CONVIVENCIA GENERACIONAL (Crónica)

Nonagenaria y universitario comparten "encantados" piso en Salamanca

Nunchi Prieto.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 11:36

Nunchi Prieto.

La convivencia entre universitarios y personas mayores es un recurso cada vez más utilizado y de hecho desde que el programa se puso en marcha la Universidad de Salamanca ha contabilizado unas 120 convivencias, entre ellas la de Guadalupe Malmierca, de 93 años, y Alberto Martín, de 23, que comparten piso.

El Programa de Convivencia entre Jóvenes Universitarios y Personas Mayores que tiene como base la solidaridad entre generaciones que busca una convivencia basada en el diálogo y el mutuo respeto arrancó en la Universidad de Salamanca en 2005.

"Estoy encantada" asegura a Efe Guadalupe Marmierca, una de las personas mayores que participa en esta iniciativa desde hace cuatro años. En los últimos dos ella ha tenido de "pupilo" a Alberto Martín, un joven estudiante extremeño de máster de Enseñanza de Español para Extranjeros, cuyo círculo de amistades se sorprende cuando dice que vive con "una señora de 93 años".

La nonagenaria, que rebosa vitalidad y salud, explica que, viendo la televisión, se enteró de la iniciativa y que se puso en contacto con la universidad y en concreto con Carmen Bermejo, la responsable del programa.

Alberto es el segundo universitario que acoge en su casa. Habitualmente, se levanta antes que él, aunque el joven también lo hace pronto: "Nos damos los buenos días, y cada uno se hace su desayuno", al igual que el resto de las comidas, la habitación y el cuarto de baño.

Considera Guadalupe "muy bien, muy bien" la experiencia: "Estoy encantada con tener chicos jóvenes" y confiesa que siempre que puede recomienda a sus conocidas que participen en el programa, pero lamenta no tener éxito, porque "son muy esquivas y desconfiadas".

Insiste en su buen estado de salud; de hecho, en alguna ocasión ha tenido que acompañar a Alberto al médico, porque le dio un cólico, como confirma el estudiante, al que considera como su nieto, aunque tiene siete y seis bisnietos.

Cuando comenzó los estudios del grado de Traducción e Interpretación, se alojó en un residencia universitaria, pero los dos últimos años Alberto se ha ido "a vivir con Guadalupe".

A través de internet se interesó por el programa, porque le apetecía "cambiar un poco de ambiente y de aires, quería una vida más tranquila", y ahora revela que está "encantado".

Antes de iniciarse la convivencia, se firma un contrato comprometiéndose a "respetar las normas de la casa, a no hacer fiestas, a ayudar a la persona mayor en lo que necesite y a hacerle compañía". "El horario de estar en la casa es flexible", asegura la responsable del programa, Carmen Bermejo.

Una experiencia que Alberto califica de "muy buena" y que va a "recordar siempre". Es "otra manera de vivir en Salamanca siendo estudiante. Parece mentira que con tanta diferencia de edad dos personas se puedan llevar tan bien".

Explica que al principio sus padres se sorprendieron y le decían que no lo hiciera por el dinero, que podía vivir en un piso de estudiantes, pero ahora, viendo el resultado, "se alegran".

El próximo curso ya no estará en Salamanca, sino en Francia, adonde se trasladará con "una beca de auxiliar de conversación del ministerio", pero siempre recordará lo que le ha enseñado Guadalupe, como "cosas de cocina, planchar, doblar las sábanas", en el ámbito de lo cotidiano, y luego también los valores de la vida.

A medida que transcurre el tiempo, el Programa de Convivencia entre Jóvenes Universitarios y Personas Mayores está siendo más demandado, subraya Bermejo, teniendo en cuenta que los primeros años hubo una o dos convivencias, mientras que en los últimos está en torno a una docena por curso.

Se suelen interesar más los universitarios que las personas mayores, y en general las experiencias "son siempre buenas, nunca se ha roto la convivencia por mal entendimiento".

El ofrecimiento de las viviendas, que están repartidas por la ciudad e incluso en la localidad de Santa Marta, se hace por parte de las mujeres, en su mayoría viudas o solteras, y el precio medio que debe aportar el estudiante suele estar entre 70 y 80 euros mensuales, el equivalente al 50 por ciento de los gastos ordinarios.

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