TRADICIONES DANZADORES (Crónica)

Ocho "peonzas humanas" cumplen rito de s.XVII de bailar sobre zancos en Rioja

Sergio Jiménez Foronda

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 14:29

Sergio Jiménez Foronda

Ocho danzadores de Anguiano (La Rioja) han cumplido con una tradición documentada en el siglo XVII, aunque se cree que es más antigua, al bailar y girar sobre sí mismos como "peonzas humanas" descendiendo por una cuesta empedrada sobre unos zancos de madera de haya de medio metro.

Entre estos danzadores, que tienen entre 17 y 26 años de edad, no ha habido hoy ningún mozo novato ni ninguna mujer, aunque "no pone en ningún sitio" que estas no puedan hacerlo, ha afirmado a Efe la alcaldesa de Anguiano, Gemma López.

Como cada 22 de julio, día de Santa María Magdalena, patrona de Anguiano, los danzadores se han lanzado por siete escalones y una empinada cuesta de 58 metros con un desnivel del 20 por ciento en algunos tramos, al mismo tiempo que han tocado las castañuelas, han bailado y girado sobre sí mismos al son de dulzainas y tambores.

En la vestimenta de los danzadores destaca, sobre una camisa blanca, un chaleco con cintas prendidas de forma horizontal con siete tonalidades distintas de colores chillones, una enagua y una falda -saya- de color amarillo-naranja, que es pesada para que tenga caída y favorezca el vuelo, con lo que se logra un vistoso efecto campana en los jóvenes.

El giro incesante y continuo de los danzadores sobre su eje longitudinal les permite mantener el equilibrio al lanzarse por la cuesta sobre los zancos de madera, que tiene forma de pirámide invertida y su altura es de cincuenta centímetros desde la punta hasta el apoyo del pie.

Uno de los danzadores que hoy ha homenajeado a la santa es Pablo Muñoz, de 17 años, que participa por tercer año en una tradición que le viene de familia, puesto que su padre, un tío y un primo también han girado sobre los zancos en otras ocasiones, ha explicado en declaraciones a Efe.

La clave para no caerse durante las vueltas es "mirar hacia un punto fijo para no marearte e ir todo el rato a la izquierda de la cuesta, si vas a la derecha te caes con las personas porque el giro es hacia la derecha todo el rato", ha especificado.

Para Muñoz, lo más difícil al descender la cuesta es "tener la frialdad para no ponerte nervioso" y poder representar a Anguiano, que "es lo más bonito" de esta experiencia, junto a la sensación de bajar la cuesta, al final de la que se siente "liberación".

Los danzadores han estado acompañados por el cachiberrio, cargo que, por segundo año consecutivo, ha recaído en Diego Chinchurreta, de 26 años, quien ha señalado a Efe que su labor consiste en abrirles hueco y asegurarse de que todo está a punto.

"No hay ningún criterio por el que se seleccione al cachiberrio ni una fecha para dejarlo, uno lo transmite a otro, no hace falta haber sido danzador, aunque yo lo he sido durante unos diez años", ha relatado.

Esta tradición, que ha sido presenciada por cientos de espectadores, tiene un origen desconocido con varias hipótesis, unas dicen que se empezó a celebrar como rito de paso de la niñez a la madurez y otras señalan que es una danza al sol por el colorido de la falda amarilla que visten los danzadores, ha afirmado la alcaldesa.

En la actualidad, ha proseguido, se danza en honor a la santa de Anguiano, se desconoce en honor a qué o a quién se celebraba en la antigüedad, pero "se encontró un documento de 1603 que hacía referencia a la danzas en las fiestas de la Magdalena".

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