JUICIO ESTAFA (Crónica)

Una boda y dos funerales (falsos)

Laura López

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 16:58

Laura López

Una de las peores cosas que le podría pasar a una novia el día de su boda es despertarse con un correo electrónico de la empresa de catering diciendo que nadie podrá encargarse de su banquete porque los responsables acaban de morir en un terrible accidente.

Lo segundo peor que le podría pasar es que esta empresa dejara de cogerles el teléfono semanas y meses después para atender su reclamación de devolverle los 1.500 euros que ya había pagado por el servicio que nunca les prestó.

Pero, sin duda, la peor forma en que podrían acabar los preparativos de una boda para la novia es en un juicio, tres años después, en la que es citada a declarar como testigo delante del hombre que una vez aseguró a su marido por teléfono que estaba siendo enterrado en ese preciso instante.

Sorina, finalmente, celebró su boda el día que tenía previsto, el 5 de septiembre de 2015, aunque con un retraso de tres horas porque tuvo que improvisar una celebración muy lejos de la que había soñado debido a lo que parecía un golpe tremendo de mala suerte.

Tal y como ha relatado ella hoy en el juicio en la Audiencia Provincial de Madrid, meses atrás había decidido, junto a su marido Leonardo, delegar la responsabilidad del banquete a la empresa "Catering Módena", con la que concertaron a través de un contrato verbal, que nunca se puso sobre papel, el servicio para 40 invitados.

La pareja, según lo previsto, hizo el ingreso del 75 % del precio del banquete, 1.500 euros, en la cuenta corriente acordada, creyendo de esta forma que estaban cerrando uno de los preparativos de la boda que más quebraderos de cabeza les había dado, el convite.

Aunque el día de la ceremonia y después de leer el email con la terrible noticia, los novios no consiguieron hablar con la empresa, Leonardo logró al día siguiente que alguien le cogiera el teléfono: un hombre que decía ser el hermano de Jesús, y que le comunicó que en ese mismo instante estaban siendo enterrados padre e hijo.

Después de meses sin recibir más noticias de la empresa ni la devolución del dinero, Sorina y Leonardo descubrieron por internet que Catering Módena había protagonizado otros episodios de estafa de similares características: al menos seis parejas formaban parte de un grupo en Facebook que se habían unido con este motivo.

Una denuncia y tres años después, se ha celebrado hoy y en apenas dos horas el juicio ante la Audiencia de Madrid contra Jesús C. R. y Yerai C. D., quienes han acudido vivos, y para los que la fiscal ha pedido un año y tres meses de prisión, además de que, "por supuesto", devuelvan ya los 1.500 euros estafados al matrimonio.

La fiscal mantiene que la persona que cogió el teléfono para comunicar su propio entierro fue Jesús, pero este, durante su declaración, ha negado tal hecho y ha explicado que decidió no servir el banquete porque la pareja le debía "unos suplementos" y no le dio "muy buena impresión".

La responsabilidad de Yerai se limita a su condición de titular de la cuenta donde se ingresó el dinero, una cuenta que manejaba íntegramente su padre y que, además, ya le fue embargada porque su progenitor le dio de alta en autónomos sin su consentimiento y luego no pagó la cuota.

Respecto a este "pufo" por el que Yerai dice seguir pagando, Jesús ha declarado lo siguiente: "Pensé que era lo que más me convenía".

El turno de la última palabra en el juicio ha estado bañado en lágrimas en ambos casos. Jesús, por su parte, ha expresado estar dispuesto a "pagar con cárcel, otra vez", aunque de lo único de lo que sea culpable es "de ser un mal padre" con tal de que absuelvan a su hijo.

Yerai, por la suya, también entre llantos, se ha ofrecido a ser sometido a "la máquina de la verdad o lo que sea" para demostrar su inocencia.

Pero ha sido el hermano de este último, Cristian, que permanecía sentado entre el público, el protagonista de los últimos minutos en la sala, pues ha querido salir el primero y, cuando ha sido detenido por los agentes judiciales, ha comenzado a gritar "¡No quiero verle, que no quiero verle!", señalando a su padre.

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