LÍNEA EDITORIAL

El abrazo del Papa al mundo

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El discurso del Papa Francisco a los representantes diplomáticos de los países con los que la Santa Sede mantiene relaciones es una oportunidad inmejorable para ratificar la voluntad de la Iglesia de fortalecer y ampliar su amistad con todos los pueblos del mundo. El Papa Francisco ha aludido a ello esta mañana con la mirada puesta en aquellos países que, todavía hoy, no han suscrito relaciones formales. Éstas son un bien para la humanidad, tal y como la dramática historia del siglo XX ha tenido oportunidad de demostrar en más de una ocasión.   De hecho, es innegable que la presencia de la Santa Sede en el concierto internacional, desde su naturaleza religiosa específica, ha generado numerosos beneficios de paz. La presencia de la Iglesia a lo largo y ancho del mundo se expresa en el cuidado a los más débiles, a los indigentes, a los pobres de pan y a los que por indiferencia o voluntad niegan a Dios. Francisco de Asís, el santo de quien ha tomado el nombre el papa Francisco, sirvió a la paz entre los hombres y los pueblos desarrollando relaciones de fraternidad sostenidas por el amor a Dios. Ésta es hoy una de las misiones privilegiadas del papado: trazar puentes que permitan que hombres que profesan credos religiosos distintos o no simplemente no tienen respuestas religiosas para sus vidas puedan colaborar juntos por el bien del hombre y de la Creación que sostiene su vida.

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