de los valles pirenaicos. Su construcción reflejaba no solo la amenaza externa —especialmente la potencial invasión desde Francia—, sino también la complejidad de la política y el control territorial en la Europa de los siglos XVI y XVII.  

Aunque se empezó a edificar a finales de 1592, los trabajos y ajustes se prolongaron durante décadas hasta consolidar su extraordinaria estructura. Su diseño contemplaba no solo funciones militares —foso, baluartes, escarpas y túneles— sino también espacios para alojamiento de guarnición, polvorines, servicios y hasta una iglesia dedicada a San Pedro en su interior.

La Ciudadela a través de los siglos  

A lo largo de los siglos la Ciudadela ha mantenido una presencia constante en la vida de Jaca, en parte porque siempre ha tenido guarnición militar bajo sus muros, lo que ha favorecido su conservación. Aunque no vivió grandes asedios, sí fue ocupada por las tropas francesas en 1809 durante la Guerra de la Independencia, episodio histórico significativo antes de su recuperación por las fuerzas españolas.  

En 1951 fue declarada Monumento Histórico-Artístico y, tras una importante restauración en 1968, también fue galardonada con el Premio Europa Nostra en 1985 por su valor patrimonial y conservación.

Hoy, además de su interés arquitectónico, la Ciudadela es un centro cultural vivo: acoge el Museo de Miniaturas Militares, con miles de figuras que narran siglos de historia armada, y programaciones que van desde visitas teatralizadas hasta exposiciones y actividades educativas para todas las edades.

Los ciervos del foso: un símbolo vivo de la Ciudadela  

Uno de los elementos más singulares y queridos de la Ciudadela de Jaca no está hecho de piedra ni responde a una estrategia militar, sino que tiene vida propia. En el amplio foso que rodea la fortificación habita desde hace décadas una manada de ciervos que se ha convertido en parte inseparable de la imagen del monumento. 

La presencia de estos animales no es casual. El foso, concebido originalmente como elemento defensivo —profundo, despejado y difícil de franquear—, ofrece hoy un espacio natural protegido, visible desde el paseo perimetral pero aislado del entorno urbano. A mediados del siglo XX comenzaron a introducirse ciervos como elemento ornamental y simbólico, siguiendo una tradición presente en otras fortificaciones europeas donde los fosos evolucionaron hacia espacios ajardinados o de uso representativo.

Con el paso del tiempo, los ciervos han adquirido un fuerte valor identitario para Jaca. Son un atractivo turístico, especialmente para familias, y un recordatorio de cómo el patrimonio histórico puede convivir con la naturaleza. Su cuidado está supervisado y regulado, garantizando su bienestar y el equilibrio con el monumento.

Ciervos en el foso

Diego Fernández

Ciervos en el foso

Una joya patrimonial y destino imprescindible  

Visitar la Ciudadela de Jaca es adentrarse en un fragmento excepcional de la historia europea. Su geometría perfecta, su imponente presencia y la posibilidad de caminar sobre los mismos caminos de ronda que antaño vigilaron un paso clave entre dos reinos la convierten en un destino único para amantes de la historia, la arquitectura y el patrimonio. Aquí, en los Pirineos, se conserva un monumento que no solo cuenta el pasado, sino que continúa interpretándolo para generaciones venideras .

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