Brasil también está cansado de la corrupción

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Brasil era hasta hace poco uno de los referentes internacionales en cuanto que país prometedor y emergente, en el que habían puesto sus esperanzas no solo los propios brasileños. El sueño del país olímpico, del mundial de fútbol y de una supuesta nueva forma de entender la política desde la regeneración moral abría expectativas muy interesantes en el contexto de un continente donde casi todas las políticas de centro izquierda parecían reducirse al populismo de corte bolivariano.Brasil ha realizado importantes avances pero la promesa no se ha realizado por completo. Y como reflejo de ello, este domingo una multitud ha recorrido las calles de Río para pedir la dimisión de su Presidenta. El hartazgo tiene que ver precisamente con las promesas incumplidas. Muy especialmente la clase media está ahogada, y se ha hartado de soportar una política fiscal que, en su parte más dura, recae sobre ella, mientras la corrupción no para de crecer entre la propia clase política.El Gobierno ha salido a la palestra de urgencia prometiendo justamente la puesta en marcha de un paquete de medidas anticorrupción. Lamentablemente parece que llegan tarde a un pueblo cansado de palabras bonitas que no se traducen en buenas obras.

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