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Vacunódromos infrautilizados por falta de dosis y limitación de AstraZeneca

El Palacio de Deportes de Madrid es uno de los vacunódromos desplegados en España para acelerar la campaña de inmunización frente al coronavirus

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Carmen Labayen
@carmenlabayen

Jefa de Sociedad, Nuevas Tecnologías y Casa Real en COPE

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 29 abr 2021

El Palacio de Deportes de Madrid es uno de los vacunódromos desplegados en España para acelerar la campaña de inmunización frente al COVID. Allí emplean solo AstraZeneca y calculan que se podrían poner hasta 8.000 vacunas al día frente a las como mucho 4.000 dosis que han llegado a inyectar a diario. Detrás de esta infrautilización según ha podido comprobar COPE en el propio WiZink Center está la falta de dosis y también las limitaciones impuestas a esta vacuna en España.

Unas 1.500 personas se vacunaron allí el lunes y la tendencia ha continuado el martes y el miércoles. La penuria de AstraZeneca también ha afectado al Wanda Metropolitano, el otro gran macro centro de vacunación de la Comunidad de Madrid con bastante más capacidad de la que ejerce con un récord de 800 pinchazos por hora equivalente a 8.000 dosis diarias. Abierto desde el pasado 25 de febrero, en el estadio del Atlético de Madrid se han vacunado hasta el momento unas 156.000 personas.

En el Palacio de Deportes y desde el pasado 9 de abril, han sido 56.000 los inmunizados en estos operativos que organiza el SUMMA 112

Según explican a COPE “estos dos dispositivos fueron dimensionados para inyectar entre 5.000 y 7.000 dosis diarias pero si podrían llegar a esos 8.000 lo que pasa es que, de momento, no se ha podido comprobar más que de forma muy puntual”.

Tras un inicio de semana flojo y tras la entrada de nuevos suministros calculan que “poder citar mañana viernes a 6.000 en cada uno de los dos centros, el doble que este jueves que, a su vez, duplica las cifras de los días anteriores”.

En una de esas jornadas más tranquilas acudimos al Palacio de Deportes. Es lunes y, a nuestra llegada, lo primero que llama la atención es la escasez de vacunas. Las neveras, solo accesibles con una llave están casi vacías. Lo comprobamos con José Antonio García coordinador del turno esta mañana. El cuarto en el que se guardan los preciados viales es uno de los primeros que visita a su llegada al centro, más de una hora antes de que lleguen las primeras personas citadas para la vacunación.

“Lo primero que hago es ir abriendo las zonas y ver cómo se encuentran las neveras que sí hoy están un poco vacías y nos tendrán que traer lo que corresponda” explica José Antonio que señala que la entrega de dosis ha ido a menos en los últimos días, algo visible también en el número de citaciones.

Y es precisamente eso, el volumen de vacunación previsto para el día, lo que el coordinador va a comunicar al resto de su equipo en la reunión de la mañana que tiene lugar media hora del arranque de la inmunización.

“Buenos buenos días chicos hoy se espera un día tranquilito. Están citadas 1.500 personas y lo primero es comprobar el lote de todos los viales que vamos a administrar. Aprovechar las dosis al máximo posible ¿de acuerdo?. Pues nada adelante y buen trabajo”, señala José Antonio a las 50 personas que forman parte del operativo en su mayoría enfermeros y administrativos.

Antes incluso del encuentro con el coordinador en los casi 20 puestos de vacunación operativos la actividad es incesante y consiste sobre todo en abrir y armar las jeringuillas para que todo esté listo. Paloma Carmona forma parte de la treintena de enfermeras jubiladas que pidieron voluntariamente incorporarse a la campaña de vacunación. Comparte mesa con otra ex compañera del hospital Madrileño Gregorio Marañón.

“Yo llevaba cuatro años jubilada y como las demás estamos encantadas de poder participar aunque haya momentos agotadores porque es la única forma que salgamos de esta situación. Este trabajo es nuevo para todos los enfermeros porque nunca antes se había hecho algo igual” subraya.

Mientras nos cuenta como es su experiencia, Paloma no para de trabajar. “Estamos preparando las jeringas con las agujas y ya después estarán listas para cargarlas y empezar a vacunar a las 9 de la mañana. A la gente lo que le impresiona es lo rápido que es el proceso: suben rápido, se les toman los datos, en cero coma ya están vacunados, les damos el certificado, un tiempo en observación y luego ya se marchan y la mayoría muy contentos”.

Solo en una ocasión explica a COPE que “una mujer que estaba a punto de vacunarse preguntó por el inyectable que le iban a poner y al saber que era AstraZeneca se levantó y se fue y claro ante eso no se puede hacer nada”.

