SERGI PÀMIES (Entrevista)

Sergi Pàmies: Difícilmente encontraremos una época tan monotemática como ésta

Irene Dalmases.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 12:59

Irene Dalmases.

Cinco años después de "Canciones de amor y de lluvia", el escritor Sergi Pàmies vuelve a las librerías con los trece relatos de "L'art de portar gavardina", un compendio sobre las ausencias, desde las de los padres a las del amor, sin obviar el contexto actual ni otros periodos históricos como la Transición.

En una entrevista con Efe, el cuentista no esconde que es un hombre con "poca fantasía" y que en estas historias, con tintes autobiográficos y publicadas por Quaderns Crema, hay "poca imaginación, mucha realidad y mucha memoria, aunque más o menos trabajada, con el mismo universo de estímulos de siempre".

No es casual, precisa, que ya en el primero de los relatos ("Eclipsi") sitúe al lector en la fiesta del 50 aniversario de un conocido radiofonista, en un hotel, en el que el narrador intenta participar en conversaciones sobre dos cuestiones omnipresentes en la actualidad: Twitter y la independencia de Cataluña.

En este punto, Pàmies proclama que "difícilmente encontraremos una época tan monotemática como ésta. Antes era todo mucho más disperso".

"En cambio -prosigue-, uno de los fenómenos de estos últimos cinco años, que son los que han pasado entre libro y libro, es que la mayoría de las conversaciones que se tienen son sobre las putas redes sociales y la independencia".

Otra historia, con sus progenitores como protagonistas (los fallecidos dirigentes comunistas Gregorio López Raimundo y Teresa Pàmies), retrata la "energía que transmitía la Transición, ahora muy desvirtuada y criminalizada, y probablemente es verdad que su periodo de influencia haya caducado y se tenga que renovar".

Sin embargo, el escritor no comparte "la destrucción a base de mentiras y el sacarla de contexto sin entender las circunstancias que se produjeron".

No la reivindica, apunta, pero "describo lo importante que fue la Transición, los años que duró, los previos y los posteriores, y que en 2018 desde un plató de televisión o con un tuit es muy fácil cagarse en ella, pero, cuando estás en una mesa de negociación con ministros franquistas y personas responsables de las torturas a las que te han sometido, no es tan fácil y tiene bastante más mérito de lo que ahora, con esta reducción ignorante, se intenta transmitir".

Remarca que en el relato en el que aparece este período alude al paso de la clandestinidad a la normalidad de su padre, después de cuarenta años y gracias a la legalización del Partido Comunista de España.

"Sin nostalgia ni voluntad de sermón, lo que hago es simplemente describir que yo sí estaba y sé lo que pasó. Algunos de los que tanto se cagan en la Transición, ni estaban ni saben lo que ocurrió", apostilla.

Sobre el título del volumen, reconoce que aludir a una prenda de vestir como la gabardina es más un recurso literario que un fetichismo familiar, una "suerte de desatascador, de rotonda de estas historias, y un símbolo que define bien el siglo XX".

Además, "las gabardinas míticas de mi infancia eran las de los buenos, aunque luego vi que los malos también las llevaban".

Con más adjetivos y adverbios que en otros libros suyos, Pàmies también admite que en esta ocasión aborda con mayor naturalidad experiencias como las separaciones de parejas. "Salgo de la clásica lamentación del separado y mantengo que separarse igual en realidad es el gran acto de amor en la pareja", precisa.

Por otra parte, dibuja un narrador, en ocasiones cobarde, en otras pusilánime y que muere, lo que le lleva a bromear con que "me estoy matando desde 1986", porque eso ya ocurría en otras obras suyas y se ha dado cuenta de que empezó hace más de treinta años.

A causa de esta presencia suya en muchas de las historias, Sergi Pàmies comenta que ha ahondado en lo que significa el autorretrato en la pintura y se ha podido dar cuenta de que los grandes artistas aparecen con "miradas perversas o incluso notas que estaban borrachos. Eso me fascinó y pensé que si en algunos cuentos no aparecía favorecido, tampoco necesitaba hacerme el simpático".

Sin olvidar nunca la fina ironía, el escritor, que aspira a escribir una novela en los próximos años, sostiene que la ficción "es una manera de explicar la realidad más libre que el periodismo y la crónica".

Lo "absurdo" de la existencia también sobrevuela estas historias. "Nada tiene sentido, pero ésa es la gracia. Que la vida sea absurda es el sentido de la vida", concluye.

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