JAZZ SAN SEBASTIÁN (Previsión)

Salvador Sobral esconde un "showman"

Ana Burgueño

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 02:25

Ana Burgueño

Ayer viernes Salvador Sobral pasaba inadvertido mientras hacía cola para el concierto de Brad Mehldau en San Sebastián y hoy se ha transmutado de aficionado a protagonista de la penúltima jornada del 53 Jazzaldia.

Le tocaba descubrir lo que se esconde detrás del joven que ganó el Festival de Eurovisión hace poco más de un año.

El papel de "telonero" es relativo en el festival donostiarra, tanto que este cantante que acaba de grabar su primer disco ha estado precedido en el escenario de la plaza de la Trinidad por el pianista Benny Green, con todo un carrerón a sus espaldas, y antes en el auditorio del Kursaal por nada menos que Kenny Barron, otro grande del piano.

Y para añadir más responsabilidad al artista portugués por la mañana ha repetido, esta vez en teatro Victoria Eugenia, Cécile McLorin Salvant con otro delicioso concierto en un tono más intimista que el de la Trini en el que, salvo un par de canciones, ha ofrecido distinto repertorio, al que ha puesto fin con tema tarareado, ejemplo del sabio manejo de su voz.

Pues lo que Sobral esconde es un "showman" con una marcada vena histriónica, que bromea con el público y que, a la vista de los aplausos y del entusiasmo con el que ha sido despedido, ha superado la prueba de su estreno en un festival que nunca pensó que contaría con él.

Para el cantante, ha sido "un placer verdadero" acudir "a uno de los festivales más importantes del mundo", ha dicho a la audiencia, en un saludo que ha llegado tras interpretar "Change" y "Nada que esperar" y después de haberse recreado con algunos de los versos del monólogo de Segismundo de "La vida es sueño" de Calderón de la Barca.

Inglés, español y obviamente portugués son los idiomas que ha utilizado en el espectáculo, además del italiano, en un alarde de cantante de ópera, y del euskera, en el que ha interpretado, solo al piano, el "Txoria txori" de Mikel Laboa, con el que se ha terminado de ganar al público al que tenía ya prácticamente en el bolsillo.

Tras Laboa, ha llegado la despedida con un animado "Anda estragarme os planos" y con la audiencia puesta en pie. Habían sonado ya una docena de temas, entre los que no ha faltado, eso sí que habría sido una broma, el "Amar pelos dois" con el que triunfó en Eurovisión.

Además de las dos canciones con las que ha abierto el espectáculo, han sonado otras de "Excuse me", su disco de debut, como "Nem eu", "Ready For Love Again" y "Ay, amor", su versión del bolero del cubano "Bola de Nieve".

A Pessoa lo ha celebrado con "Présságio", poema de su compatriota al que ha puesto música el pianista Júlio Resende, que le ha acompañado en esta velada junto al contrabajista André Rosinha y el batería Bruno Pedroso.

"Ela dise-me assín" ha sido uno de las canciones más bonitas del programa que ha elegido para esta velada, de un eclecticismo que no deja muy claro por dónde quiere ir este artista que busca su hueco en el jazz.

Sobral bromeaba por su atrevimiento al sentarse ante el piano que mañana tocará Chick Corea en el mismo escenario y con el que hoy se ha salido Benny Green.

El pianista neoyorquino, que había visitado el Jazzaldia en tres ocasiones, la primera en 1988 con Art Blakey & The Jazz Messengers, se ha presentado este sábado en formato trío, con Mike Gurrola al contrabajo y Aaron Kimmel a la batería, que han estado excelentes, además de trajeados y encorbatados.

Lo que ha hecho Benny Green ha sido de un virtuosismo apabullante, con improvisaciones con las dos manos al unísono, y un toque enérgico pero tan controlado que ha llegado a hacer algunos acordes apenas audibles.

Temas de Hank Jones, Cedar Walton, Duke Pearson, Benny Carter y Freddie Hubbard han integrado el repertorio de este "telonero" de auténtico lujo que ha tenido Salvador Sobral.

Y en el Kursaal, para abrir la tarde en los escenarios de pago, otro gran concierto, también enérgico y revitalizante, el del quinteto del veterano pianista Kenny Barron, uno de los músicos que más ha participado en el festival, del que recibió el premio Donostiako Jazzaldia en el año 2000.

Barron no ha necesitado salir de las sendas conocidas para hacer jazz de altísima calidad, para recobrar temas de los grandes, de Thelonious Monk a Wayne Shorter y Dizzy Gillespie, del que ha interpretado "Be-Bop" para el arranque. Ha presentado también algunas de las composiciones de su reciente trabajo, como "Concentric Circles", tema propio que le da título, y "Aquele frevo axé", de Caetano Veloso.

Jeremy Pelt (trompeta), Dayna Stephens (saxo tenor), Kiyoshi Kitagawa (bajo) y Jonathan Blake (batería) han sido sus acompañantes, y no han podido estar mejor. Los vientos geniales tanto en solos como hermanados, y Blake, sobresaliente.

Precioso el "Baile" de ecos latinos, tema también de su último trabajo, con el que este músico de 75 años ha dicho adiós al público en su séptima visita al Heineken Jazzaldia.

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