Las medallas del ADO (III) - Las Merinadas Deportivas de Edu

Las medallas del ADO (III)

Viene de «Las medallas del ADO (II)»

La siguiente cita olímpica fue en invierno. La ciudad japonesa de Nagano organizó unos Juegos que de nuevo acabaron sin medallas ni diplomas para la delegación española. El mejor puesto fue para Maria José Rienda, que acabó 12ª en el Slalom Gigante.


En los Juegos de Verano, Sidney tomó el relevo a Atlanta. Se bajó de nuevo en número de medallas. Estos Juegos Olímpicos hicieron que se hablara de fracaso de los deportistas españoles. En cualquier caso hasta ese momento, era la tercera mejor marca de medallas olímpicas para el equipo olímpico español. El número de diplomas fue bastante alto. 11 deportistas acabaron en cuarta posición. Si las convertimos en medalla estaríamos hablando de que Barcelona 92 había sido igualado, aunque eso si,  con muchos menos campeones olímpicos.

Sidney 2000. 11 medallas. 3 de oro. 3 de plata. 5 de bronce.  326 deportistas. 221 hombres. 105 mujeres. 7 medallas masculinas. 4 femeninas. 43 diplomas (puestos del 4º al 8º). 

OROS

Joan Llaneras. Puntuación. Ciclismo en Pista.

Crónica del diario El País del 21 de septiembre de 2000:

Llaneras, capitán general en Sydney

Mereció la pena el fracaso. Joan Llaneras salió de Atlanta derrotado. Llegó a los Juegos del 96 convencido de que nadie era mejor que él y terminó sexto en la carrera de puntuación. Nunca más, dijo. Una obsesión se apoderó de él: ganar en Sydney, ganar en Sydney. Empezó a prepararse como un loco. En el camino, conducido por su determinación, ganó cuatro mundiales. Dos en puntuación, su prueba fetiche, aquella en la que el individuo es uno y solo, en la que no hay equipos, y dos en madison, puntuación por parejas. En el camino se convirtió en el ciclista más respetado del circuito. El fracaso le hizo más grande. Tan grande que anoche, en un velódromo rápido de 250 metros, pudo deleitarse con gozosa anticipación de una victoria impecable, de una obra de arte sobre dos ruedas. A los otros 22 competidores sólo les faltó ponerse de pie sobre la bicicleta y aplaudir la destreza, la fuerza y la superioridad con la que Llaneras ajustó sus cuentas con el pasado. Las dos últimas vueltas de las 160 (40 kilómetros) fueron un mudo homenaje: Llaneras, el ganador, en cabeza; todos los demás, a su rueda.Rodando en medio del pelotón, o en cola, al principio, Llaneras estudia a sus rivales. A todos los conoce, los ve y los analiza. A 50 por hora. Sin perder su lugar en la pista. Llaneras es el general, analiza y decide: la carrera va demasiado lenta, la gente no se fatiga, así no vamos a ninguna parte. Llaneras es más rodador que velocista: no tiene cuerpo (mide 1,80 metros, pero anda por los 60 kilos), ni músculos ni velocidad para puntuar. Pero es más resistente que nadie: puede poner su cuerpo a tope y aguantar y aguantar hasta que nadie resista y todos cedan. O sea, que necesita que la gente se canse para poder escaparse y ganar vueltas.

Mediada la primera mitad, Llaneras se lanza en picado hacia la cuerda. Bajo su impulso, el pelotón se pone en fila india, ofrece grietas, la gente sufre. Llaneras lo ve, observa y sonríe para sí: yo, piensa, estoy fresco, con fuerzas, pero ellos sufren a mi ritmo. Tensa un poco más la cuerda y se retira a sus cuarteles. Desde la parte superior de la pista sigue observando. Analiza. Decide. Ya se ha pasado la mitad de la prueba. Ya unos cuantos se han agotado en inútiles sprints. Ahora es la hora. Quedan 73 vueltas cuando Llaneras lanza su primera carga, con él se van el coreano y el ruso. Detrás se resiste sólo un poco. Pasan 15 vueltas, dos sprints. De un solo golpe, certero y directo, Llaneras ya se ha puesto tercero. Ha ganado una vuelta y sprint y medio. No basta. Hay que ganar. Ahora es la hora. Markov, el ruso, y Cho, el coreano, están cansados. Nada más enlazar con el gran grupo por detrás, se relajan y respiran. Es la hora. Sin pararse un segundo, oyendo a su entrenador gritar ahora, Llaneras adelanta a todos desde la cola y sigue lanzado: se le unen otra media docena. Mejor: en nueve vueltas gana la segunda. Quedan 49 vueltas y ya es oro. Es el más fuerte y va primero. Sabe que nadie le va a ganar. Se sabe campeón olímpico.
Gervasio Deferr. Salto. Gimnasia Artística.
   
