TERRORISMO ETA

ETA admite, 37 años después, que mató a 3 vendedores de libros en euskera

"ETA mata, pero no miente". El mantra, tantas veces repetido, no lo acuñó ningún dirigente de la izquierda abertzale, sino el entonces ya exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, el 20 de febrero de 2004. Pero ahora, en sus últimos estertores, la propia organización ha reconocido al fin que mataba y también mentía.,Como lo hizo cuando negó el asesinato de tres jóvenes vizcaínos, vendedores a domicilio de libros y casetes para aprender euskera, a qu

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 13:49

Rafael Herrero.

"ETA mata, pero no miente". El mantra, tantas veces repetido, no lo acuñó ningún dirigente de la izquierda abertzale, sino el entonces ya exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, el 20 de febrero de 2004. Pero ahora, en sus últimos estertores, la propia organización ha reconocido al fin que mataba y también mentía.

Como lo hizo cuando negó el asesinato de tres jóvenes vizcaínos, vendedores a domicilio de libros y casetes para aprender euskera, a quienes confundieron con policías el 21 de junio de 1981 en Tolosa (Gipuzkoa),

Hoy se ha conocido, a través de una información del diario Gara, que en su último "Zutabe", el boletín interno de ETA, la organización ha admitido dos atentados que nunca hasta ahora había reconocido, el de los tres jóvenes en Tolosa -que no sólo no había asumido, sino que había negado expresamente-, y el de la cafetería Rolando, en la calle Correo de Madrid el 13 de septiembre de 1974, que costó la vida a 13 personas.

Ambas acciones han sido siempre atribuidas a ETA sin apenas controversia, pero en el caso de los tres jóvenes la organización nunca quiso admitir el error cometido e incluso llegó a emitir un comunicado en el que negaba la autoría de los asesinatos.

Aquel 21 de junio de 1981, Iñaki Ibargutxi y los hermanos Pedro Conrado y Juan Manuel Martínez Castaños se habían desplazado a Tolosa desde Bizkaia, donde residían, para dedicarse a vender a domicilio material didáctico, fundamentalmente libros y casetes en euskera.

Se tomaron un respiro en su jornada laboral en el bar Beti Jai, en el que acostumbraban a comer, y al salir, cuando iban a subirse a su coche, fueron acribillados a balazos. Dos de ellos, Iñaki Ibargutxi y Juan Manuel Martínez Castaños, murieron en el acto, mientras que Pedro Conrado padeció una larga agonía hasta fallecer el 28 de marzo de 1982 a causa de las heridas sufridas en aquel atentado.

Las crónicas de la época reflejan que los atacantes abandonaron el lugar al grito de "Gora ETA militarra" (Viva ETA militar) y el Mando Único Antiterrorista rápidamente atribuyó el atentado a esta rama de la organización terrorista, que un día después comunicó telefónicamente al diario Egin que no había tenido ninguna relación con lo sucedido.

"No tenemos nada que ver con el asesinato de ayer en Tolosa, en el que murieron dos jóvenes, a cuenta de los mercenarios pagados y que crea la confusión y el terror en Euskadi", dictó el comunicante que habló en nombre de ETA.

La mentira fue inmediatamente amplificada por Herri Batasuna, que no dudó en calificar los asesinatos como "maniobra destinada a desprestigiar a ETA y, de paso, a la izquierda radical que apoya la alternativa KAS".

Tal vez la identidad y filiación política de las víctimas llevaron a ETA a negar su autoría. Iñaki Ibargutxi, de 26 años, natural de Ugao-Miraballes (Bizkaia), era afiliado del PNV, y Pedro Conrado Martínez Castaños, de 31 años, casado y con un hijo, había militado en CCOO y era miembro del Partido Comunista de España (PCE), según refleja la documentación del Mapa del Terror del Colectivo de Víctimas del Terrorismo Covite.

En un reportaje sobre este caso publicado por la revista "Euzkadi" en 1987, los padres de Iñaki Ibargutxi se mostraron convencidos de que a su hijo y sus dos compañeros ETA los confundió con tres agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que también frecuentaban el bar por una investigación y que se desplazaban en un coche similar.

También relatan que nadie "tuvo la valentía" de llamar a la familia para admitir el error. No obstante, en el Mapa de Terror de Covite se asegura que finalmente ETA hizo llegar a las familias una nota en la que reconoció la autoría de los asesinatos.

En cualquier caso, ETA nunca asumió, hasta ahora, este atentado y ningún miembro de la organización terrorista fue juzgado por estos hechos, que forman parte de la lista de atentados sin esclarecer.

El "Zutabe" de ETA, publicado en abril, ha aportado algo de luz sobre este caso y el de la cafetería Rolando, pero otros similares seguirán aún inmersos en la incertidumbre, como el de los tres trabajadores gallegos, Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro, desaparecidos en 1973 después de cruzar la frontera para ir al cine en San Juan de Luz, o el del dirigente etarra Eduardo Moreno Bergaretxe "Pertur", del que no se tienen noticias desde 1976.

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