CRISIS INMIGRACIÓN (Previsión)

Inmigrantes subsaharianos esperan varados en Irún su salto al sueño europeo

Mercedes Zabaleta

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 10:50

Mercedes Zabaleta

Las caras cambian pero el número permanece prácticamente igual desde inicios de verano. Alrededor de 70 subsaharianos esperan varados en Irún a cruzar la frontera hacia Francia. Unos ya lo han conseguido y otros, como Jean Claude Boumtgoe, lo intentarán a pesar de todo porque tras la experiencia de su viaje desde África "no tienen miedo a nada".

Camerunés de 30 años, Boumtgoe es una de las personas que ha pasado las últimas noches en el gimnasio del colegio Leka Enea de Irún habilitado para alojar a los inmigrantes en tránsito que están llegando en las últimas semanas a la localidad fronteriza.

"Ahora tengo que ir a la calle porque el máximo de días que se puede estar en ese lugar es de cinco", señala a EFE Boumtgoe, que pide a las autoridades que alarguen este plazo.

En un español bastante fluido explica que concluyó los estudios de periodismo en su país, pero decidió dejar a su mujer y sus dos hijos para ofrecerles un futuro mejor. "No hay esperanza, no hay sueños en Camerún", señala.

Por ello inició un viaje de cinco meses hacia Europa que le llevó a atravesar Nigeria, el desierto de Níger, "muy peligroso", y Argelia, "donde hay un racismo que amarga a la gente", dice.

Jean Claude cuenta con ayuda de su familia, pero otros muchos compatriotas se ven obligados a quedarse meses en cada una de las etapas de su periplo para trabajar y costearse así los gastos por lo que el periplo puede alargarse años.

Una vez en Marruecos y tras esquivar la vigilancia de los guardas marítimos, los inmigrantes tienen dos opciones: "un barco VIP", en palabras de Boumtgoe, como el que le condujo a Almería tras abonar 2.500 euros, o uno "hinchable, muy peligroso, que utiliza la gente que no tiene dinero y por el que se pagan 200 o 300 euros".

Desde que llegó a Irún espera su oportunidad para entrar en Francia a pesar de que es consciente de que cada día es más difícil porque la policía gala "está devolviendo a España a los subsaharianos que acceden al país".

El tránsito en la frontera de Irún es absolutamente poroso y, de hecho, cientos de personas pasan a diario de un lado a otro para hacer compras, ir a la playa o hacer deporte en la orilla del Bidasoa. Dos puentes sobre este río -el de Santiago y el de Behobia- sin garitas ni ningún obstáculo físico, separan Francia y España.

"No tenenos miedo porque hemos pasado lo más difícil", asegura Boumtgoe que garantiza que no cejará en su empeño porque en Francia los africanos francófonos "pueden integrarse con más facilidad", aunque algunos prefieren ir a Alemania porque "han oído que hay trabajo y que Angela Merkel trata bien a los extranjeros".

La portavoz de la plataforma de la red de apoyo a los inmigrantes constituida en Irún, Anaitze Agirre, considera que la policía gala está practicando "devoluciones en caliente que constituyen una violación de derechos".

"Una persona que salió a trabajar a las cuatro de la madrugada hace unos días vio en Behobia dos furgonetas sin identificativos que abrían sus puertas y dejaban del lado español a un grupo de migrantes", asegura.

Aunque a medio plazo algunos pueden cambiar de opinión y opten por quedarse en España "al final la mayoría terminan pasando a Francia", concluye Agirre.

En el intento se ha quedado un grupo de cuatro jovencísimos malienses, que cruzan el puente de Santiago hacia Irún después de que su empeño por entrar en Francia se haya visto truncado porque, según aseguran, la policía les ha devuelto a España.

Ellos han llegado a la frontera desde Bilbao y tienen un billete para Bayona desde donde esperan iniciar ruta a París para cumplir su sueño y ayudar a sus familias.

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