 Isabel Fernández. Menos de 57 kilos. Judo.
 

 PLATAS
Rafa Lozano. Peso Mini Mosca. Boxeo.

Crónica del diario El País del 1 de octubre de 2000:

Lozano no alcanza el oro


No pudo ser. Rafael Lozano había hecho ya demasiado. El francés Brahim Asloum le dio una lección en la final de la categoría de los 48 kilos. El pequeño cordobés, espléndido en su estrategia en los tres primeros combates, fue superado esta vez claramente por un púgil nueve años más joven, pero, sobre todo, que llevó la iniciativa y la pelea a su terreno. Esa era la clave y ganó la partida de ajedrez con golpes. Asloum ha hecho un torneo sensacional, derrotando por el camino a los favoritos. Lozano, en todo caso, se llevó una merecida plata, que supera su bronce de Atlanta 96. Subió otro escalón y poco más se le puede pedir.Asloum empezó ganando ya el primer asalto y Lozano apenas le pudo responder, sorprendido por el ataque tremendo de su rival. Avisado de que iba en desventaja, el boxeador español atacó y se llevó un bombardeo de contras en el segundo y tercer asaltos. Asloum sentenció casi la pelea con una colección de directos y crochets desde todas las distancias. El hecho de que sea zurdo le trajo sin cuidado. Los parciales de 6-2 y, sobre todo, de 7-0, fueron elocuentes. En los últimos tres minutos, Asloum simplemente se dedicó a conservar su enorme ventaja. El 23-10 final no dejó lugar a dudas. Esta vez los avisos hacia la esquina fueron inútiles. Quizá al principio no deberían haberle dicho siquiera que perdía. Pero después era demasiado el chaparrón.
Asloum no dejó pensar a Lozano. Sabía que si el español se ponía por delante en el marcador se cubriría bien además, bailaría, porque está en una excelente forma física y con juego de piernas. Así que trató de ponerse por delante para obligar a atacar a Lozano, que reconoció después la derrota. «Tenía que atacar y él me ha pillado. Bueno, venía a por todo y he estado en la final. El oro hubiese estado mejor, pero la plata también está bien. He mejorado y he hecho un gran torneo, eso era lo importante y lo he conseguido».
Equipo masculino. Fútbol.
Crónica del diario El País del 1 de octubre de 2000:

España cae tras un esfuerzo épico

«¿Cómo se nos escapó este partido?», se preguntaban incrédulos y desolados los jugadores españoles horas después del encuentro. Estaban hundidos. ¡Lo habían tenido tan cerca! Al descanso se fueron con 2-0 a favor y una sonrisa de felicidad en el rostro, pero … Un cúmulo de imponderables se aliaron contra España y le arrebataron el segundo oro futbolístico de su historia. Dos jugadores clave lesionados (Velamazán y Tamudo), dos expulsados (Gabri y José Mari), dos penaltis fallados (Angulo y Amaya), un árbitro tendencioso, un calor asfixiante… y entonces la pregunta es justamente la opuesta ¿cómo se puede ganar así un partido?Nada, en cualquier caso, se les puede reprochar a unos futbolistas y un técnico que lo dieron absolutamente todo cuando nadie daba un duro por ellos. Hasta el último segundo de la prórroga. Hasta el último penalti de la tanda. Resistieron heroicamente con nueve hombres los 30 minutos finales. Y en uno de ellos rozaron el gol de oro con un zurdazo de Capdevila. Se lo jugaron todo a una carta en los penaltis, pero la desgracia se cebó ayer con el central del Atlético Amaya: primero porque metió en su propia portería un centro de Mboma y después porque envió al larguero el penalti definitivo.Quizá porque pensaron que era el equipo más débil, los espectadores australianos se pusieron completamente de parte de Camerún. Y también el árbitro, que vio para dónde soplaba el viento de la calurosa mañana. Puede entenderse la expulsión a Gabri por una entrada con los tacos por delante, pero resulta inexplicable la magnanimidad arbitral con Abanda, el central camerunés que golpeó con saña a José Mari durante todo el encuentro. Lo más irritante del caso es que el que acabó expulsado fue José Mari. Primero por recibir un codazo; después por caer en el área tras un leve empujón de un defensa. Dos amarillas, claro.
Tal y como previó Sáez, España sacó tajada inicial lanzando el balón a la espalda de los defensas cameruneses, que eran una calamidad. José Mari y Tamudo vencieron en cada acción por anticipación, por picardía y por técnica. Xavi destapó el partido con una falta magistral, de ésas reservadas a los futbolistas de una pieza. Unos instantes después, Angulo dispuso de un penalti para sentenciar, pero lanzó fatal. España se marchó al descanso con dos verdades irrefutables: el instinto goleador de Gabri, que acababa de salir por el lesionado Velamazán; y la pésima defensa de los cameruneses.
Camerún, sin embargo, rectificó su defensabezazos, codazos y patadas a José Mari, pero el calor menguó a los españoles y agigantó a los africanos, cuya contundencia física envió a Velamazán y Tamudo a la enfermería. Cada minuto que pasaba era un golpe de distinta naturaleza para España, que se temía lo peor. Y, sin embargo, con todo en contra, el árbitro incluido, el conjunto de Sáez resucitó. Estuvieron incluso a punto de atrapar la victoria con un disparo lejano de Capdevila que escupió el poste en el primer minuto de la prórroga: hubiese sido gol de oro. Pero finalmente la ruleta de los penaltis le arrebató el oro a los devastados españoles.

