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La pandemia genera "frustración" entre menores extranjeros no acompañados al dificultar su integración, según Accem

Europa Press

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 12:09

Vieron restringido su acceso a servicios que por el Covid pasaron a atender por teléfono o vía telemática

Un año después de que el Gobierno declarara a España en estado de alarma por la crisis sanitaria del coronavirus, los menores extranjeros no acompañados son seres "más vulnerables" y han sufrido un "mayor impacto psicológico" por el "fracaso en sus expectativas" sobre su vida en España.

Los menores extranjeros no acompañados acogidos en el país son más de 9.200, según las cifras facilitadas por el Gobierno con fecha de octubre de 2020, aunque, según indican las organizaciones que trabajan con ellos, estas cifras varían mucho, por las continuas llegadas y porque los menores alcanzan la mayoría de edad en pocos años y salen del sistema.

Teresa de Gasperis, especialista en materia de infancia de la organización Accem, que trabaja con más de 2.500 menores (cientos de ellos no acompañados), ha explicado que la mayoría de los niños que llegan solos en patera tienen entre 15 y 17 años y que en su "proyecto migratorio" tienen planes de "inclusión" y de poder ayudar económicamente a sus familias en sus países de origen.

Es por eso que la pandemia ha podido suponer un "mayor impacto psicológico" que a otros menores que han llegado en otro momento, "sin tantos problemas en el acceso al trabajo" o "sin colas del hambre".

La mayoría, explica De Gasperis, vienen sin conocer el idioma y se han encontrado en el estado de alarma con servicios a los que no se podía acceder más que por teléfono o whatasapp, como el servicio sanitario. Lo mismo ha sucedido con aquellos que optaron por atender vía telemática, cuando la mayoría no tiene acceso a aparatos tecnológicos.

UN PROYECTO MIGRATORIO

"Sabemos que el proyecto migratorio de un menor extranjero no acompañado es llegar al país, empezar a integrarse, trabajar, ayudar a su familia y llegar en este contexto de acceso al ámbito laboral, de exclusión social y pobreza impacta en ellos", ha explicado la experta en declaraciones a Europa Press.

"Este fracaso o imposibilidad de lograr el proyecto migratorio que tenían puede tener un gran impacto psicológico como resultado de un fracaso de sus expectativas", ha añadido.

Todo lo vivido durante un año de pandemia, ha explicado De Gasperis, ha aumentado la vulnerabilidad de la población y, más aún, la de unos menores que ya están son vulnerables en un país sin estado de alarma.

Además de la imposibilidad de acceder a algunos servicios, los menores han vivido situaciones complejas en su acceso al trabajo o a la educación. En este sentido, la brecha digital ha sido uno de los grandes problemas de estos jóvenes, explica la experta.

Al final, inidica, esta situación ha acentuado la pobreza que estos menores van a sufrir al cumplir la mayoría de edad, así como su exclusión social. Es por ello, que desde la organización reclaman ayudas y un acompañamiento de estos jóvenes hasta, al menos, los 21 años. Porque, explican, "nada cambia el día que cumplen 18 años" en relación a su situación del día anterior.

AUMENTO DEL DISCURSO DEL ODIO

Sobre la situación de las ONG que los atienden, ha explicado que vieron muy positivo el hecho de que les declararan servicios esenciales. Gracias a ello, ha apuntado, pudieron seguir atendiendo a los menores y acompañándolos. La experta de Accem reconoce que hubo limitaciones en una situación tan excepcional, principalmente, también, por esa brecha digital a la que antes de ha referido, sobre todo en la época del confinamiento más estricto.

Según explica, siempre se ha trabajado el aspecto psicológico de los menores, pero en esta ocasión ha tenido más importancia, no sólo por la situación de pandemia, sino porque en este tiempo algunos discursos señalaban a la migración como propagadores del virus.

De Gasperis reconoce que este "discurso de odio ha aumentado en los últimos años", llegando a afectarle incluso a ella, italiana, que lleva más de una década en el país y a la que nunca hasta ahora le había ocurrido. "Ahora la gente se siente más legitimada para hacerlo", ha lamentado.

"Entiendo que es un elemento que les ha impactado a nivel psicológico el sentirse tachados como criminales, delincuentes o seres contagiosos, es nuestra tarea trabajar con ellos para superar estas situaciones", ha apuntado, antes de recordar que también hay que "trabajar a nivel sociedad" para que "este discurso vaya cambiando".

IDENTIFICACIÓN DE LA EDAD

En cuanto a la situación de aquellos que han llegado durante la pandemia, Accem ha indicado que, también se agrava, como se ha recogido en el informe recientemente presentado por el Defensor del Pueblo sobre la crisis migratoria vivida en Canarias en los últimos meses de 2020. Este documento indica que hay más de 2.030 jóvenes no acompañados a al espera de la determinación de la edad.

Esta espera, ha denunciado De Gasperis repercute en que los niños no reciben la atención especializada que requieren, con una valoración de sus necesidades, desde el primer momento. Es un tiempo, apunta, en el que están mezclados con los adultos en los centros de primera acogida y, por tanto, "aumenta su vulnerabilidad".

En este sentido, Accem se une a la petición del Defensor del Pueblo, que solicita rapidez en estas evaluaciones a los menores, así como su traslado a diferentes comunidades autónomas, atendiendo al principio de solidaridad, donde puedan estar mejor atendidos.

Del mismo modo, piden un cambio en la forma de valorar la edad de estos migrantes. En la actualidad se basa en una radiografía de la muñeca. La organización cree que también hay que hacer una "valoración interdisciplinar. "Al final son niños de 15, 16,17 años, lo que permite hablar con ellos", explica De Gasperis.

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