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¿Por qué la bandera de España es rojigualda?

Repasamos cómo la bandera de España se ha convertido en la que hoy conocemos tras guerras, rebeliones y golpes de Estado

¿Por qué la bandera de España es rojigualda?

 

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Redactor de COPE.es

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 15:16

En días como los que vivimos, donde las banderas se han convertido en elementos de confrontación, de utilización política y hasta de engaños, es un buen ejercicio recordad cómo los símbolos que a todos nos representan han llegado a convertirse en lo que son. Es así como pretendemos hacer un repaso a la historia de la bandera de España que explique cómo ha llegado hasta su composición actual, rojigualda, tras siglos de guerras, cambios de modelo de Estado y, como no, polémicas.

Origen militar: la cruz de Borgoña

La bandera de España tiene un origen esencialmente militar. A la llegada a nuestro país de Felipe el Hermoso para contraer matrimonio con Juana la loca (hija de los Reyes Católicos), trajo consigo un elemento propio del ducado de Borgoña, en honor a su madre. Se trataba de la cruz de Borgoña, también conocida como la cruz de san Andrés, puesto que al santo mártir se le crucificó en una cruz con forma de aspa. Este es el motivo del color rojo, ya que la cruz quedó manchada de su sangre.

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Ya con Carlos I, la cruz de Borgoña pasó ser en aquel momento el emblema de los ejércitos imperiales y de los afamados y temidos tercios españoles que la lucirían por Europa (y posteriormente el mundo), siendo la forma en que los enemigos extranjeros tenían de reconocer a los ejércitos españoles. De esta forma, la cruz de Borgoña se convirtió en la primera bandera oficiosa, que no oficial, de la monarquía hispánica.

Las confusiones en alta mar: de la borbónica a la ganadora de un concurso

Si bien los ejércitos siguieron utilizando la cruz de Borgoña sobre fondo blanco, hasta llegar a nuestros días, en la armada y, tras la llegada al trono de los Borbones, se utilizaba una problemática enseña. Para identificar a los buques españoles, se decidió que estos portasen banderas blancas con el escudo de armas del monarca Borbón del momento. El problema estaba en que muchos otros países de nuestro entorno estaban gobernados también por Borbones, que portaban banderas muy parecidas.

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Las confusiones en alta mar eran muy comunes y ante la dificultad de distinguir entre amigo y enemigo, se convocó un concurso bajo el reinado de Carlos III. Tras la celebración de este, hubo doce diseños finalistas, de los que, curiosamente, ganaron dos, el 25 de mayo de 1785.

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El primero, el más parecido a la bandera actual de España, utilizado para los buques de guerra, constaba de tres barras, dos rojas a los extremos y una amarilla en el centro, con el escudo simplificado de la monarquía: dos cuarteles (León y Castilla) y una corona. El segundo diseño ganador, utilizado tan solo por los barcos mercantes, incluye hasta cuatro barras y sin el escudo.

La guerra contra el invasor francés: consolidación oficial

En 1793, y ya con Carlos IV, se amplía el uso de la primera bandera rojigualda a las plazas marítimas, castillos y defensas de las costas. Tras el engaño perpetrado por los franceses, que pretendían conquistar Portugal, España pasó a ser gobernada por José Bonaparte, conocido como Pepe Botella y designado por su hermano Napoleón. El pueblo de Madrid se reveló en 1808 y pronto el fervor combatiente prendió en todo el país, que se alzó en armas contra los franceses dando lugar a la conocida como Guerra de Independencia.

Durante la contienda, ganó mucha popularidad la enseña rojigualda, portada por los españoles y utilizada para diferenciarse del enemigo. Habrá que esperar hasta 1843, ya vencidos los franceses y tras el trágico reinado de Fernando VII, para que Isabel II convierta la bandera en la oficial de los ejércitos.

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En este contexto, y tras las revueltas carlistas, conocidas en la época como las guerras civiles españolas, el bando isabelino lucía la enseña rojigualda, mientras que los carlistas optaban por recuperar la cruz de Borgoña, además de otras banderas con elementos religiosos.

Inestabilidad política: gobierno provisional, Rey extranjero, Primera República y vuelta a los Borbones

De mitad del siglo XIX hasta el final, la historia política de España es de las más convulsas que se recuerdan. Los generales Serrano y Prim, en 1868, protagonizan un pronunciamiento (la Gloriosa), que llevaría al exilio de la reina Isabel y su familia. Comienza el conocido como sexenio democrático, que arrancaría con el Gobierno Provisional.