Gabriel Esparza. Menos de 58 kilos. Taekwondo.

 


 BRONCES

María Vasco. 20 km marcha. Atletismo.

Crónica del diario El País del 29 de septiembre de 2000:

La mujer marcha

La tradición española en las pruebas de marcha se remite a los años setenta, cuando la salud de nuestro atletismo era muy precaria. En aquellos días, las esperanzas en los grandes campeonatos no estaban cifradas en las actuaciones de los mediofondistas o maratonianos. Por generación casi espontánea surgió en Cataluña un grupo excepcional de marchadores, encabezado por Jordi Llopart y Josep Marín. Sus éxitos tapaban las carencias en otras disciplinas. Su magisterio tuvo continuación en especialistas como Valentín Massana, Daniel Plaza o Jesús Ángel García Bragado. A estos nombres se añadió ayer el de María Vasco, tercera en la prueba de 20 kilómetros y primera atleta española que consigue una medalla en los 104 años de Juegos Olímpicos.El éxito de María Vasco está relacionado con el papel cada vez más relevante que ha tomado la mujer en el deporte español. No ha sido fácil. Hasta la década de los sesenta, el franquismo impidió el acceso de la mujer al deporte, rechazo basado en el cateto ideario del nacional catolicismo. Se venía a decir que el deporte denigraba la femineidad, o lo que aquella gente entendiera por tal. El lugar de la mujer estaba en los fogones. El giro se produjo con la llegada de la democracia y con la determinación de las mujeres por conquistar los espacios que tenían vetados. Uno de ellos era el deporte.
Su integración ha sido formidable, desbaratando toda clase prejuicios. Hace tiempo que sus éxitos son habituales. En el tenis, en la vela, en la gimnasia, en casi todo el espectro del deporte. En apenas 20 años, han pasado de la marginación a un protagonismo indiscutible. De alguna manera, la medalla de María Vasco representa ese salto en la historia. Al éxito de la marchadora, tercera en una prueba dramática por las decisiones de los jueces, se añadió el acceso del boxeador Rafael Lozano a la final de los minimoscas. Lozano se ha convertido en una garantía de fiabilidad. Fue tercero en los Juegos de Atlanta y ahora luchará por la medalla de oro.
Fue un día grande para Marion Jones, que ganó la final de 200 metros. Ya tiene dos oros, pero ahora le llega la empresa más complicada: vencer en salto de longitud y en las dos pruebas de relevos. El positivo de su marido, el lanzador de peso C. J. Hunter, no ha afectado al rendimiento de la atleta estadounidense. Volvió a abrir un abismo con respecto a sus rivales, en una demostración de confianza que tendrá que revalidar en longitud, su potro de tortura. Los pronósticos no dan a Jones como ganadora. Si en las carreras no encuentra oposición, en los saltos se enfrentará a atletas de gran prestigio, como la alemana Heike Dreschler o la italiana Fiona May.
El cubano Iván Pedroso ofreció un recital de clase y capacidad competitiva. En un concurso hermosísimo, batió al australiano Jai Taurima en el último salto. Ganó, por tanto, en el último minuto y en campo contrario, como el gran campeón que es. Así lo reconoció la gente, que abandonó cualquier chauvinismo y saludó con entusiasmo la hazaña del atleta cubano.
Equipo masculino. Balonmano.

