CONGRESO CONTROL (Crónica)

No es tan fiero el hemiciclo como lo pintan

Sólo Venezuela ha elevado el tono de la primera sesión de control de la investidura, el primer examen en el Congreso que ha pasado el Gobierno de coalición en un ambiente mucho menos bronco del que se esperaba y mucho menos crispado que en la investidura.,Al menos hoy, este hemiciclo no ha sido tan fiero como lo pintan.,Porque unas horas después del duro debate sobre la eutanasia, los diputados han llegado al Congreso aparentemente más sosegados y sólo los

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 13:50

Patricia de Arce

Sólo Venezuela ha elevado el tono de la primera sesión de control de la investidura, el primer examen en el Congreso que ha pasado el Gobierno de coalición en un ambiente mucho menos bronco del que se esperaba y mucho menos crispado que en la investidura.

Al menos hoy, este hemiciclo no ha sido tan fiero como lo pintan.

Porque unas horas después del duro debate sobre la eutanasia, los diputados han llegado al Congreso aparentemente más sosegados y sólo los gritos de "dimisión" hacia el ministro José Luis Ábalos por su reunión en Barajas con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, han perturbado esta jornada de estrenos.

La mañana empezaba al modo tradicional, con el líder de la oposición preguntando al presidente. Tan tradicional ha sido que no ha habido sorpresa alguna.

Y mientras Pablo Casado recurría a un reproche narcisista para colar Venezuela -"por mucho que se mire al espejo, no es Kennedy, pero a tiempo está de no seguir los pasos de Maduro", le ha dicho a Sánchez-, el jefe del Ejecutivo le respondía con el reproche de siempre, el de que el líder del PP es el "eco de la ultraderecha".

Con este primer cara a cara, pero sobre todo con el que ha enfrentado a Sánchez con el líder de Vox, Santiago Abascal, se ha visto el primer aplauso unísono al presidente por parte de la coalición, ministros y diputados de Podemos incluidos.

Ha sido Abascal el primer líder en pedir dimisiones en esta legislatura, cuando le ha dicho a Sánchez que deje el cargo si fue él quien ordenó a Ábalos ir a hablar con Rodríguez, o que se vaya Iglesias por ser "delegado" de Maduro o que lo haga Ábalos si actuó por su cuenta. En resumen, el primer "váyanse" a los miembros del Gobierno.

Poco ha sufrido Sánchez, porque tras estas dos preguntas llegaba la de Gabriel Rufián. Y si en la última sesión de control de la pasada investidura el portavoz de ERC preguntó al presidente qué proyecto político tenía para Cataluña, en esta ocasión sólo le ha dado "ideas" para luchar contra todos los tipos de fascismo, incluido el "chusco" de Vox.

Ni una palabra sobre Cataluña, la búsqueda de soluciones al conflicto político, la situación de los presos o la mesa de diálogo que ERC y el PSOE han pactado poner en marcha: Nada que ver este Rufián con el que en septiembre, a las puertas de una segunda campaña, auguraba a los socialistas clamando por un nuevo 155.

Nada que ver tampoco este Sánchez, que prometía a Rufián seguir con los compromisos de memoria histórica, con el que en septiembre advertía al portavoz de Esquerra de que volvería a aplicar "cualquier artículo" de la Constitución si los independentistas vulneraban de nuevo la ley.

Ha supuesto, sin duda, la muestra más clara de que el momento político es bien distinto. Pero no ha sido la única: Ha habido algunos que asumían un rol muy diferente al que han tenido hasta la fecha en este hemiciclo.

Y es que Pablo Iglesias ha respondido hoy por primera vez como vicepresidente del Gobierno y se ha metido de lleno en el papel, al ceñirse a la pregunta que figuraba en el orden del día y no entrar en las provocaciones o críticas que ha colado el secretario general del PP, Teodoro García Egea.

Egea ha apurado sus dos minutos y medio para hacer todo tipo de reproches a Iglesias y poner al Ejecutivo varios calificativos. Desde el Gobierno de "todos contra España" al "Gobierno de la mentira".

Pero el líder de Podemos no ha entrado al trapo, ha hablado de la agenda 2030 y ha utilizado un tono pausado y tranquilo. Hablando incluso bajito, como hacía otra vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando contestaba en estas sesiones.

Qué lejos ha quedado también para Iglesias aquella última sesión de control de la anterior legislatura en la que no preguntó a Sánchez pero sí se llevó los reproches de su ahora compañera de gabinete Carmen Calvo por haber "roto la baraja" del acuerdo con el PSOE.

Porque ya nada es como antes, y hoy Iglesias y Calvo se sientan juntos en la bancada azul de un Gobierno que hoy ha estado casi al completo en el Congreso.

Y ni Sánchez ni ninguno de los ministros que ha venido al Congreso se ha levantado de sus asientos cuando le tocaba a José Luis Ábalos pasar el trago de responder a la oposición las tres preguntas seguidas sobre su encuentro con Delcy Rodríguez. No han estado, sin embargo, durante la interpelación de la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo.

Las preguntas a Ábalos han traído el momento más tenso de la jornada, con los gritos pidiendo la dimisión del ministro y calificativos como "mentiroso" o "prevaricador" por parte de varios portavoces.

Pero Ábalos ha contado con el aplauso de sus compañeros ministros y del propio presidente. Después se ha ido vaciando la abarrotada bancada azul y el resto de escaños de esta sesión de control que ha acabado pronto y ha traído menos gresca de la que muchos auguraban.

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