Sospechas infundadas sobre la iniciativa social

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El protagonismo de la sociedad civil sigue despertando en España una extraña sospecha. La crisis institucional y económica ha provocado cambio de comportamientos, readaptaciones. Ha surgido un dinamismo y una creatividad que ha sabido utilizar los pocos recursos disponibles para superar las dificultades. Un ejemplo evidente ha sido el modo en que se han movido las familias durante estos años. Se ha vivido de la pensión del abuelo y del padre. Ha habido un gran dinamismo de las iniciativas de solidaridad. Las empresas han abierto mercados en el exterior. Ya hay 600 empresas que exportan por encima de los 50 millones de euros.Todo lo ocurrido es una invitación a cambiar de mentalidad. El Estado tiene un gran papel que jugar. Más aún en un mundo globalizado en el que no siempre se le ponen diques a un capitalismo financiero que no está al servicio de la persona. Pero no podemos seguir pensando que hay algo oscuro en que sea la sociedad civil, la Iglesia o las ONGs, las que gestionen una parte de los ingresos públicos, con los debidos controles. La eficiencia y la utilidad de esa gestión se pueden comprobar gracias a un ejercicio de transparencia ejemplar. Los hechos de los últimos años nos permiten tener más confianza en la libertad social, en este campo es necesario superar aún muchas inercias ideológicas.

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