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POLÍTICA AMENAZAS

Una semana de los sobres con balas: la "papeleta" de la investigación ante 4M

Las fuerzas de seguridad comienzan a estrechar el cerco a los autores de las cartas con balas enviadas a varios dirigentes políticos, conscientes de las dificultades de desentrañar el recorrido de cada una de ellas y convencidos del efecto llamada que ha tenido su difusión.,Unas cartas que llegaron en plena campaña electoral y que las fuerzas de seguridad atribuyen a extremistas o personas con algún problema mental. "No son amenazas que teng

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 13:27

Laura Camacho y Sagrario Ortega

Las fuerzas de seguridad comienzan a estrechar el cerco a los autores de las cartas con balas enviadas a varios dirigentes políticos, conscientes de las dificultades de desentrañar el recorrido de cada una de ellas y convencidos del efecto llamada que ha tenido su difusión.

Unas cartas que llegaron en plena campaña electoral y que las fuerzas de seguridad atribuyen a extremistas o personas con algún problema mental. "No son amenazas que tengan componente de peligrosidad. El que quiere hacer daño lo hace y no amenaza antes de esta forma", resalta a EFE un alto mando policial.

Y como él, otros investigadores consultados por EFE recuerdan que este tipo de envíos se produce con relativa frecuencia y creen que darles publicidad no solo complica las pesquisas, sino que alimenta y anima a otras personas a hacerlo y "provoca confusión", dice un agente.

No obstante reconocen que en campaña electoral es "tentador" instrumentalizar estos hechos. "Sin elecciones, esto hubiera pasado sin pena ni gloria", asegura otro investigador.

"Desde Felipe González a Mariano Rajoy muchos políticos han recibido amenazas y nadie se ha enterado. Hay mucho perturbado y también mucho fan", relata a EFE un empleado de Correos con casi 40 años de servicio en la empresa, que en estos casos se limita a avisar a las fuerzas de seguridad. "Ahí terminamos nosotros y a partir de ahí se encarga la Policía".

Las fuentes consultadas creen que este efecto llamada es lo que pudo ocurrir con las tres últimas misivas que iban dirigidas a Isabel Díaz Ayuso, a Pablo Iglesias de nuevo y a José Luis Rodríguez Zapatero, que según las fuentes pudieron ser consecuencia de este efecto imitación.

Más "auténticas" y "profesionales" ven las tres primeras: las que el jueves día 22 recibieron Fernando Grande-Marlaska, Pablo Iglesias y María Gámez, directora general de la Guardia Civil.

CERTEZAS, INCÓGNITAS Y SOSPECHAS

Una semana después Policía Nacional, Guardia Civil y Mossos d'Esquadra avanzan en sus pesquisas con absoluto hermetismo.

Pero, ¿qué se sabe de las seis cartas? Una más, la que recibió la ministra de Industria, Reyes Maroto, con una navaja aparentemente ensangrentada, está ya esclarecida tras la localización del autor que había puesto su nombre y dirección reales en el sobre.

Los investigadores buscan a al menos tres autores y están prácticamente convencidos de que el de las tres primeras es el mismo. Otro podría ser el que depositó en un buzón de Barcelona ya localizado la carta para Ayuso y otro el que la echó en otro buzón de Madrid, identificado también, dirigida a la Guardia Civil pero cuyo destinatario era Iglesias.

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Tanto estas dos como la última conocida, la remitida a Zapatero, fueron interceptadas en Correos.

Las seis, en cualquier caso, ya estás en manos de los investigadores que prevén resultados más inmediatos con las últimas misivas que con las primeras, en las que trabajan desde hace ocho días agentes de Científica y de Información.

Así, tratan de sacar alguna evidencia del papel, la caligrafía -la letra en mayúscula con el uso de plantilla lo hace más difícil- o, incluso, del propio contenido de los textos.

Sin perjuicio de que se acumulen en una sola causa, las diligencias ya han pasado a cuatro juzgados en la Comunidad de Madrid y a otro de la provincia de Barcelona.

LAS BALAS

Expertos en armas de las fuerzas de seguridad explican a Efe las características y uso de los distintos proyectiles hallados en seis cartas.

Las tres dirigidas a Marlaska, Iglesias y Gámez contenían cartuchos del calibre 7,62x51 milímetros; la de Ayuso, dos de 22mm y la de Zapatero del calibre 38mm. El segundo sobre dirigido al candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid albergaba tres balas, dos del calibre 22 y la tercera del de 7,62.

Estas últimas han sido las más empleadas en las seis cartas, con hasta ocho cartuchos remitidos a los diferentes destinatarios. Se trata de una munición de armas de guerra y fusiles de asalto que usan fuerzas armadas y unidades específicas de las fuerzas de seguridad.

Pese a que la venta de esta cartuchería está prohibida a particulares y actualmente no se puede comprar en armerías, las fuentes consultadas aseguran a Efe que esta munición puede estar en manos a día de hoy de ciudadanos que han hecho la mili, pues era una de las municiones usadas.

La dificultad de saber su origen es elevada, inciden a Efe, pues en los cartuchos puede figurar tan solo el nombre del fabricante y un año.

Tampoco es fácil seguir la trazabilidad de los cartuchos del calibre 22 hallados en las misivas a Ayuso y la segunda carta a Iglesias, que también contenía de 7,62. La de 22 es una munición de armas cortas, del tamaño de la yema de un dedo y que usa sobre todo para la práctica de tiro deportivo. A diferencia de las anteriores su compra es legal para quien disponga de permisos.

Por última, las fuentes consultadas explican que la de 38 milímetros, el calibre de las balas de la carta de Zapatero, se utiliza para tipos de revólveres que en la actualidad tienen como dotación vigilantes privados de seguridad y también para tiro deportivo.

EL AGUJERO

El "agujero" que se investiga es cómo pudo fallar el control en el Centro de Tratamiento de Vallecas con las tres primeras.

Correos atribuyó el fallo a un vigilante de la seguridad privada que tiene subcontratada y, mientras los sindicatos UGT y CCOO acusan a Correos de minusvalorar la seguridad, la empresa asegura que el cien por cien de los envíos considerados de riesgo pasan por el escáner.

Al saco de las dudas arroja una más el veterano empleado consultado por EFE. Este hombre explica que cuando el escáner detecta un metal se enciende una luz azul. Si son explosivos, la luz es naranja. Ese chivato no solo lo ve el vigilante, sino también el empleado de Correos que introduce en la cinta los envíos.

Cuando la luz parpadea, el protocolo es avisar inmediatamente al responsable del centro que, a su vez, alerta a las fuerzas de seguridad. "¿Fallo humano?¿Del escáner?¿Y tres paquetes consecutivos? Ya es casual que pasen a la vez y no se detecten", se pregunta este empleado.

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