   
 Marga Fullana. Mountain Bike.

Nina Zhivanevskaya. 100 metros espalda. Natación.
Crónica del diario El País del 19 de septiembre de 2000:

Bronce para la malagueña de Moscú

«Es un poco raro pero eso me da aún más alegría: una rusa de nacimiento es la primera nadadora española que logra una medalla olímpica, que además es la primera de España en Sydney». Nina Yivanévskaia, de 23 años, residente en Torremolinos (Málaga), donde se enamoró en 1996 del español que hoy es su marido y entrenador, compensó ayer su cansancio con inteligencia para ganar el bronce de los 100 metros espalda con una progresión excepcional en los últimos 50. Y aún quiere más: «Voy a por el oro en 200».En natación resulta normal ser veterano a los 23 años, y quizá ése fue el factor clave. Yivanévskaia exprimió magistralmente la ventaja de disputar su tercera final olímpica -fue bronce en el 4×100 estilos de 1992 y en esos mismo Juegos fue séptima en 100 espalda- para obtener el máximo rendimiento de sí misma: su registro, 1.00,89, está muy cerca de la mejor marca personal (1.00,83), lograda en Roma hace seis años, que era la séptima mejor de todos los tiempos hasta el lunes. Y lo consiguió a pesar de varios factores negativos.

Para empezar, se levantó cansada por la mañana, sin haberse recuperado bien del esfuerzo de la semifinal. Y aún tenía ciertas reticencias sobre el agua del Aquatic Center, que le hace sentirse rara por su escasez de cloro. Por no hablar de lo que impresiona ver y oír a 17.000 personas, una multitud insólita para casi todos los nadadores; ese ambiente ensordecedor, más propio de un campo de fútbol, sólo se da en Australia. Y hay que añadir los más obvio: la extraordinaria calidad de cinco de sus rivales, más el previsible ímpetu de la representante australiana; sólo la danesa Ornstedt parecía descartada para el podio.
Yivanévskaia ya había utilizado su truco mágico -afeitarse el vello- antes de las semifinales: «En Atlanta no pasé a la final por no afeitarme», había dicho en agosto. Ahora necesitaba jugar alguna baza que la diferenciase de sus adversarias. Y tenía una: la inteligencia basada en la experiencia. «Decidí no quemarme en los primeros 50 metros para lanzarme a muerte después, especialmente en los últimos quince. Esta distancia es tan corta que no puedes permitirte el lujo de perder centésimas mirando cómo van las demás. Sólo debes preocuparte de darlo todo, y me pareció que ésa era la mejor estrategia».
Es decir, Yivanévskaia dominó magistralmente su fuerza mental; lo contrario del también español Frederik Hviid, eliminado el lunes de los 400 estilos por acomplejarse ante el empuje inicial de sus rivales. La malagueña de Moscú, jaleada por un compacto grupo de españoles con los gritos de «¡Nina, Nina!» desde la presentación de los finalistas, puso a muchos el corazón en un puño cuando terminó el primer largo en el quinto puesto.
La japonesa Mai Nakamura, plusmarquista mundial del año hasta el lunes, iba como un tiro, seguida de B. J. Bedford, campeona de Estados Unidos, y una prodigiosa rumana de 16 años, Diana Mocanu, además de la otra japonesa, Noriko Inada. Por las mentes de los españoles en el Aquatic Center de Sydney pasó un mal presagio fugaz: otra medalla que se nos escapa.
Pero la cabeza que realmente importaba en ese momento era la de la española cuyo nombre es impronunciable para muchos compatriotas. Y en ella todo iba de acuerdo con lo previsto.
La triple campeona de Europa en julio liberó toda la energía que le quedaba y puso la proa hacia el podio, dando un corte de mangas al ácido láctico que ya comenzaba a agarrotar sus músculos. Los centímetros se fueron recortando; Mocanu remontó de forma aún más espectacular que la española y tomó la cabeza con cierto margen, pero la plata y el bronce dependían de unas pulgadas de agua. Al llegar a los postreros 15 metros, Yivanévskaia dio la última orden a su extenuado cuerpo: a toda máquina, hasta que el motor reviente y el ácido láctico salga por las orejas.
Quince segundos después, mientras recuperaba el aliento a duras penas, su rostro pálido adquirió una sonrisa celestial: la pizarra electrónica mostraba un 3 al lado de su nombre. Yivanévskaia ya había subido al podio en los Juegos de Barcelona de 1992 por su contribución al tercer puesto de la CEI (nombre de transición entre la URSS y Rusia) en el relevo 4×100 estilos. Pero ahora, superado un periodo de dos años sin nadar por el cambio de nacionalidad y residencia, tras un entrenamiento espartano y una vida monacal junto a su marido, había conseguido una medalla para ella sola en su nuevo país. Bronce para la malagueña de Moscú.
Alex Corretja y Albert Costa. Dobles masculino. Tenis.
Crónica del diario El País del 28 de septiembre de 2000:

