SAN ISIDRO (Crónica)

Un San Isidro castizo y multicultural

Sol Carreras.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 14:46

Sol Carreras.

Chulapos, chotis, rosquillas y gallinejas conviven en la pradera de San Isidro con platos de paella, caipiriñas y actuaciones de música andina para celebrar el día grande de la capital, que presume de ser castiza y multicultural a partes iguales.

Desde primera hora de la mañana, centenares de personas han hecho cola en los alrededores de la ermita de San Isidro en busca del agua del santo con la esperanza puesta en sus propiedades supuestamente milagrosas.

"Me quedé ronca hace 50 años, me tomé un vaso de agua y se me quitó la ronquera", cuenta entusiasmada una señora que no falta a su cita con San Isidro todos los años, pese a que vive en El Escorial y tiene que hacer un viaje de más de una hora en transporte público hasta la capital.

Otros, más reticentes, no confían en milagros, pero agradecen poder beber gratis agua fresca en un día soleado como el de hoy en Madrid, con las temperaturas en ascenso. "Después de un chocolate con churros viene bien", bromea una mujer.

Provistos de botellas, vasos, garrafas e incluso botijos, devotos y madrileños tanto de origen como de adopción llenan sus recipientes en la barra instalada en el patio de la ermita, mientras expresan sus deseos al santo.

"Salud", dice una mujer ecuatoriana que lleva 15 años viviendo en Madrid. Sus hijas, mellizas de nueve años, también tienen claro lo que quieren: "Aprobar los exámenes", afirman al unísono, vestidas de chulapas.

En los alrededores, varios puestos ambulantes venden todo tipo de recuerdos de san Isidro, como pulseras, medallas, llaveros, cuadros y rosarios con la imagen del santo.

Los gigantes y cabezudos dan vueltas por la zona, donde suenan muchas canciones de zarzuela y chotis, uno de los bailes típicos de Madrid, aunque no el único.

"También hay mazurcas; pasacalles madrileños, que son muy alegres; y pericones", recuerda Carmen, una de las integrantes del club de chotis El cielo de Madrid tras una exhibición de baile.

A pocos metros de allí, un grupo de gente ha hecho un corrillo frente a un músico callejero que interpreta música andina, un buen ejemplo de la multiculturalidad de Madrid.

En los puestos de comida y bebida, los bocatas de calamares, los entresijos, las gallinejas, las roquillas del santo, los barquillos y la cerveza comparten espacio con los platos de paella, los mojitos y las caipiriñas.

"Yo soy andaluz, prefiero el jamón y el queso a las gallinejas", reconoce el camarero de una de las casetas.

Una chica acompañada de sus amigas ya comió gallinejas ayer y no piensa repetir, aunque este plato típico de Madrid hecho con tripas de gallina, cordero u otros animales tiene más adeptos de lo que parece.

"Es un manjar. Lo tomamos también en casa, cuando surge. Sólo hay que freírlo y ya está", explica un hombre rodeado de su grupo de amigos junto con los que se ha sentado en el césped para montar un picnic.

El padre de Héctor, de tres meses de edad, ha vestido a su hijo con el traje de chulapo, mientras que el de Diego, de mes y medio, lamenta que "no había talla" para el suyo por ser tan pequeño.

Y es que los trajes de chulapos y chulapas siguen siendo una estampa icónica de las fiestas dedicadas al patrón de Madrid, aunque es más habitual encontrar a niños o personas de mediana edad con ellos.

Los más jóvenes prefieren completar su atuendo con algún complemento castizo, como un clavel, una gorra de chulapo o un mantón, aunque algunas chicas han paseado este año por primera vez por la zona con el traje de chulapa entero, la mayoría con deportivas o alpargatas para ir más cómodas.

"No es que me diera vergüenza, es que no tenía", cuenta una chica que lleva el mismo traje que su suegra, los dos comprados en una tienda de disfraces, porque afirman que "lo buenos" son "muy caros".

Frente a la ermita de San Isidro, el fotógrafo Javier Aranburu ha instalado un "photocall" para retratar a chulapos y chulapas con la idea de incluir estas imágenes en un libro sobre Madrid. "Hay poca gente joven con traje. No sé el motivo, pero no se lanzan a vestirlo", sostiene.

Con traje típico o no, la intención es la misma: disfrutar del día libre con comida, bebida y los mejores deseos.

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