Este no haría cambios en la bandera española, pero sí en el escudo, del que quitaría la corona y pondría en su lugar otra corona mural (recuperada en la Segunda República). Al final, se acabó ofreciendo el trono de España al monarca extranjero Amadeo de Saboya que aceptó, no hizo cambios en la bandera (sí en el escudo) y a los dos años se marchó, con aquel calificativo que a se le atribuye en el momento de marchar: “Los españoles son ingobernables”.

Llegamos así a la Primera República, herida de muerte casi desde su nacimiento. Pero hablemos tan solo del tema que nos ocupa. La bandera cambió mínimamente y la corona le fue retirada al escudo que desde Carlos III ondeaba en España.

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El experimento republicano terminó y volvieron los Borbones, esta vez de la mano de Alfonso XII, hijo de Isabel. Con él, la bandera recuperó la corona y no volvería a sufrir modificaciones hasta 1931.

El error morado: la Segunda República

Para ver el próximo cambio en la enseña nacional, tenemos que esperar hasta la proclamación de la Segunda República en 1931. Tras las elecciones que acabaron echando a Alfonso XIII del poder, una de las primeras medidas tomadas por el gobierno republicano es cambiar los símbolos nacionales, en busca de una total diferenciación con la época anterior.

El 27 de abril de ese mismo año, apenas 13 días después de la proclamación del nuevo régimen, se publican las primeras disposiciones generales en las que la bandera rojigualda, con dos barras rojas y una amarilla del doble de ancho, deja de ser la oficial. A partir de entonces, una nueva bandera con tres barras iguales, roja, amarilla y morada, pasan a representar a la joven república española. Además, se recupera el escudo con la corona mural del Gobierno Provisional y se incrusta en el medio de la bandera.

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La elección del morado se debe a un error común en la época, que aseguraba que los comuneros castellanos que se rebelaron entre 1520 y 1521 contra el rey Carlos I, portaban estandartes con un castillo y fondo morado. La realidad es que la bandera de los comuneros era de color rojo carmesí.

Guerra Civil: vuelve el águila de san Juan

La Segunda República es un período convulso, desde el golpe de los partidos de izquierda, a los que se sumaron los independentistas, en 1934 hasta el golpe de los militares en 1936 que la hiere de muerte. A partir de entonces, el bando republicano mantendría la bandera tricolor durante el resto del conflicto.

El caso del bando liderado por Franco es más complicado. Al principio, los generales lucharon defendiendo también la bandera de la República. Tanto es así que llegó a estar presente en el episodio del Alcázar de Toledo. El hecho de que ambos bandos llevasen la misma bandera provocaba problemas y, tras recibir presiones de los más tradicionalistas (Falange, sobre todo), el bando que inició la revuelta en África adopta en agosto del 36 la rojigualda, manteniendo el escudo republicano.

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Finalmente, y ya en 1938, se añadió a la bandera el escudo monárquico acompañado de un águila de san Juan, al estilo del escudo utilizado por los Reyes Católicos, de grandes dimensiones y la leyenda “Una, grande y libre”. Esta sería la bandera nacional utilizada durante el franquismo, aunque sufrió alguna modificación por motivos estéticos, del águila, hasta la llegada de la democracia.

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Muere Franco: la bandera se mantiene unos años

Es común escuchar que la bandera de España con el águila de san Juan se trata de un elemento preconstitucional, lo que no es del todo exacto. El 20 de noviembre de 1975 murió el dictador, pero la bandera no cambió hasta 1977, donde se actualizó ligeramente la posición del águila, con algunas líneas de contorno amarillas. De hecho, este escudo acompañado por el águila, sería el que figurase en la primera página de la Constitución española firmada por Juan Carlos I.

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Tendríamos que esperar hasta el 28 de octubre de 1981, 6 años después de la muerte de Franco, para que el escudo del águila cambiase definitivamente. Se adoptó el actual, recuperando el escudo de la Segunda República y del Gobierno Provisional, al que añaden una corona sobre el escudo y dos más sobre las columnas de Hércules. Además, se añadió en el medio, entre los 4 cuarteles, el escudo con la flor de lis, propio de la monarquía borbónica.

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La historia de la bandera de España está íntimamente ligada al ejército, además de ser un reflejo de las distintas épocas de nuestra historia. Si bien ha habido momentos en los que su tarea ha sido meramente funcional, distinguir al enemigo en la batalla, y otros en los que ha jugado un gran papel cohesionador, como en la guerra contra los franceses. El caso es que la bandera de España es un fiel testigo de la historia vivida en la península, de todas sus regiones, gobernantes y, por supuesto, de todas sus gentes.

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