Costa lleva al doble al bronce

«Ha jugado solo Albert. Me levantó él. El otro día, tal como estaba no parecía que iba y, bueno hemos ganado». Àlex Corretja les decía estas palabras a la reina Sofía y a la infanta Cristina en una esquina de la misma pista en la que apenas unos minutos antes había ganado, por fin, la medalla de bronce de dobles masculinos con el protagonismo fundamental de Albert Costa. La única medalla española, la más inesperada, en un torneo decepcionante. «La Reina, después del partido del otro día me vio que estaba muy bajo, destrozado, moralmente hundido», señaló Àlex, «y me animó mucho para seguir en el doble. Yo le dije que no, que estaba muy mal, que no me podía recuperar, pero ella me siguió animando, mis compañeros, mis entrenadores, mis amigos, mi hermano que está aquí, y yo dije, bueno, si todos me animan tanto será porque me puedo recuperar. Yo no lo tenía seguro, pero después de luchar y sufrir se demuestra que el carácter Aries estaba ahí de vuelta. Orgullo y raza».El tenis terminó con sol tras la suspensión por la lluvia el día anterior, y casi sin público. Sólo gran parte de la delegación española, encabezada por la Reina y la infanta Cristina, y unos cuantos espectadores más. Fue un final corto y raro, como correspondía a la actuación española en los Juegos. Después del 2-6, 6-4 y 3-2, el último set se convirtió en un 6-3 casi por única obra y gracia de Costa, justamente el que menos dobles ha jugado en su carrera. El partido se reanudó con una ventaja española tan nítida que perder hubiese sido un desastre total. Con 3-2 a favor y 15-40 con saque del surafricano John-Laffine de Jager, un punto pondría el triunfo aún más cerca. Y Costa se encargó de conseguirlo con un resto de derecha paralelo que contestó espléndidamente al saque plano del alto De Jager. El problema siguiente era que Corretja, prendido con alfileres, mantuviera su siguiente servicio para poner el 5-2 que sería casi el partido. Costa, pese a fallar una volea, logró otras dos, cayéndose en la definitiva, y un mate. Tres puntos y un fallo. Corretja se tragó un resto a los pies de De Jager, pero sacó bien con 40-40 para obtener ventaja al forzar a Adams a restar fuera. La moral seguía subiendo y la medalla no se podía escapar. Incluso pudo llegar con el saque de Adams. De nuevo Costa restó muy bien y De Jager falló la volea. Al surafricano no le entraban los primeros servicios y fue una lástima que Costa fallara una volea, porque en otro resto magnífico puso el marcador 15-30, a dos puntos del triunfo. Pero los españoles tenían que sufrir y hacer sufrir hasta el final. Y Corretja, al que machacaban los rivales sabiendo que era el punto débil, se encargó de firmar los tres fallos para que Adams y De Jager se acercaran a 5-3.
El servicio de Costa era ya clave, porque su pérdida reavivaría todos los fantasmas. Y el leridano no defraudó. Siguió haciéndolo casi todo. Falló una primera volea que pegó en la misma cinta (0-15), pero lo solucionó con un saque que devolvió fuera De Jager (15-15). Tampoco le entraba el primer servicio, pero daba igual. Con su segundo forzó un globo corto del más flojo surafricano y lo remató en la misma red (30-15). Otra vez estaban a dos puntos de la medalla, pero aún tenía que fallar Corretja al cruzarse tarde y mal. Aquel error dio muy mala sensación, pero el saque era de Costa y esta vez forzó el fallo en el resto de Adams para poner el marcador en punto de partido que él mismo logró. Él solo. Como reconoció a la familia real.
En la final femenina no hubo sorpresa y Venus Williams tardó menos de una hora (55 minutos) en ganar a la rusa Elena Dementieva (6-2, 6-4) y conseguir la medalla de oro. El francés Di Pasquale, vencedor de Ferrero, se llevó el bronce ante el suizo Federer (7-6, 6-7, 6-3), y los canadienses Lareau-Nestor dieron la sorpresa ante los favoritos australianos Woodbridge-Woodforde (5-7, 6-3, 6-4 y 7-6).
Continuará…

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