Álex Crivillé, el primero de la clase - Las Merinadas Deportivas de Edu

Álex Crivillé, el primero de la clase

A los cinco años Álex Crivillé comenzó a dar la tabarra en casa. Quería una moto. Comenzaba a soñar. Dos años después le dijo a su madre que quería ser campeón del mundo. A los diecinueve años lo consiguió, ganó el Mundial de 125cc. Era 1989. 

El 24 de octubre de 1999, se convirtió en el primer español en ganar en la máxima categoría del motociclismo. El primer europeo en lograrlo en diecisiete años. Campeón en 500cc. Uno de los días más grandes de la historia del motociclismo en España. A los 29 años se hizo realidad el sueño de su vida. 

Ocurrió en Río de Janeiro, Brasil, en el circuito de Jacarepaguá. «Han sido muchos años de sacrificio, de mucha dedicación, de creer que podía ser campeón de 500cc; me he dejado media vida» dijo el piloto nacido en Seva (Barcelona), tras acabar en sexta posición aquel gran premio inolvidable en el que le valía un décimo lugar. «He salido fatal y he decidido no arriesgar e ir a por el Mundial que es lo que vale. Ha habido momentos muy tensos y peligro de caídas. Cuando he visto a Okada que se salía he podido ir más tranquilo y disfrutar». 

Sin duelo estelar con Doohan

Crivillé inició aquella temporada sabiendo que el objetivo no iba a ser nada fácil. El australiano Michael Doohan había vencido los últimos cinco años consecutivamente. Doohan no pudo revalidar el título ni rivalizar con el piloto español. Una tremenda caída en los entrenamientos de Jerez, le impidió luchar por los puestos de honor y le obligó a poner fin a su carrera deportiva más tarde. 

El americano Kenny Roberts Jr. y el japonés Tadayuki Okada, fueron los que más «guerra» dieron a Crivillé ese año. El español comenzó el Mundial con un tercer puesto en Malasia y con un cuarto lugar en Japón. Fue en las cuatro carreras siguientes cuando el catalán comenzó a cobrar ventaja en la clasificación. 

Ganó en Jerez, en Francia, Italia y Cataluña. Esas cuatro victorias consecutivas le convirtieron en el máximo favorito para la victoria final. Aquel año se disputaron dieciséis carreras. Crivillé acabó todas menos dos, Assen y Valencia. 

El más regular de todos

Su regularidad durante toda la temporada le hizo campeón del mundo. Además de las cuatro victorias citadas, ganó en Gran Bretaña y en San Marino. Segundo en Alemania y Checoslovaquia. Tercero en Malasia y Sudáfrica. Su peor puesto de la temporada, al margen de las dos retiradas, fue el sexto lugar de Brasil que le valió para proclamarse campeón. Cuarto en Japón. Quinto en Australia y Argentina. 

En la categoría reina, Álex Crivillé, fue subiendo escalones año tras año hasta alcanzar la cima. Siempre a las órdenes del equipo Honda. Fue octavo en 1992 y 1993. Sexto en 1994. Cuarto en 1995. Subcampeón en 1996. Bajó al cuarto lugar en 1997. Tercero en 1998 y en 1999 el mejor de todos. 

Honda le regaló un casco dorado y le colocó el número uno a su moto. «¡Parece que es la de Doohan» dijo el campeón mundial. «Es una pena haber sido campeón sin que él esté en la pista. He aprendido mucho de él. Es un maestro. Le tengo todos los respetos. Me ha ganado y yo le he ganado de tú a tú. Tengo 29 años, he aprendido y es el momento de ser número uno del mundo».

Diez años más tarde

El histórico título mundial de Álex Crivillé en 500cc llegó una década después del inolvidable triplete español de 1989. Crivillé ganó en 125cc. Sito Pons en 250cc y Manuel «Champi» Herreros en 80cc. A partir de ahí, una sequía de campeonatos con la que acabó el piloto de Seva. Días después de la victoria de Crivillé, el motociclismo español volvió a celebrar. Emilio Alzamora se hizo con el título de 125cc en Argentina, la última carrera de la temporada, sin haber sido primero en ninguna. 

La celebración del título de Álex Crivillé fue una locura. «Nos pasamos toda la tarde de barbacoa, todo el mundo, todos, acabamos en la piscina y a Ángel Nieto, maestro de ceremonias, se le fue la mano desde mi habitación» contó años más tarde Crivillé. 

A las once de la noche, el campeón de 500cc estaba agotado y se subió a la habitación del hotel situada en el undécimo piso. A los 10 minutos, Nieto estaba llamando a su puerta. «Pero, bueno, Álex ¿qué haces en la cama? ¡Eres campeón del mundo! ¡eres el primer español que lo logra! Venga, sigamos la fiesta. ¡Hay que romperlo todo!» .Se volvieron locos. Ángel Nieto empujó el sofá de la habitación hasta la ventana y lo lanzaron hasta la piscina. Cuál sería el nivel de euforia que tenían, que casi tiraron también la televisión. Crivillé tuvo que pagar aquel sofá, pero nada importaba, era campeón del mundo. El primero de la clase.

 

Fotos: GETTY

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