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FERNAND LÉGER

La realidad desde la mirada de Fernand Léger llega a la Fundación Canal

El mundo cambiante tal cual lo percibía Fernand Léger llega a la Fundación Canal de Madrid en un recorrido por la evolución artística del artista a través de tres series y casi 80 grabados, cuyo móvil es la búsqueda de un orden plástico que represente la realidad del momento en el que vivió, el siglo XX, en el que convergen modernidad, naturaleza y tradición., El desarrollo de las ciudades, el bullicio, las máquinas Léger se da cuenta de que el mundo ha cambiado hacia un

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 13:20

El mundo cambiante tal cual lo percibía Fernand Léger llega a la Fundación Canal de Madrid en un recorrido por la evolución artística del artista a través de tres series y casi 80 grabados, cuyo móvil es la búsqueda de un orden plástico que represente la realidad del momento en el que vivió, el siglo XX, en el que convergen modernidad, naturaleza y tradición.

El desarrollo de las ciudades, el bullicio, las máquinas Léger se da cuenta de que el mundo ha cambiado hacia un caos del que no se puede huir ni ir hacia atrás, y entiende que debe buscar una nueva armonía, creando un orden plástico que represente esta realidad, explica la comisaria de la exposición, Lola Durán, sobre esta muestra organizada conjuntamente por Fundación Canal y The Art Company.

Disponible en la sala Mateo Inurria de la Fundación Canal desde el 29 de abril hasta el 5 de septiembre, la exposición Léger. La búsqueda de un nuevo orden presenta tres series artísticas que muestran la evolución del artista Fernand Léger (1881-1955), uno de los artistas más emblemáticos del cubismo durante la primera mitad del siglo XX.

Precisamente del cubismo parte la primera serie, Du Cubisme, nombre del primer tratado sobre este estilo artístico, escrito en 1912 por Albert Gleizes y Jean Metzinger, que refleja en sus páginas la importancia del cubismo como movimiento más destacado desde el renacimiento, ya que es a partir del cubismo cuando la realidad aparece traducida a idealizada.

Es en 1907 durante una exposición de Paul Cézanne cuando Léger descubre el cubismo como una nueva posibilidad, abandonando así su punto de partida, el impresionismo, para fijarse en los objetos y extraer su esencia, que plasma mediante líneas y figuras geométricas dando forma a un cubismo libre, más próximo al de Duchamp y Metzinger y alejado del de Picasso, más analítico, explica la comisaria.

Les Illuminations da nombre a la segunda serie, en la que la Gran Guerra marca al artista en dos vertientes durante su incorporación a filas: por un lado, la convivencia y el hermanamiento popular en las trincheras, y por el otro, las máquinas, elementos creados por el hombre que a su vez lo destruyen, explica la comisaria sobre el concepto de la maquinaria para Léger, que realizará una tremenda reflexión sobre el tema a lo largo de su trayectoria.

Cuando Léger presenta elementos de este mundo de la maquinaria, pasa de formas orgánicas a geométricas, pero siempre tratando de sacar la poesía y sus ritmos de movimiento, humanizando la máquina y estos paisajes.

Sin abandonar completamente estos motivos, la naturaleza y el cuerpo humano protagonizan las últimas producciones de esta serie, en la que ilustra mediante quince litografías algunos de los poemas pertenecientes a Iluminaciones, del escritor Arthur Rimbaud, que el pintor plasma integrando partes de textos que trascribe con su propia caligrafía, sobre fondos de manchas de colores primarios.

Destaca en esta serie el retrato de Rimbaud; Léger no solía realizar retratos, únicamente por necesidad económica, ya que huye del detalle que diferencia al individuo, que no le interesa de forma particular sino en conjunto, dice Durán sobre los retratos, realizados con manchas y las delineaciones negras propias de su obra.

La última serie, que Durán define como el testamento vital de Fernand Léger, es Cirque, y surge tras el regreso a Francia del artista al finalizar su exilio en Estados Unidos, una época que en sus textos define como la alegría de vivir, al encontrar en su regreso una Francia diferente que hay que reconstruir, marcando una etapa de optimismo reflejada por el circo, que significaba para el artista bohemia y libertad.

Aunque Léger definía el circo en sus textos como el espectáculo de su niñez frecuentó estos espectáculos durante toda su vida, ya que tenían para el artista un contenido social más allá de la diversión, identificándose además con los acróbatas, que al igual que el pintor se exponen a la caída en cada obra, señala la comisaria, resaltando la admiración del francés por los circos.

La serie, aparece marcada por círculos que evocan al movimiento y posturas ondulantes, que conviven en esta etapa final con motivos como bicicletas, cuyo nexo es un fin social además del lúdico: pintar bicicletas también tiene un fin político, ya que simbolizaba el derecho a las vacaciones pagadas mediante las playas francesas llenas de bicicletas en verano.

La exposición cuenta también con El Ballet mecánico, una producción cinematográfica que el artista creó en 1924 junto a Dudley Murphy y Man Ray, conviertiéndose en una de las primeras piezas de cine experimental, que acompaña los 78 grabados de Léger que muestran su forma de entender el mundo.

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