DEPORTES CÓRDOBA

Diarios de La B. Episodio 9. La Línea. Discusiones metafísicas y alegría

Desconectado de la batalla jurídica que se cierne en torno al club, los jugadores del Córdoba siguen dándoles alegrías a sus aficionados

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Toni Cruz

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 15:23

El ser humano no es consciente de que respira, pero no le queda más remedio que hacerlo. Domingo por la mañana. Cafés templándose al amparo del escudo rival y caras de sueño mal disimuladas. Miradas en el espejo de un añejo cuarto de baño antes de mear los excesos de la noche anterior. ¿Ser o no ser? ¿Ser lo que somos o ser lo que pretendemos ser? Pretender otra cosa de lo que hemos sido hasta ahora. Preferir contar historias bonitas antes que mediocridades. Preferir alegría a miedo y pesar. El problema es que no sabemos. O que sé. O que no sé si sé.

El cordobesismo se despedaza en reflexiones metafísicas sobre su propia existencia y esencia mientras el siempre pragmático rodar de la pelota le obliga a reir. Gente sensata que afirma que el golpe de estado en la SAD ha supuesto un punto y final a la historia del club tal y como lo han entedido. Gente también sensata que ve lo que ve y sigue sintiendo lo que sigue sintiendo. Profesionales del Derecho que saben que no se puede escribir líneas de rosa con una mina de grafito negro ('dura lex sed lex'); otros que desarrollan fórmulas imaginativas apelando a los sentimientos, al lógico miedo a la muerte, a los números del infinito y al Lejano Oriente. La justicia de la diosa Dice con una venda en los ojos, pero también con una espada en su mano y una balanza en la otra.

Y muchos -la mayoría- que aparcan todo lo que les suene a mandarín y se ciñen a lo único que pueden manejar. En el Municipal de La Línea vi por vez primera vez rostros optimistas. Risas que eclipsaban impaciencia. Gaviotas, sol, mar y búnkeres de los años cuarenta. Un señor encargado de picarle boletos al olvido de un fondo cerrado y vacío ante la imponente presente del Peñón más británico. Pelotazos y patadas. Grito. Viento. Ideas claras. Dureza teñida de entusiasmo y comunión final. Victoria. Tercera consecutiva.

Puede que este Córdoba ya no sea el Córdoba. Puede que su suerte ya esté cambiando. Puede que ya no nos parezcamos a lo que fuimos. Puede que necesitemos un milagro en junio (otro) para poder seguir compitiendo en este formato único.

Puede ser que no seamos los mismos que hace un mes. Pero estoy seguro de que no somos peores. Al menos ganamos, que para saber eso basta con saber leer.

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