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El Córdoba que quisimos. El Córdoba que querremos

Si el día 10 de mayo no hay un nuevo proyecto con nuevas caras ya se estará demorando en exceso el plan de retorno

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Toni Cruz González
@tonicruzgon

Redacción COPE Córdoba

Córdoba

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 23:25

Me siento viejo. Camus decía que envejecer es pasar de la acción a la compasión. La autocompasión es peor. En Córdoba no me quedan casi amigos -y además es la peor ciudad del mundo para hacerlos o para confiar en alguien, a secas-. Tengo la enorme suerte de tener a mi lado a mi pareja, a mi hija y a mis padres cuando no están en el paraíso de la Costa del Sol.

Y tengo al Córdoba.

La semana pasada -no es fruto de mi imaginación y podría probarlo- me escribió un abonado por Instagram diciéndome que estaba muy enfadado con el equipo -con el Córdoba, claro- y que no tenía a nadie con quién hablar de fútbol y poder debatir y desahogarse. Eso y que no tenía ganas de vivir.

Por el Córdoba.

Escribe Simon Kuper que el fútbol necesita una poética que nos salve a él y a nosotros del olvido. El Córdoba es un recuerdo al que estar agradecido siempre. Un lugar al que acudir cuando nos duela el presente. Un Shangri-La con sillas de plástico. Un montón de sueños abortados envueltos en una camiseta con publicidad de Cajasur. Una larguísima colección de fracasos que nos devuelven a cuatro momentos de dicha y a unas cuantas caras conocidas de tiempos en los que pensábamos que siempre seríamos jóvenes y felices. Un punching-ball sobre el que descargar nuestras iras y frustraciones. La adquisición de un abono -o la mera afiliación sentimental- da derecho a sentirse parte de un selecto coto de masoquistas que no son comprendidos ni entre sus propios paisanos.

Éste Córdoba -el de ahora, el del presente, el que sufrimos- va a descender a cuarta categoría nacional. Lo hará el mismo año en el que se nos prometió que volvería, renacido, al fútbol profesional.

Hemos comulgado todos (prensa, aficionados y aficionados que también formamos parte de la prensa) con circunstancias muy singulares atendiendo a un bien supremo. Hemos asumido asteriscos y fárragos. Bulos y medias verdades de unos y de otros. Humo. Banderas de un estado dictatorial en la zona noble de El Arcángel… Todo deseando que hubiera un Córdoba en competición.

Y me alegro de que siga habiendo un Córdoba. Éste Córdoba. Nuestro Córdoba partenogenético y ungido con la bendita asunción popular (que es la más sana y auténtica de todas, mucho más que la legal).

Pero este Córdoba debe parecerse poco a sí mismo de aquí en adelante. Ya no hablo de sustituir a un entrenador ajeno por completo a la autocrítica e incluso a la realidad (Alfaro contó tras la derrota de este domingo que su equipo había merecido ganar 1-4 e inventó que Sidibé había disparado en una ocasión al larguero ¿?). Tampoco estoy pensando ya en lo de remodelar integralmente una plantilla cara y que no da para más –De las Cuevas dixit-. Ambas cosas -técnico y plantilla- se dan por supuesto que no seguirán en cuarta categoría.

Para que el Córdoba devuelva parte de lo invertido sentimentalmente en él debería dejar de parecerse al Córdoba de los disgustos de los últimos años. Ofrecer una imagen diferente y un modelo mucho más sensato de gestión deportiva. Si el día 10 de mayo no hay un nuevo proyecto con nuevas caras ya se estará demorando en exceso el plan de retorno. El balón es un ventrílocuo chivato de la realidad de los despachos y raramente suele ser obediente si no se le trata con respeto y verdad. Y los que estamos acostumbrados a cantar el himno nos sabemos de memoria que lo de que en el campo la verdad no es ninguna broma.

Ánimo. Por el Córdoba.

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