Los jugadores que conocí - Con Basket si hay paraíso

Los jugadores que conocí

Son muchos años y dan para mucho, es la mitad de su vida, tiene 39 años y lleva prácticamente la mitad de su vida jugando en otro país, en la liga más competitiva del mundo, conociendo la victoria, la derrota, las lesiones, vestuarios de todo tipo, egos de toda clase. Pau Gasol se ha cruzado con todo tipo de deportistas, jugadores a los que habrá conocido bien, otros a los que apenas habrá conocido, jugadores inteligentes, jugadores listos pero no inteligentes, o inteligentes pero poco listos, gente que se ha labrado un porvenir, gente que se ha destrozado la vida.

Imaginémoslo por un momento. La mitad de tu vida jugando en la élite. En el interior de vestuarios bien acomodados, instalaciones deportivas top, salas de prensa llenas, moquetas de hotel y aeropuerto, viajando en vuelos privados, personajes con inquietudes y sin ellas, entrenadores que se preocuparon por saber quién eras además de cómo jugabas, entrenadores que apenas te conocieron, entrenadores que te sacaron lo mejor, otros que no supieron. Pues bien, algunos de esos jugadores con los que coincidió Pau Gasol no volverán a cruzarse con él nunca más.

Desde que Pau Gasol está en la NBA ha lamentado la muerte violenta de al menos dos jugadores de su etapa en Memphis Grizzlies. Lorenzen Wright, asesinado a tiros en 2010 por unos mercenarios contratados por su ex esposa, quien ha sido declarada culpable de asesinato casi diez años después, y ahora Andre Emmet, un trotamundos que coincidió con Pau en los primeros años de Memphis y que acaba de ser encontrado muerto en Dallas en circunstancias aún poco claras.

Pau Gasol escribe en su libro «Bajo el aro» que el éxito no es sólo fruto del talento, más bien que el talento a veces es el principal inconveniente para llegar al éxito. Es fácil imaginar la cantidad de talento desaprovechado que habrá visto. La NBA está llena de juguetes rotos sí, como nuestro deporte aquí, pero no es menos cierto que el camino para llegar a la élite para algunos estadounidenses tiene dificultades que para nosotros no son tan comunes.

En España un jugador puede llegar o no, puede tener origen humilde pero en general suele tener una buena educación, se ha formado en buenas o malas instalaciones y ha vivido en barrios acomodados, medios o humildes, pero salvo casos algo excepcionales, no ponían en riesgo su vida. Tuvieron las mismas oportunidades, por lo general no tuvieron menos por color de piel, y no vieron armas de fuego salvo personas cercanas a ambientes y circunstancias muy concretos.  Por supuesto necesitará salud y una mentalidad adecuadas, son pocos los que llegan a la élite en comparación con la cantidad de jóvenes que sueñan con ello. En Estados Unidos y en determinadas comunidades, necesitan todo eso, lo mismo que un joven español, y además instinto de supervivencia para no tentar a la mala fortuna, para que un mal día no se cruce un arma de fuego en su vida. Es un país con mayores bolsas de marginalidad, y con tantas armas como habitantes o más (y hay 327 millones de habitantes).

Si la maldad, que forma parte del ser humano y afortunadamente en menor medida que la capacidad para hacer el bien (porque sino nos habríamos extinguido), tiene a su alcance más fuerza para hacer daño los riesgos aumentan. También es cierto que los estadounidenses reclaman su derecho a la autodefensa, es decir tener las armas que le permitan defenderse y no ser víctima de alguien en posición de superioridad con un arma de fuego. Es la pescadilla que se muerde la cola.

Finales trágicos al margen, la vida no es fácil para nadie y tampoco lo es para un deportista si sólo tiene recursos en la pista,es decir si no se ha formado como persona; puedes tener mucho talento pero si sólo tienes eso será difícil ser consistente en tu carrera. Y sobre todo, siempre suena una sirena que da por concluido un partido, y después qué. Cualquier carrera deportiva siempre tiene un final, como absolutamente todo en la vida, y después qué. Una forma para que un jugador de élite asuma lo efímero y frágil de su situación por más dinero que gane y por grande que sea la burbuja en la que vive, es pensar en su final. Imaginarse que habrá un final, que un día ya no formará parte de un equipo, que ya no será requerido para una pretemporada, y que su vida será otra. Y eso debe hacerse aún como deportista en activo, porque de alguna forma también ayuda a aclarar el horizonte de su vida diaria y a escoger con quién compartirla.

Interesarse por otros mundos, tener presente la pobreza y la enfermedad que también forman parte de la realidad, sentirse útil para ayudar, tener motivación para desarrollar una actividad tras las pistas, recordar a esos jugadores que no tienen la oportunidad de estar donde está él, pensar qué hará cuando no juegue, escoger con quién compartir su vida, dónde invertir su dinero y qué puede hacer por mejorar su vida y la de los demás cuando ya no juegue, son algunos estímulos para no escoger un camino equivocado.

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