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PP VASCO (Análisis)

Un PP vasco en su peor momento buscará recuperarse con su discurso clásico

El Partido Popular del País Vasco afronta el peor momento de su historia, del que busca recuperarse con el retorno a su discurso más clásico, el del enfrentamiento frontal con el nacionalismo y la defensa del constitucionalismo, y el reparto del poder interno entre todos los sectores para garantizar la unidad. ,Iturgaiz ha insistido hoy mismo en centrarse en "la Constitución, la defensa de las libertades, de la democracia, de la unidad de España en esta tie

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09 oct 2020

Mikel Folgueira

El Partido Popular del País Vasco afronta el peor momento de su historia, del que busca recuperarse con el retorno a su discurso más clásico, el del enfrentamiento frontal con el nacionalismo y la defensa del constitucionalismo, y el reparto del poder interno entre todos los sectores para garantizar la unidad.

Iturgaiz ha insistido hoy mismo en centrarse en "la Constitución, la defensa de las libertades, de la democracia, de la unidad de España en esta tierra vasca y española".

Este planteamiento es compartido por todo el PP vasco, pero la diferencia es que Iturgaiz no incorpora los toques "vasquistas" referentes a la foralidad que se aprobaron en la conferencia política del PP vasco de hace un año con Alfonso Alonso y Borja Sémper, aunque hoy ha recibido el apoyo de los sectores que los sacaron adelante.

En las pasadas elecciones vascas, el PP, en coalición con Ciudadanos, tuvo el peor resultado desde que fue fundado en 1989 con Jaime Mayor Oreja al frente, al quedarse en 60.650 votos (en 1990 logró los mismos 6 escaños pero con 83.719 papeletas) y el 6,77 %, lo que le dejó en 6 parlamentarios (3 menos) y además 2 fueron para Ciudadanos.

En las municipales de 2019 también se redujo notablemente su presencia institucional al bajar a 55 concejales y solo dos alcaldes, los de las pequeñas localidades alavesas de Baños de Ebro y Navaridas, de menos de 300 habitantes.

Este retroceso además no es achacable a la fractura del centroderecha español, ya que en Euskadi Ciudadanos y Vox son residuales, ninguno de ellos tiene ni un concejal y aunque Vox consiguió un parlamentario solo tuvo 17.569 votos, menos del 2 %.

La caída de este espacio político es constante desde que la política vasca entró en una fase moderada, primero con el viraje del PNV hacia el posibilismo tras la etapa de Ibarretxe y después con el fin del terrorismo de ETA en 2011.

El mejor resultado del PP en unas elecciones vascas (las generales en Euskadi arrojan resultados distintos) fue en 2001, en el momento de mayor división política.

Entonces, en un clima de máxima polarización, el PP consiguió con Mayor Oreja más de 300.000 votos y 19 escaños para ser la segunda fuerza, aunque el PNV con Ibarretxe también tuvo su mejor resultado con 600.000 votos y 33 parlamentarios, ya que ambos candidatos movilizaron mucho "voto del miedo".

Desde entonces la caída del PP ha sido constante. El PNV no solo dejó de dar "miedo" al cambiar a Ibarretxe por Urkullu, sino que comenzó a captar voto moderado que iba al PP, y el valor electoral de la "resistencia" frente al terrorismo desapareció al dejar ETA de matar. Estos dos factores hicieron que la papeleta del PP perdiera "utilidad" para el electorado vasco.

Tras la retirada de María San Gil en 2008, los nuevos dirigentes del PP como Antonio Basagoiti, Alfonso Alonso o Borja Sémper buscaron recolocar a un partido que estaba aislado y "arrinconado" en el tablero político vasco.

Un imagen más "joven" y menos "casposa", la recuperación de la interlocución y los acuerdos puntuales con el PNV en Euskadi y España y marcar un perfil "vasco", sobre todo con la defensa de la foralidad y el Concierto, tampoco evitaron que continuara el descenso.

Además, las relaciones internas fueron empeorando, lo que se escenificó en el congreso en 2017 del PP de Bizkaia, la organización con más afiliados, con el partido dividido prácticamente por la mitad en dos sectores irreconciliables.

El relevo de Mariano Rajoy por Pablo Casado ahondó el problema al imponer Génova sus candidatos, desconocidos en el caso de Iñigo Arkauz y Bea Fanjul, en las generales en contra de la opinión de los dirigentes vascos, la mayoría de ellos "sorayistas".

La fractura ya fue total cuando Casado cedió dos puestos de salida a Ciudadanos en las listas vascas pese a su escaso aporte electoral en Euskadi, lo que motivó la retirada de Alonso (Sémper había dejado la política unos meses antes).

Esta coalición con Cs tuvo una lógica "nacional" para el PP para tratar de unificar el centroderecha, igual que la recuperación de Carlos Iturgaiz, primero como candidato y luego como presidente, con un discurso antinacionalista que puede frenar a Vox y desgastar al PSOE por sus acuerdos con los independentistas catalanes, PNV o Bildu.

Lo que está por ver es que ese discurso antinacionalista y constitucionalista funcione entre el electorado moderado vasco cuando el PNV está en una estrategia posibilista y marcando distancias con el "procés" catalán. EFE

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