(Crónica)

Refugiados en Madrid: Sin miedo al hambre, sí al frío

"Agarrar un poco de calor" es el objetivo vital de los solicitantes de asilo que no obtienen una plaza de acogida en Madrid. "Al hambre no le tenemos miedo, pero el frío no se tolera, estamos desesperados". ,Habla así el periodista venezolano Tubal Padilla después de entrevistarse con el defensor del pueblo, Francisco Fernández Marugán, junto a otros cinco compañeros peticionarios de protección internacional, en representación de casi medio centenar de familias.,"Somos hab

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 16:32

"Agarrar un poco de calor" es el objetivo vital de los solicitantes de asilo que no obtienen una plaza de acogida en Madrid. "Al hambre no le tenemos miedo, pero el frío no se tolera, estamos desesperados".

Habla así el periodista venezolano Tubal Padilla después de entrevistarse con el defensor del pueblo, Francisco Fernández Marugán, junto a otros cinco compañeros peticionarios de protección internacional, en representación de casi medio centenar de familias.

"Somos habitantes de calle, no ciudadanos de país. Un habitante de calle es una persona que duerme en la calle, que deambula todo el día, sin un sitio donde comer, ni donde lavar la ropa ni donde hacer las necesidades fisiológicas", añade un solicitante de asilo colombiano, que prefiere no identificarse.

Tanto este último como el reportero venezolano -que salió de su país por el cierre de numerosos periódicos y la falta de libertad de expresión- se han refugiado del frío en el metro, en urgencias hospitalarias, cajeros automáticos, aeropuerto y centros comerciales, aunque en muchas ocasiones son desalojados, explican.

"Aquí hemos pasado a ser indigentes, en las noches nos pueden ver en las escaleras del metro con cartones -cuando no logran plaza-, sufriendo, padeciendo, viendo cómo agarrar un poco de calor, ése es el sufrimiento de todos nosotros".

Como venezolanos, añade, "sabemos lo que es el hambre, a eso no le tememos miedo, da igual no comer dos o tres días, pero el frío no lo toleramos, no podemos más. Estamos desesperados".

Describen como una odisea obtener una cama en los alberques madrileños adscritos a la Campaña de Frío -destinados a los sintecho-. Para conseguirlo aguardan colas de horas a la intemperie en la Glorieta de Atocha y en Príncipe Pío.

Salen dos autobuses, uno a las 21.15 que lleva a las personas que tienen plaza asegurada y otro a las 22.00 horas que se lleva a las personas con plaza pero que no cabían en el primer bus y los nuevos.

"El Ayuntamiento se niega a ceder dos autobuses para que hagan el servicio simultáneamente y evitar las esperas de horas". Esto provoca que uno tenga que esperar desde las 18.00 hasta las 22.15 que sale el segundo vehículo.

"Y si quedas fuera es un momento crucial, porque es el momento en el que tienes en el que hay que buscar donde ir", cuenta Tubal, que junto a otro grupo de solicitantes se reúnen tres o cuatro veces a la semana en la parroquia de San Carlos de Borromeo para hallar soluciones colectivas.

El ciudadano colombiano que prefiere guardar su anonimato también lamenta la situación que se vive en los albergues, en concreto el Dispositivo Alternativo de Vallecas en el que hay 140 camas, con seis duchas y seis inodoros -no todos operativos-, subraya.

En la queja registrada hoy ante el Defensor, quien se ha comprometido a seguir trabajando para solucionar su situación, se señala que este centro no satisface las condiciones de higiene -"las mantas no se lavan", el olor de la habitación es "insoportable", y al ser un programa para personas sin hogar "hay muchas que acuden bajo la influencia del alcohol o de las drogas".

"Aunque estamos muy agradecidos por la acogida, vivimos situaciones muy indignas como que compartamos literas con personas que no se bañan, que se orinan en la cama, que realizan conductas sexuales inapropiadas", y además "es frecuente que roben las pertenencias, no solo los objetos de valor, sino zapatos o abrigos".

En 2019, España recibió más de 118.000 solicitudes de protección internacional, la mitad de ellas en Madrid, según el último balance del Ministerio del Interior.

De ellas 40.906 correspondieron a Venezuela; casi 30.000 a Colombia; 6.792 a Honduras; 5.931 a Nicaragua y 4.784 a El Salvador.

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