De la humildad a la cima - Las Merinadas Deportivas de Edu

De la humildad a la cima

Vivía en uno de los barrios más modestos de Madrid cuando ya despuntaba en las categorías inferiores del Real Madrid. La Colonia Marconi, situada en el distrito madrileño de Villaverde Alto, fue su casa hasta que un día todo comenzó a cambiar. Raúl González Blanco fue convocado por el entrenador argentino Jorge Valdano, el 28 de octubre de 1994. En 24 horas se iba a producir uno de los momentos más importantes de la historia del fútbol español. El estadio del Zaragoza, La Romareda, vio nacer a una estrella, a un mito, a una leyenda, a un jugador excepcional. Tenía sólo diecisiete años e iba a debutar en Primera División. En ese partido gozó de múltiples ocasiones para perforar la portería defendida por Andoni Cedrún, pero no pudo ser y hubo que esperar una semana más para verle marcar su primer gol como madridista del primer equipo. Fue ante el Atlético de Madrid, al que tantos goles metería y de donde llegó al club de Chamartín. Un golazo que los raulistas recordaremos siempre.

Después llegarían, muchos partidos más, muchos títulos, 6 Ligas, 3 Copas de Europa (con dos goles incluidos en las finales de París 2000 y Glasgow 2002), 2 Copas Intercontinentales (con el inolvidable gol del Aguanís ante el Vasco de Gama)… muchos goles, tantos como 323 a lo largo de su carrera como madridista. Raúl ha jugado 741 partidos oficiales, el que más en la historia del Real Madrid. Un palmarés magnífico. Un jugador extraordinario, eterno, cuya lucha, su tesón, su trabajo dentro y fuera del área, no dar un balón por perdido y sus ganas de ganar siempre, le han llevado a los altares. Porque esto último es lo que caracteriza a los más grandes como Raúl, son ganadores y se enfadan cuando pierden, aunque siempre dan la mano al termino del partido. Raúl ha sido un futbolista ejemplar. Un espejo en el que mirarse, un sensacional deportista que ha llegado a la cima desde la humildad.

Analizando la trayectoria de Raúl, parece mentira que no cuente con un Balón de Oro en sus vitrinas. En una decisión increíble, el año que más cerca estuvo de lograrlo, se lo dieron a Michael Owen. No diré que el jugador inglés haya sido malo, pero a Raúl no le llega ni a la suela de las botas. Es tan injusto como que a Iniesta tampoco le hayan dado ninguno.

Raúl merecía un homenaje distinto. El partido contra su actual equipo, el Al-Sadd catarí, ha llegado tarde. Aunque dicen que más vale tarde que nunca. Raúl ha dado tantas tardes de gloria, ha salvado tantos partidos, ha logrado tantos goles y ha trabajado tanto por el prestigio del Madrid, que merecía este partido desde hace tres años, cuando salió por la puerta de atrás y ante 300 espectadores.

En su último partido como madridista ha marcado un gol precioso. El que abría la lata. ¡Cuántas veces abrió el marcador! ¡Cuántas veces resolvió un partido complicado!. El madridismo nunca podrá devolverle todo lo que ha dado al mejor club del mundo, pero los gritos de ¡Raúl! ¡Raúl! ¡Raúl! y un Bernabéu lleno, parece que han servido para regalarle un final feliz. Un final que no es un adiós, sino un hasta luego, porque Raúl volverá a su casa algún día, ya sea como entrenador, como directivo o como presidente. Las puertas las tiene abiertas.

Tremendamente emocionante ha sido ver como Iker Casillas, (el mejor portero de la historia del fútbol español, aunque haya algunos que no se han enterado todavía), le cedía el brazalete de capitán. Los pelos como escarpias se me han puesto al ver a dos auténticos mitos del madridismo, juntos de nuevo. Raúl ejerciendo capitán, tanto en la primera parte con el Madrid, como en la segunda con el Al-Sadd, como si fuera un partido oficial . Inolvidable su beso al césped al despedirse. Emotiva también, la entrega de la camiseta con el número 7 a Cristiano Ronaldo, que está llamado a superar los números goleadores de Raúl, si termina renovando con el equipo madridista. Otro gesto inolvidable del gran capitán. Del que siempre ha sido y será el 7 de España, aunque otros lleven ese número a la espalda.

A Raúl siempre le quedará la cuenta pendiente de haber ganado algún título con la selección española. Dicen que desde que él se fue, España comenzó a ganar. Esos todavía no saben que en la selección y en cualquier equipo juegan once jugadores. Estoy convencido de que si Luis Aragonés lo hubiera llevado a la Eurocopa de 2008, el equipo español habría ganado igualmente. Pero ese enigma nunca será resuelto.

Gracias Raúl por enseñarnos lo que son los valores de un club como el Real Madrid. Gracias por tu señorío, nunca fuiste expulsado con la camiseta madridista. Gracias por tus títulos. Gracias por haber hecho tanto por el fútbol español. Gracias por dieciséis años inolvidables. Gracias por tus goles.

Fotos: EFE, AFP

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