Aitor Sánchez García, nutricionista: "Nadie en su sano juicio puede defender la libertad de que llegue publicidad de comida malsana a menores"
El dietista carga contra la falta de regulación publicitaria en alimentación infantil y defiende que la autorregulación de la industria ha fracasado

Niños comiendo piruletas
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Tres millones de euros. Eso es lo que invierte cada día la industria alimentaria en publicidad en España. No lo hace por altruismo ni por capricho: lo hace porque funciona. Y si funciona con los adultos, funciona aún más con los niños.
La publicidad alimentaria en el punto de mira
La regulación de la publicidad de alimentos malsanos dirigida a menores vuelve al debate público de la mano de una de las voces más influyentes de la nutrición en España. Aitor Sánchez García, dietista-nutricionista, tecnólogo alimentario e investigador en la Universidad de Granada, ha sido tajante: si la industria invierte tres millones de euros diarios en publicidad de sus productos, es porque funciona. Y si funciona, sus efectos sobre los niños no pueden ignorarse.
Sánchez, conocido por su blog Mi Dieta Cojea y autor de varios libros de referencia en divulgación nutricional, intervino recientemente en un debate sobre regulación publicitaria y alimentación infantil donde no dejó margen a la ambigüedad.
"La autorregulación pintaba bien, pero no funciona"
El experto señaló directamente a la autorregulación sectorial como un modelo agotado. Reconoció que sobre el papel resulta atractiva, pero insistió en que los datos demuestran que no ha conseguido reducir los impactos publicitarios de alimentos no saludables sobre la población infantil.
La autorregulación pintaba bien, es bonita sobre la teoría, pero realmente hemos visto que no funciona. No está consiguiendo restringir como queremos esas campañas y esos impactos publicitarios"
dietista y nutricionista
Para Sánchez, el argumento de la libertad que esgrimen quienes se oponen a la regulación no se sostiene: "Libertad de qué", preguntó retóricamente, recordando que ya existe regulación para la publicidad de tabaco y alcohol precisamente porque son productos dañinos. La lógica, dice, debería aplicarse igual a la comida malsana.
El impacto en los menores: más allá del consumo
Uno de los puntos más desarrollados en su intervención fue el efecto que tiene esta publicidad no solo en los hábitos de compra, sino en la percepción que los niños y adolescentes construyen sobre lo que es una alimentación saludable. Al tratarse de personas en formación, con el pensamiento crítico todavía en desarrollo, los mensajes publicitarios calan con una profundidad que los adultos no experimentan de la misma forma.
Cambia su percepción de lo que es una alimentación saludable y también su capacidad de filtrar los mensajes que les hacen llegar sus referentes"
Dietista y nutricionista
El nutricionista subrayó que el aumento del consumo y la modificación de preferencias alimentarias son consecuencias directas y documentadas de esta exposición publicitaria en edades tempranas.
El modelo internacional: Reino Unido, Chile, Suecia, México
Lejos de quedarse en el diagnóstico, Sánchez apuntó a soluciones concretas. Citó a Reino Unido, Irlanda, Suecia, México y Chile como ejemplos de países que han implementado restricciones efectivas a la publicidad de alimentos no saludables dirigida a menores, con resultados positivos y evaluados.
Tenemos países muy referentes que no tienen contextos tan diferentes al nuestro. Les ha ido bien y ha funcionado. Imitémosles"
Dietista y nutricionista
La apelación a estas experiencias internacionales busca desactivar el argumento de que la regulación es inviable o excesivamente intervencionista, mostrando que ya existe un camino andando y con evidencias sólidas.
Contexto y próximos pasos
El debate sobre la regulación de la publicidad alimentaria dirigida a menores lleva años en la agenda política y sanitaria española, sin que hasta ahora se haya dado el salto definitivo hacia una legislación restrictiva comparable a la de los países citados por Sánchez. La Organización Mundial de la Salud lleva más de una década recomendando a los gobiernos que limiten la exposición de los niños a la mercadotecnia de alimentos y bebidas con alto contenido en grasas, azúcares y sal.
Con voces como la de Aitor Sánchez —que acumula una gran audiencia en redes sociales, presencia habitual en medios como RNE y una trayectoria académica que incluye estancias en el Karolinska Institutet de Estocolmo— ganando peso en el debate público, la presión sobre los legisladores para que actúen podría intensificarse en los próximos meses. La pregunta que queda en el aire es si el argumento científico terminará por imponerse al lobby de la industria alimentaria.



