CIRUJANOS TAURINOS (Crónica)

Enfermerías con médicos inexpertos en cirugía taurina, una gravísima realidad

Javier López.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:56

Javier López.

El caso de Manuel Escribano ha hecho saltar otra vez las alarmas sobre el estado de las enfermerías y la calidad de las atenciones médicas en plazas de tercera categoría, que en muchos casos suelen cubrirse apenas con una UVI móvil y con profesionales sin conocimientos de la peculiar cirugía taurina.

Todos los expertos en la materia coinciden en señalar que para ser un buen "ángel de la guarda" de los toreros, además de ser un buen médico, hay que estar especializado y ser también aficionado, lo que ayuda a saber de antemano lo que habrá que hacer en el quirófano según el tipo de cornada, la zona por donde ha entrado el pitón, si el cuerpo ha girado sobre él y las posibles trayectorias.

En eso hace siempre mucho hincapié Máximo García Padrós, un experimentado galeno que ha salvado innumerables vidas a lo largo de sus más de 50 años en el equipo médico de la plaza de toros de Las Ventas, del que ahora es cirujano jefe.

"Es fundamental estar siempre pendiente de la lidia y no perder detalle, porque en el momento en que hay una cornada, además de tenerlo todo preparado, hay que actuar con suma rapidez, casi de inmediato, sin errores, y eso solo puede hacerse si hay una atención prioritaria a lo que pasa en el ruedo. Antes de quitarle al torero el vestido, ya tenemos que saber cómo actuar", dice García Padrós.

Solo así se podría haber actuado con mucho más acierto que el que tuvo el médico que atendió a Manuel Escribano en la UVI móvil de la plaza de toros de Belmonte (Cuenca), donde el torero sufrió una grave cornada en la zona inguinal, que, en un primer momento, el doctor que lo atendió, que no había sido testigo del percance, consideró superficial y de menor importancia.

Por suerte para el espada sevillano, su apoderado, el torero retirado Raúl Gracia, el Tato, fue plenamente consciente de que lo que llevaba Escribano era un "tabaco" (cornada) mucho más grave de lo que trascendía a pie de ambulancia, por lo que pidió que fuera trasladado a Albacete, a 90 kilómetros, para que fuera tratado por el doctor González Masegosa, otro de los "ángeles" de los de luces.

"Yo no daba crédito a lo que estaba pasando. Enseguida nos percatamos que Manuel llevaba una cornada tremenda, sobre todo por lo mucho que sangraba y por el boquete que le hizo el pitón. Por eso no me cuadraba que nos dijeran que la cornada era superficial. Le cosió como si hubiera sufrido un corte casero, sin quitarle siquiera los restos de arena, y nos mandaba para casa", confiesa el Tato.

"Pero yo seguía convencido -continúa el apoderado- de que aquello era mucho más grave, por lo que en ese mismo momento me puse en contacto con el doctor Masegosa y nos fuimos directos a Albacete. Y menos mal que lo hicimos así, pues allí fue donde se confirmó el cornadón en la ingle, con importantes y muy graves destrozos internos, de los que tuvo que ser intervenido ya de madrugada".

En los tiempos que corren, y más con el recuerdo reciente de las tragedias de Víctor Barrio e Iván Fandiño, cuesta entender que sigan sucediendo casos así y que no haya una normativa sanitaria unificada en los distintos reglamentos taurinos, que se actúe con displicencia y que las enfermerías puedan estar al cargo de personal con titulación médica, pero sin conocimientos específicos de la materia.

Pero, sobre todo, que, después de tantos siglos de tauromaquia, mucha gente aún no tenga conciencia de que en el toreo todo es real: el dolor, la sangre, la muerte... Como lo fue aquella fatídica tarde de hace 34 años en Pozoblanco, aquel cúmulo de despropósitos que le acabó costando la vida a Paquirri, con la diferencia de que entonces no había tantos medios ni la cirugía taurina estaba tan avanzada.

Los especialistas en cirugía taurina insisten hasta la saciedad que quien quiera ejercerla debe tener una vocación real y llevan tiempo advirtiéndolo a muchas empresas de esas plazas de "tercera" o portátiles que, para abaratar los altos costes que supone la organización de un festejo taurino, buscan ahorrarse dinero donde realmente no debería racanearse ni un solo céntimo.

Bastaría con escuchar estos consejos para que se acabaran las malas praxis y los casos como el de Escribano o el de David Mora, que asimismo sufrió algo similar a principios de mes: de una cornada "sin importancia" en Socuéllamos (Ciudad Real) tuvo que ser operado de urgencia horas más tarde también en Albacete. Y lo peor de todo, sin que la Unión de Toreros no haya dicho aún nada al respecto.

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