Algunos de los vacunados si llegan con algunas reticencias recalca Paloma. “Les da miedo el pinchazo y también lo que se ha ido diciendo de la vacuna de AstraZeneca, algunos preguntan sobre los trombos y que cuándo les podría ocurrir y nosotras les animamos y les decimos que aunque, el riesgo cero no existe, el peligro es no vacunarse y que es necesario porque es la única forma de que podamos salir de esto”.

En otro de los puestos está Catalina López que considera que el ritmo de hoy será bastante más relajado que otros días. “Hoy solo hay citados 1.500, ayer fueron 2.000 solo por la mañana y otros 2.000 por la tarde o sea que hoy pensamos que nos va a sobrar mucho tiempo. Nosotras estamos aquí para mucha actividad y los tiempos muertos nos parecen una pérdida de tiempo. Estamos a vacunar, a vacunar, a vacunar”.

En su puesto también ultiman los preparativos “por lo menos tener unas 50 dosis preparadas porque la primera andanada suele ser fuerte, muchos se adelantan un poco y la primera hora de la mañana es casi siempre de no parar”.

También preparados los administrativos, con sus registros a punto porque tan importante es la vacuna como que quede constancia de ella. En sus ordenadores pueden ver cuántas personas ya han accedido al centro para vacunarse.

De hecho son necesarios dos registros, uno primero abajo a la entrada del registro con el código QR y el DNI y de nuevo arriba justo antes del pinchazo. El ritmo es en efecto rápido como comprobamos con Elena Caballero de 60 años y entre las primeras citadas esta mañana. Entra al recinto directamente, sin tener que esperar ningua cola.

Según explica a COPE llega un poco nerviosa a la cita pero “contenta porque ya estaba esperando a que me llamaran”.

Varias personas le indican el circuito a seguir por el Palacio de Deportes hasta los puestos de vacunación. A Elena le ha correspondido el puesto 14 en el que está Catalina.

“Le voy a pinchar en esta zona, puede que moleste un poco, tranquila” le dice la enfermera.

Y en cuestión de segundos “ya está vacunada, éste es el lote con el que la hemos vacunado y en 10 o 12 semanas la volveremos a llamar, si siente molestias tipo gripe en las próximas horas puede tomarse un paracetamol”.

Elena ya respira más tranquila: “estoy muy contenta y lo que deseo es que pronto todo el mundo esté vacunado y que podamos salir de esta situación tan penosa para todos”.

La acompañamos escaleras abajo hasta el espacio habilitado para comprobar que las personas vacunadas están bien y poder actuar de inmediato si surgiera cualquier tipo de problemas. Allí le indican que debe de estar unos veinte minutos.

“Pueden hacer una vida totalmente normal, si notaran molestias similares a los de una gripe como malestar corporal o dolor de cabeza pueden tomar un antitérmico como el paracetamol. En 10 a 12 semanas recibirán un mensaje para recordarles la segunda dosis” les explica el coordinador a quienes esperan tras recibir la vacuna.

Le preguntamos por cómo harían frente a cualquier efecto adverso inmediato de la vacuna y José Antonio nos lleva a una de las dos salas previstas para quienes requieran de atención médica “tenemos maletines con toda la medicación necesaria para cualquier reacción alérgica, medicación para otras eventualidades, monitores cardíacos, desfibriladores”. Todo dispuesto, según vemos, en torno a una camilla.

Si la situación fuera muy grave “aquí lo que haríamos es estabilizar a la persona afectada y tenemos a las puertas del centro una UVI móvil que gracias a Dios, de momento, no hemos tenido que utilizar”, subraya.

De momento, han pasado ya 10 minutos y Elena sigue esperando en primera fila para completar su tiempo de observación. En su caso, todo va bien, no tiene, de momento, ningún tipo de efecto secundario.

“Nada no siento nada, ni el pinchazo y es que la enfermera que me ha atendido muy bien como en general todos sanitarios que son muy buenos profesionales” señala Elena.

Pasado el tiempo, con relojes proyectados en pantallas gigantes y con una alarma cada vez que se completa esta fase, Elena se levanta para irse a trabajar. Hoy y a diferencia de otros días lo hará desde casa como medida de precaución.

En su caso y después de haber pasado un COVID leve hace algunos meses, la segunda dosis puede no ser necesaria, dependerá de su nivel de anticuerpos dentro de tres meses. Le recomiendan ir al médico con un test serológico para saber si se queda como está o completa el proceso.

Todo ha ido bien, todo muy bien organizado, los sanitarios estupendos, me voy contenta y yo lo que quiero es que se anime la gente a vacunarse porque esto hay que acabar con ello de alguna manera y ahora mismo solo tenemos la vacunación para lograrlo” señala con una sonrisa.

Tras ella, pasarán casi 1.500 personas por este Palacio de Deportes del que Elena ya se despide en un día lluvioso. A mayor o menor ritmo tanto aquí como en el Wanda vacunan mañana y tarde los 7 días de la semana durante 10 horas al día.

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