Cottarelli, exdirigente del FMI y guardián del gasto público

Apodado como "Señor Tijeras", investigó cómo reducir el gasto y cómo acabar con el despilfarro de dinero público, pero su informe acabó en un cajón

Cottarelli, exdirigente del FMI y guardián del gasto público

 

AGENCIAS

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 13:12

Carlo Cottarelli, elegido por el jefe de Estado italiano, Sergio Mattarella, para la casi imposible misión de formar Gobierno, es un exdirigente del Fondo Monetario Internacional que se ha erigido en los últimos años como guardián del gasto público de Italia. El encargado del denominado "Gobierno del presidente", para resolver los asuntos urgentes y conducir al país a nuevos comicios con una nueva ley electoral, tiene 64 años, nació en Cremona (norte), es licenciando en Ciencias Económicas y bancarias en la Universidad de Siena y tiene un máster en Economía en la London School of Economics.

Aunque su Ejecutivo difícilmente se pondrá en marcha, ya que la ultraderechista Liga, que eliminó la palabra Norte de su nombre, y los antisistema del Movimiento 5 Estrellas (M5S), que tienen la mayoría parlamentaria, han anunciado que no lo votarán. Trabajó en el Banco de Italia desde 1981 a 1987 y en la petrolera ENI, de 1987 a 1988, hasta que se incorporó al Fondo Monetario Internacional (FMI), con sede en Washington, como director del Departamento de Asuntos Fiscales.

En Italia empezó a ser conocido cuando en 2013 Enrico Letta, nombrado por el entonces Jefe de Estado, Giorgio Napolitano, como presidente del Gobierno ante la situación de ingobernabilidad en el país, le llamó para que fuera comisario extraordinario para el ajuste del gasto público, la llamada "spending review".  Durante un año, Cotarelli, al que bautizaron como "Señor Tijeras", investigó cómo reducir el gasto y cómo acabar con el despilfarro de dinero público, cerrando algunos entes públicos, pero su informe acabó en un cajón. Abandonó su cargo en octubre de 2014 con la llegada de Matteo Renzi tras defenestrar a Letta y siempre confesó su amargura por no haber contado con el apoyo político para llevar a cabo su cometido.

Regresó al FMI algunos meses como director ejecutivo hasta su jubilación con 60 años.  Su vuelta a Italia fue como director del Observatorio sobre las cuentas públicas de la Universidad Católica de Milán, que se ha convertido en un organismo de referencia a la hora de controlar los gastos del país. El pasado enero publicó su último libro: "Los siete pecados capitales de la economía italiana", donde describe los motivos que impiden el crecimiento y el relanzamiento de la economía, y que según él son la evasión fiscal, la corrupción, el exceso de burocracia y la lentitud de la Justicia, entre otros.

La figura de Cottarelli ha sido siempre muy apreciada por todos los partidos políticos y ha sonado en varias ocasiones entre los posibles ministros, a pesar de que en sus análisis siempre ha criticado los programas políticos por considerarlos inaplicables. Aunque este economista es contrario a la salida del euro, como ha precisado en sus escritos, también es conocido por sus criticas al funcionamiento de la Unión Europea y de la moneda única.  En una reciente entrevista concedida a la página web de análisis político Linkiesta, a pesar de que consideró que sería un error salir del euro, culpó a la moneda única de que Italia haya dejado de crecer. Salir del euro es un salto al vacío que hay que evitar de cualquier manera. Pero no podemos negar que nuestra economía no se ha adecuado a las reglas económicas de un área monetaria única", dijo.  "Que Alemania no ha hecho lo que es necesario para reforzar la UE es un hecho. Berlín está realizando una política presupuestaria demasiado restrictiva a pesar de que tiene una deuda baja. Si fuera más expansiva ayudaría al resto de Europa. Pero dicho esto, repito que es equivocado pensar que Alemania ponga rejas a los demás países".

Durante los meses de campaña, Carlo Cottarelli realizó un informe que entregó al Ministerio del Interior en el que analizaba que las promesas electorales, si se cumpliesen, costarían cerca de un billón de euros, lo que dispararía la ya casi insostenible deuda pública del país, que actualmente es del 132 % en relación con el Producto Interior Bruto (PIB). 

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