Línea Editorial 27/11/2015

Preferencia por los pobres

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Tiempo de lectura: 1' Actualizado 12:45

En Nairobi, en medio de un barrio marginal habitado por 100.000 personas, el Papa ha confesado que se sentía en casa. En el barrio de Kangemi viven 20.000 católicos. El Papa ha ido a verles para asegurarles que Dios no se olvida de ellos, y ha hecho una de las confesiones más determinantes de su Pontificado: “me siento como en casa, compartiendo este momento con hermanos y hermanas que, no me avergüenza decirlo, tienen un lugar preferencial en mi vida y mis opciones". Dicho en palabras del Papa, y en una visita apostólica, se trata de un gesto profético que implica a toda la Iglesia. Es fácil exigir a los Gobiernos que respondan con justicia para remediar la miseria en la que viven millones de hombres y mujeres de África. Sin embargo, en Nairobi, y en medio de un barrio en el que no hay alcantarillado y escasea el agua, el Papa hablaba en nombre de toda la Iglesia católica. La opción preferencial por los pobres no es un eslogan, ni una tarea encomendada a unos cuantos elegidos. Tampoco se trata de un estilo eclesial pasajero y reversible ligado al pontificado de Francisco. La preferencia por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha, es un signo que evidencia la verdad del Evangelio, y un deber que nace de las entrañas de la Fe cristiana.

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