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PHILIPPE CLAUDEL (Entrevista)

Philippe Claudel: No entiendo que la UE deje morir a refugiados en el mar

"No entiendo por qué la Unión Europea no puede gestionar la crisis migratoria y deja que los refugiados mueran en el mar, o que algunos estados miembros se las tengan que apañar solos", ha confesado en una entrevista con Efe el escritor y director francés Philippe Claudel.,No es casualidad, por tanto, que su nuevo libro, "El archipiélago del perro" (Salamandra), empiece con la aparición de los cadáveres de tres jóvenes negros en la costa de una isla

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15:08

Paula Boira i Nacher

"No entiendo por qué la Unión Europea no puede gestionar la crisis migratoria y deja que los refugiados mueran en el mar, o que algunos estados miembros se las tengan que apañar solos", ha confesado en una entrevista con Efe el escritor y director francés Philippe Claudel.

No es casualidad, por tanto, que su nuevo libro, "El archipiélago del perro" (Salamandra), empiece con la aparición de los cadáveres de tres jóvenes negros en la costa de una isla del Mediterráneo, un "enclave aislado del mundo", donde sus habitantes entierran a los muertos de pie por falta de espacio y un volcán dormido vomita lava de vez en cuando.

"El tema de los refugiados siempre me ha preocupado", afirma Claudel (Dombasle-sur-Meurthe, 1967), para reivindicar que "el escritor debe apropiarse de los problemas del mundo, como la migración, con el fin de arrojar luz sobre ellos y ofrecer a sus lectores una serie de debates".

Para el escritor, este es solo el principio del fenómeno migratorio, que en su opinión se verá agravado en los próximos 50 años por el crecimiento de la población mundial, el calentamiento global y las crisis económicas y sociales.

"Dentro de poco tendremos que enfrentarnos a grandes olas migratorias y debemos estar preparados humana y políticamente para gestionarlas", ha advertido.

Claudel insiste en que la sociedad no debe ver en las personas migrantes un desastre o un peligro, "pese a que determinados discursos políticos apelen al miedo de los ciudadanos y traten el tema con fines electoralistas", ha criticado.

"Esto es una paradoja porque, aún viviendo en un mundo cada vez más globalizado, tenemos la voluntad de construir muros que protejan nuestro territorio de los foráneos", una afirmación que el novelista ha ejemplificado con el famoso muro de Donald Trump o con el "brexit".

De hecho, Claudel ha creado a los habitantes del archipiélago del perro inspirándose en la sociedad actual. Como nosotros, los isleños tratan por todos los medios de que ningún "extranjero" altere la paz de su isla, ni siquiera unos cadáveres, a los que harán desaparecer rápidamente.

Según el escritor, los Estados están "creando islas aisladas en las que encerrarse", una metáfora que materializa la tradición de los países del viejo mundo de "atrincherarse en su propia riqueza".

Esta situación preocupa a Claudel, que narra al final de su obra cómo la isla va desapareciendo bajo las erupciones del volcán, con cadáveres vomitados por el mar, y la marcha de sus habitantes en busca de mejores oportunidades, una visión "casi apocalíptica" que da al libro forma de fábula.

Sin embargo, el creador de dicha parábola no es capaz de formular una moraleja que nos salve y pasa el testigo al lector para que "se plantee esta cuestión moral y vea que si el mundo desaparece es porque ha querido encerrarse en sí mismo y no enfrentarse a los problemas del ser humano, perdiendo así su humanidad".

Claudel tiene claro que su obra "no es un libro para cambiar el mundo", pero también considera que varios procesos artísticos como el suyo pueden "abrir la conciencia de los ciudadanos y estimular debates" para que las sociedades "abandonen el egoísmo en el que llevan décadas encerradas".

"Se nos olvida constantemente que, al menos en las democracias, tenemos el poder y el derecho de exigir aquello que se considera necesario a los poderes políticos", recuerda el escritor.

El camino hacia el cual dirigir nuestros esfuerzos una vez asimilada esta verdad universal, al menos sobre el papel de las constituciones, no tiene pérdida para Claudel: "Conseguir una globalización que no solo sea económica, sino que también implique fraternidad y conciencia humana".

Parece una utopía, pero el novelista piensa que "debemos ser forzosamente utópicos para llegar a cambiar mínimamente el mundo". EFE

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