Observador Permanente de la Santa Sede ante la ONU

Monseñor Silvano Tomasi: "La primera reacción es de sorpresa"

El observador permanente vaticano ante la sede de la ONU ha sido entrevistado en Radio Vaticana tras la publicación de las observaciones conclusivas del Comité de la ONU para los derechos del niño.

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Tiempo de lectura: 4' Actualizado 15:44

La Santa Sede ha acogido con sorpresa las observaciones conclusivas del Comité de la ONU para los derechos del niño, presentadas hoy en Ginebra, que lanzan duras acusaciones al Vaticano sobre la cuestión de los abusos a menores cometidos por representantes del clero. El organismo de Naciones Unidas afirma que la Santa Sede continuaría violando la Convención sobre los derechos de la Infancia. El Comité critica al Vaticano también por sus posiciones sobre la homosexualidad, la contracepción y el aborto. Sobre la reacción de la Santa Sede a estas acusaciones, Sergio Centofanti ha entrevistado a mons. Silvano María Tomasi, observador permanente vaticano ante la sede de la ONU en Ginebra.P.- El Comité de la Convención para los derechos del Niño ha publicado oficialmente hoy sus conclusiones y recomendaciones para los países que han sido examinados durante esta 65ª sesión y que son: Congo, Alemania, Santa Sede, Portugal, Federación Rusa y Yemen. La primera impresión: R.- Hará falta esperar, leer atentamente y analizar en detalle cuanto escriben los miembros de esta Comisión. Pero la primera reacción es de sorpresa, porque el aspecto negativo del documento que han elaborado, y que parece casi que estuviera ya preparado antes del encuentro del Comité con la delegación de la Santa Sede, que ha dado detalladamente respuestas precisas sobre varios puntos, que no han sido después recogidos en este documento conclusivo o, al menos, no parecen haber sido tomadas en seria consideración. De hecho, el documento parece casi que no ha sido actualizado teniendo en cuenta lo que en estos últimos años se ha hecho a nivel de Santa Sede, con las medidas adoptadas directamente por la autoridad del Estado de la Ciudad del Vaticano y después en los distintos países por cada Conferencia Episcopal. Así que falta la perspectiva correcta y actualizada que ha visto en realidad una serie de cambios para la protección de los niños, y que me parece difícil de encontrar al mismo nivel de empeño en otras instituciones o incluso en otros estados. ¡Esta es simplemente una cuestión de hechos, de evidencia, que no puede ser distorsionada!P.- ¿Cómo responde de modo preciso a las acusaciones concretas del Comité de la ONU?R.- No se puede responder en dos minutos ciertamente a todas las afirmaciones que se hacen –algunas muy incorrectas- en el documento conclusivo del Comité. La Santa Sede responderá, porque es uno de sus miembros, un estado que forma parte de la Convención: la ha ratificado y trata de observarla en el espíritu y en la letra, sin añadidos ideológicos o imposiciones que exceden la Convención misma. Por ejemplo: la Convención sobre la protección de los niños en su preámbulo habla de la defensa de la vida y de la protección de los niños antes y después del nacimiento; ¡mientras que la recomendación que se hace a la Santa Sede es la de cambiar su posición sobre la cuestión del aborto! Cierto, ¡cuando un niño es asesinado ya no tiene más derechos! Así que esto me parece una verdadera contradicción con los objetivos fundamentales de la Convención, que es el de proteger a los niños. Este comité no ha hecho un buen servicio a las Naciones Unidas, intentando introducir y requerir a la Santa Sede que cambie su enseñanza no negociable. Por tanto, es un poco triste ver que el Comité no ha cogido a fondo la naturaleza y las funciones de la Santa Sede, que precisamente ha expresado claramente al Comité su decisión de llevar adelante las peticiones de la Convención sobre los derechos del niño, pero definiendo justamente y protegiendo primero de todo aquellos valores fundamentales que hacen que la protección del niño sea real y eficaz.P.- La ONU había dicho en un primer momento que el Vaticano había respondido mejor que otros países sobre la protección de los menores. ¿Qué es lo que ha cambiado?R.- En la introducción del informe conclusivo viene reconocida la claridad de las respuestas facilitadas; no se ha intentado evitar ninguna petición hecha por el Comité, en base a la evidencia disponible, y donde no se disponía de una información inmediata nos hemos comprometido a aportarla en el futuro, según las directivas de la Santa Sede, y como hacen todos los gobiernos. De manera que parecía un diálogo constructivo y pienso que así debe permanecer. Por eso, vista la impresión habida del diálogo directo de la delegación de la Santa Sede con el Comité y el texto de las conclusiones y recomendaciones, viene la tentación de decir que probablemente ese texto estaba ya escrito y que no refleja los datos ni la claridad, salvo en algún añadido apresurado, de aquello que presentamos. Por eso debemos, con serenidad y en base a las evidencias -¡porque no tenemos nada que esconder!- llevar adelante la explicación de las posiciones de la Santa Sede, responder a los interrogantes que todavía permanecen, de manera que el objetivo fundamental que se quiere perseguir –la protección de los niños- pueda ser alcanzado. Se habla de 40 millones de casos de abuso de niños en el mundo. Por desgracia, algunos de estos casos –aunque en proporciones muy reducidas en comparación con todo aquello que está ocurriendo en el mundo- tocan a personas de Iglesia. Y la Iglesia ha respondido y reaccionado, ¡y continúa haciéndolo! Debemos insistir sobre esta política de transparencia, de no tolerancia a los abusos, porque con que hubiera solo un caso de abuso de un niño ya sería demasiado.P.- Entonces, ¿qué ha podido pasar?R.- Probablemente, las ONG –que tienen intereses sobre la homosexualidad, el matrimonio gay y otras cuestiones- han tenido ciertamente sus propias observaciones, las han presentado, y de alguna manera han reforzado una línea ideológica.

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