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Cansancio y falta de personal marcan segunda ola en Morales Meseguer (Murcia)

En la primera oleada del coronavirus, el hospital Morales Meseguer de Murcia fue el que sufrió una mayor presión asistencial y los datos de esta segunda etapa han superado con creces los de la primera: cansancio y falta de personal hacen mella en un centro en el que, sin embargo, la situación actual se está viviendo mejor que en marzo.,Con una población de referencia de 265.000 personas, el Área VI de salud de la Región de Murcia, de la que depende ese hos

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 09:59

Virginia Vadillo

En la primera oleada del coronavirus, el hospital Morales Meseguer de Murcia fue el que sufrió una mayor presión asistencial y los datos de esta segunda etapa han superado con creces los de la primera: cansancio y falta de personal hacen mella en un centro en el que, sin embargo, la situación actual se está viviendo mejor que en marzo.

Con una población de referencia de 265.000 personas, el Área VI de salud de la Región de Murcia, de la que depende ese hospital, es la segunda más grande de la comunidad autónoma y por las camas del centro han pasado 650 pacientes covid, unos 500 de ellos en los últimos tres meses.

Su UCI, con 18 camas, fue la primera de la región en superar el límite de su capacidad, con 22 personas ingresadas al mismo tiempo a mediados de abril, pero en esta segunda etapa ya se han rebasado esas cifras y ha habido 24 enfermos simultáneamente en cuidados intensivos, explica a EFE el director médico del centro, Juan José Gonzálvez.

El Servicio Murciano de Salud (SMS), que se encarga de la gestión de todos los centros sanitarios de la comunidad, ha puesto en marcha el plan de contingencia para ampliar las UCI en todos los hospitales y pasar de las 120 que hay habitualmente en la región, a 350.

En el Morales Meseguer a día de hoy hay 38 camas de intensivos, de las que 28 están reservadas para enfermos de coronavirus. Las atienden un total de 13 médicos, 65 enfermeras y 45 auxiliares.

En cuanto a las plantas de hospitalización, que cuentan con 400 camas en total, se han reservado 120 de ellas para los afectados por la pandemia (hay ocupadas actualmente 73) en áreas aisladas asistidas por 18 médicos, 105 enfermeras y 66 auxiliares. Y, en ambos casos, esas cifras son escasas, una valoración en la que coinciden todos los estamentos del hospital, desde su gerencia hasta los empleados.

El gerente del Área VI de salud, Andrés Carrillo, explica a EFE que, a raíz de la crisis sanitaria, la plantilla se ha ampliado en 234 personas entre médicos, sanitarios y personal no sanitario, hasta un total de 2.684 trabajadores, de los que 594 están en los centros de atención primara y los otros 2.090 en el hospital. Pero desde la dirección del centro reconocen que, aunque han mejorado la situación, siguen sin ser suficientes.

Para atender las necesidades covid, señala Gonzálvez, se han derivado médicos de especialidades como cardiología o neurología a las UCI y por el momento, hay un cierto control de la situación.

Pero lo que preocupa es "el no saber si un día vamos a sobrepasar los recursos que tenemos. Si un día se produce una avalancha de ingresos, cómo se van a gestionar, porque ya no estamos en el plan B, estamos yo diría que en el plan C, con espacios alternativos para los pacientes y más trabajo para los profesionales. Y el plan D sería pacientes en gimnasios y en pasillos y más trabajo aún, porque no hay más médicos", advierte.

Si la situación de los facultativos es complicada, peor parte se lleva el personal de enfermería, que "ha tenido una capacidad de adaptación increíble" pero en el que el cansancio hace mella y la falta de experiencia, sobre todo en el tratamiento en UCI, complica la atención a los pacientes, explica el director hospitalario de esa área, Juan Antonio Martínez.

Reconoce que ha habido contrataciones con las que se ha aliviado en parte la presión, pero advierte, igual que Gonzálvez, que la capacidad de trabajo está al límite y la falta de formación y especialización es un hándicap importante que se suma a la dificultad de habilitar nuevas camas: "Para atender dos camas de UCI necesito 5 enfermeros, pero no hay posibilidad de contratación porque no hay bolsa de empleo", resume.

Según Manuel García Escudero, delegado de prevención del sindicato de enfermería SATSE en el Morales Meseguer, las enfermeras están "extenuadas" tras meses de trabajo continuo e intenso, sometidas a una gran presión no solo laboral, sino también psicológica por el miedo al contagio y la imposibilidad de disfrutar de permisos y descansos.

En su opinión, ha habido una importante "falta de previsión" desde el SMS que ha llevado a que no haya personal suficiente para cubrir cualquier eventualidad, como las bajas y cuarentenas de los trabajadores. "La carga asistencial y el estrés es mayor cada día. Estamos francamente desbordados", relata.

Coinciden todos también en que dos cuestiones sí han mejorado entre la primera oleada y esta segunda: los recursos materiales y la coordinación y creación de protocolos. Y es que, a pesar de que la primera ola registró menos ingresos, tanto en planta como en UCI, y durante menos tiempo (el grueso de los casos del hospital se concentraron en el mes de abril), el desconocimiento de la enfermedad, la falta de equipos de protección individual (EPI) y la ausencia de protocolos claros hicieron especialmente dificultoso el trabajo de los profesionales.

En esta segunda oleada, con peores cifras de contagios, están "bastante mejor", coinciden Gonzálvez y Martínez: más protegidos, mejor coordinados y, por tanto, más tranquilos a pesar de la elevada presión a la que, de todos modos, se han acostumbrado en este hospital.

La gran población a la que atiende y su ubicación en pleno casco urbano de Murcia hacen que cada invierno, especialmente con la llegada de la gripe, se vivan situaciones de cierto colapso.

De ahí también surge otro de los principales miedos de los profesionales del centro: el de no tener capacidad para atender otras patologías.

Por el momento, el hospital mantiene su actividad de consultas externas, que se han repartido en horario de mañana y tarde para evitar aglomeraciones, aunque se han comenzado ya a suspender algunas intervenciones quirúrgicas no urgentes y de patologías menos graves.

Lo que sí parece claro es que la pandemia generará unos costes económicos que difícilmente podrá asumir el SMS, ya de por sí infradotado históricamente.

El presupuesto de la comunidad autónoma para 2020 destina una partida de 1.879,3 millones de euros a este organismo, una cifra muy similar a la del año anterior. Sin embargo, cada ejercicio se produce un desfase de entre 400 y 500 millones de euros entre lo presupuestado y lo gastado por el SMS, algo de lo que el Tribunal de Cuentas ha advertido reiteradamente en sus informes.

En el último de ellos, publicado en enero de 2020 y que hace referencia a las cuentas del año 2017, el alto tribunal califica de "insostenible" el sistema sanitario murciano y calcula que su déficit acumulado en ese ejercicio superaba los 1.130 millones de euros.

El gasto del SMS entre 2002 y 2017, según ese informe, creció un 225 por ciento, a años luz del crecimiento del PIB regional, lo que agrava esa insostenibilidad.

Desde la Consejería de Salud reconocen que la gestión de la pandemia supondrá un sobrecoste, pero no han aportado cifras concretas de a cuánto estiman que ascenderá. En el caso del Morales Meseguer, el presupuesto global para su área de salud estaba fijado para este 2020 en 308 millones de euros, pero el gasto será de al menos 320 millones, según las previsiones del gerente.

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