A Obama se le abren los ojos en Siria

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Cuando estalló la guerra civil en Siria, todo el mundo esperaba con ojos complacientes la caída inminente de una dictadura más. Ya habían caído Mohamed Alí en Túnez; Mubarak en Egipto y Gaddafi en Libia, con el aplauso del mundo occidental que hasta entonces había mantenido excelentes relaciones con esos dictadores. Lo que vino después es bien conocido: la “primavera” llevó al poder a otro tipo de dictaduras de corte teocrático que obligaron a un cambio de rumbo en Túnez, dejaron a Libia enzarzada en una guerra civil permanente mientras en Egipto la gente tuvo que echarse a la calle para desalojar del poder a los Hermanos Musulmanes, tachados hoy de terroristas. Tan solo Al Asad, heredero de una de los típicas “revoluciones árabes” surgida en plena guerra fría, pudo resistir la presión del yihadismo.Han pasado cuatro años, han muerto más de doscientas mil personas y otras diez millones han tenido que dejar vacías sus ciudades devastadas, especialmente donde residía la minoría cristiana. Durante ese tiempo, el mundo occidental no ha dejado de apoyar a la dividida oposición siria mientras el yihadismo iba ocupando posiciones hasta fundar su criminal Estado Islámico. Ahora, Barack Obama, que estuvo a punto de bombardear Damasco, piensa  que es necesario ayudar al régimen sirio. Parece que el Presidente de los Estados Unidos se ha dado cuenta de que Asad, como ya afirmaba el ministro español de Asuntos Exteriores, es parte necesaria de la solución del problema sirio, que pasa por frenar al Estado Islámico, evitar la partición del país y defender a la minoría cristiana.    

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