El resultado del 'buenismo' de Sánchez: el verano más convulso en Cataluña

Los lazos amarillos han dado paso a la violencia física. Mientras el Gobierno practica la telepolítica, el independentismo busca crispar aún más la calle con la Diada

El resultado del buenismo de Sánchez: el verano más convulso en Cataluña

 

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Coordinador digital del grupo COPE

Madrid

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 01:10

Pedro Sánchez recibió el pasado 9 de julio a Quim Torra en las escaleras de La Moncloa con una esmerada sonrisa. El encuentro entre ambos, que acaparó una amplia atención mediática, se sucedió entre paseos por los jardines, intercambio de obsequios y visita a la fuente de las citas secretas de Machado y Guiomar. El gobierno socialista buscaba así romper con la supuesta crispación en la que el Ejecutivo de Rajoy había envuelto las relaciones con la Generalitat tras el referéndum ilegal del 1-O y la posterior declaración unilateral de independencia. Pasado mes y medio de aquella lección de telepolítica, no parecen adivinarse mayores efectos que la puesta en marcha de las comisiones bilaterales y la reactivación de la tensión en la calle, alentada por unos sectores nacionalistas a los que el cambio de interlocutor en Madrid ha devuelto a un partido que tenían perdido.

La convivencia social en Cataluña sigue rota y, lejos de apaciguar las aguas, el 'buenismo' de Pedro Sánchez ha permitido que la situación degenere en violencia física y ha envalentonado a un Torra que ya se permite hacer llamamientos a "atacar" al Estado español. Los lazos amarillos buscaron aprecio en las solapas de los ciudadanos como un símbolo pacífico de quienes deseaban proyectar su falso victimismo, pero no han tardado en demostrarse una eficaz mecha para la agitación social.

 

En estos dos últimos meses, se han producido más de una veintena de conflictos entre los grupos que los colocaban y las personas que decidían quitarlos de la vía pública. Este sábado, una mujer fue agredida en Barcelona mientras retiraba de las calles de la Ciudad Condal simbología independentista. La víctima sufrió una fractura de nariz tras ser presuntamente atacada por un hombre partidario de la presencia de los lazos en las calles de Barcelona.

Para proteger la simbología independentista, la Generalitat amenazó con aplicar la ley de seguridad ciudadana y así multar con hasta 30.000 euros a quienes se atrevan a retirar lazos de la vía pública. 14 personas fueron identificadas por los Mossos en Tarragona mientras participaban en una de las "brigadas de limpieza" que retiran de la calle los lazos amarillos. Uno de los identificados era agente de la Guardia Civil y el colectivo respondía al nombre de Grupo de Resistencia Alta Tabarnia.

Además de los lazos, las cruces amarillas clavadas en la arena de decenas de playas catalanas provocaron también el enfrentamiento verbal entre numerosos vecinosEl 22 de julio en Vic (Barcelona), un hombre accedió con su coche a la plaza Major arrollando un campo de cruces amarillas. Torra y la alcaldesa de la localidad condenaron el incidente y anunciaron que denunciarían al conductor, que después resultó ser un enfermo mental.

 

El enfrentamiento ha llegado a tales niveles que los independentistas ni siquiera respetaron la 'tregua' demandada por las víctimas del 17-A para los homenajes con motivo del primer aniversario del fatal atentado. Lejos de acceder a los ruegos de los que más sufrieron por el ataque yihadista, los CDR recibieron al Rey con pancartas en su contra colgadas en fachadas mientras la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y los Mossos miraban para otro lado.

 

Ajeno al clima de tensión, Sánchez mantiene su política neutra a la espera de nuevos acontecimientos. En su rueda de prensa de fin de curso, el presidente subrayó que no quiere abrir "ninguna vía judicial más" en Cataluña y desechó la posibilidad de aplicar de nuevo el 155. Pero son precisamente los independentistas los primeros que pueden complicar la gestión del Gobierno en las próximas semanas. Efemérides no les van a faltar: la Diada, el aniversario de las leyes ilegales de desconexión o el aniversario de la fallida consulta del 1 de octubre prometen un otoño convulso en las calles catalanas, todo ello orquestado cómodamente desde Bruselas por el huido Puigdemont.

El presidente de los gestos, no debería pasar por alto el de Torra cuando, en un salto cualitativo, amenazó con atacar al "Estado injusto". PP y Ciudadanos exigieron a Sánchez que respondiera con firmeza a dicho órdago y burla a la Constitución, pero la tibieza volvió a impregnar el discurso del Gobierno. No sólo eso: Sánchez ha dejado desamparado al juez Llarena en la demanda de Puigdemont y no plantea una solución concreta al clima de alta tensión en Cataluña que puede alcanzar sus máximas cotas en próximas semanas. En Alemania avisan de posibles incidentes violentos a los turistas que planean viajar a Cataluña. En Moncloa parece que todavía no se han dado cuenta. Lo primero es lo primero, el Valle de los Caídos.

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