FERIA SANTANDER

Javier Cortés pierde con la espada la Puerta Grande en Santander

Juan Antonio Sandoval

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 21:32

Juan Antonio Sandoval

El diestro Javier Cortés cortó la única oreja de la tercera de abono de la feria de Santander, una corrida de La Quinta con la que Román dio una vuelta al ruedo y Fortes, con un lote imposible, hizo el esfuerzo, aunque, al final, lo que casi consiguió es que le echaran un toro al corral.

Cárdeno se encapotó el cielo de Santander y cárdenos, en distintas tonalidades, fueron los santacolomeños toros de La Quinta. La mal llamada "corrida dura" del serial.

Todo lo quería por abajo el primero. Gran humillador, pero reponiendo terreno en el saludo capotero de Javier Cortés. Rompió la faena en la personal serie zurda con diversos registros estéticos: a pies juntos y mirando al tendido el primer natural y despatarrado el resto, hundido el cuerpo en la arena, barriéndola con los flecos de la muleta.

Quedarán en el tesoro de la memoria de la Feria los surcos de aquellos naturales tan profundos, tan entregados.

Después de lo barroco volvió a la serenidad de las formas verticales. Mayestático, mimó con la diestra una embestida cuyo principal defecto era la salida del muletazo, algo distraída. Estocada perdiendo la muleta y primera oreja de la tarde.

El segundo fue una "prenda". Ni uno tenía. Cruzado en los capotes, puso a la infantería en apuros. Fortes trató de imantar su alocada acometida en los doblones iniciales. Lo que siguió fueron embestidas al paso con el pecho del torero en el punto de mira. Abrevió con buen criterio.

La fiera, cual Moby Dick, se tragó dos estocadas más dos pinchazos. Ni la boca abrió. Con el tercer aviso a punto de sonar acertó Fortes con el estoque de cruceta.

En las antípodas se movió el tercero. Obediente a los toques, noble, sin aspereza alguna. Le faltaron finales, varios puntos de entrega en su ánimo colaborador. De ahí que el toreo de Román quedara en un pulcro esbozo, en un boceto rubricado con medio espadazo arriba que fue suficiente.

La finura de hechuras de la primera mitad del encierro la quebró el cuarto, más basto en la envoltura de sus 542 kilos. Derribó en varas. Por el izquierdo se acostó mucho. Fue por tanto a derechas el trasteo de Javier Cortés, todo muy ligado y profundo. En carrusel en ocasiones.

La puerta grande que parecía ganada se diluyó en cuanto el toro comenzó a hacerle hilo. A gazapear. Todo se descompuso. No le dejó colocarse para matar y lo pinchó tres veces.

La armonía de hechuras del quinto, rectilíneo el lomo, generoso el cuello, cerrando la cara los engatillados pitones, fue ovacionada. Se salió con él hasta la boca de riego Fortes, templando a la verónica. Empujó con la cara abajo en el peto. Un espejismo. Nunca se fue más allá de los vuelos de la muleta del malagueño, pegajoso en su sosería, además. Sin ritmo.

El sexto comenzó embistiendo acorde a su gran altura de agujas: las manos por delante y la cara en la esclavina del capote. Luego, aunque repetidor, siempre sacó la cara por encima del palillo.

La virtud de Román fue el querer y la ligazón, el engarce, que aquello no parara. Pero se echó en falta temple. Todo se sucedió al ritmo vertiginoso que marcó el toro. Anduvo listo cuando se le arrancó en la suerte suprema. Metió la mano hasta la empuñadura del estoque en el mismísimo hoyo de las agujas. El palco no atendió una petición de oreja en el límite de la mayoría.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de La Quinta, ofensivos por delante, de pocas carnes y finas hechuras los tres primeros, con más remate la segunda mitad. De buena clase y repetición, el noble primero; de instintos homicidas, el segundo; noble sin gran entrega, el tercero; de aprovechable pitón derecho, el gazapón cuarto; pegajoso, el soso quinto; sin humillar, el repetidor sexto.

Javier Cortés: estocada perdiendo la muleta (oreja); y dos pinchazos al encuentro, pinchazo, estocada tendida y descabello (ovación).

Fortes: pinchazo, casi entera delantera y perpendicular, nuevo pinchazo, estocada pescuecera y dos descabellos (silencio tras dos avisos); y bajonazo y descabello (silencio).

Román: Media tendida (ovación); y buena estocada al encuentro y descabello (vuelta al ruedo tras petición).

La plaza registró tres cuartos de entrada.

Lo más