Boletín

JUICIO PROCÉS (Crónica)

Punto y seguido

Alivio y preocupación son probablemente lo que habrán sentido los doce acusados del "procés" cuando a las 19:02 horas el presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha dejado visto para sentencia el juicio. Pero la última de las 52 jornadas de esta vista solo ha puesto un punto y seguido a un conflicto que se antoja largo.,Lo han augurado casi todos los propios procesados, que han hecho uso de su derecho a la última palabra para convertir el banquillo de los

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 21:09

Sagrario Ortega

Alivio y preocupación son probablemente lo que habrán sentido los doce acusados del "procés" cuando a las 19:02 horas el presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha dejado visto para sentencia el juicio. Pero la última de las 52 jornadas de esta vista solo ha puesto un punto y seguido a un conflicto que se antoja largo.

Lo han augurado casi todos los propios procesados, que han hecho uso de su derecho a la última palabra para convertir el banquillo de los acusados en una tribuna política, con alocuciones propias de un mitin y sin dejar espacio alguno al arrepentimiento.

Solo la alusión a sus familiares, algunos presentes en la sala, ha quebrado la voz de algún acusado y rebajado el tono enfático de los alegatos.

Quizá sintiendo el aliento de los presidentes de la Generalitat, Quim Torra, y del Parlament, Roger Torrent, los acusados han preferido reiterarse en sus planteamientos independentistas que defenderse de las acusaciones, salvo la expresidenta de la Cámara autonómica Carme Forcadell.

Solo su traje de chaqueta y pantalón amarillos expresaban su ideología independentista, que ha eludido volcar en sus palabras.

"Estoy siendo juzgada por mi trayectoria política, por ser quien soy; no por mis actos ni por mis hechos", ha proclamado Forcadell en su enésimo intento de hacerle ver al tribunal que no ha hecho ni dicho nada distinto a sus compañeros de la Mesa del Parlament, a los que no se les ha imputado en esta causa.

Inocencia que "con voz clara y alta" también ha proclamado otra de las acusadas, la exconsellera de Trabajo Dolors Bassa, que se ha definido como "profesora, republicana, feminista, independentista" y, sobre todo, demócrata, como se han definido también los demás.

La política no ha abandonado el juicio en casi ninguna de las 52 sesiones, pero hoy, al igual que en las primeras jornadas, ha estado más presente que nunca. Y al terreno de la política quieren los acusados que baje el tribunal cuando dicte sentencia, hasta el punto de descargar en él la responsabilidad del devenir de las relaciones de Cataluña con el Estado.

Atentamente ha escuchado Marchena esos alegatos -más extensos unos, como el de Jordi Sànchez, y más breves otros, como el de Oriol Junqueras-, pero solo eso. Ningún gesto que permita aventurar si el tribunal recoge o despeja la pelota. Es cosa suya.

"No me gustaría estar en su lugar", ha reconocido Sànchez dirigiéndose al tribunal y emplazándole a que "no agrave la crisis política" con su sentencia.

Con más expectación se esperaba el alegato de Junqueras, que hoy, en el tramo final del juicio, no ha tenido más remedio que sentarse en la primera fila de las cuatro que el Salón de Plenos del Tribunal Supremo ha habilitado como banquillo de los acusados.

Junqueras, que se ha definido sobre todo como padre de familia y profesor, ha agradecido poder hablar después de tanto tiempo "privado" de la palabra, que hoy ha utilizado para manifestar su compromiso "irrenunciable con la bondad humana" y para reivindicar la vuelta de la cuestión catalana "a la buena política, al terreno del diálogo y al acuerdo".

En eso han coincidido todos, como han coincidido en señalarse como políticos que han trabajado y seguirán haciéndolo por los catalanes. Pero nada han dicho de esa herida abierta que ha dejado un proceso que, con toda probabilidad, nadie quería que acabara en los tribunales.

"¿Cómo hemos podido llegar a este punto, a este despropósito?", se ha preguntado Santi Vila, el exconseller "díscolo". Es probable que Torra no lo haya oído porque precisamente se ha ausentado de la sala cuando ha comenzado el alegato de Vila.

Tampoco habrá escuchado esta otra reflexión de este mismo acusado: "Para saber dónde queríamos llegar, qué mal lo hemos hecho".

Con citas de Sócrates, como "es mejor sufrir un injusticia que cometerla" reproducida por Sànchez, del poeta Joan Maragall, de Salvador Espriu, Gil de Biedma o de Iñigo Urkullu, los acusados han tendido su mano para abrir un diálogo que ellos consideran rompió el Gobierno.

Para ello, habrá que abrir puertas. Y esto puede ser posible porque, como le dijo un preso a Sànchez, "no hay puerta que se resista".

El juicio ha acabado. El Salón de Plenos del Tribunal Supremo ha recogido en 52 sesiones las dos versiones de una herida que es necesario cerrar y en sus paredes han resonado palabras tan antagónicas como paz y odio.

Hoy Marchena ha cerrado el juicio con estas cuatro palabras: "Muchas gracias a todos". Ojalá se puedan también pronunciar cuando se ponga el punto final a este capítulo de la historia de España.