MÚSICA DISCO (Entrevista)

El nuevo comienzo de Fino Oyonarte (Los Enemigos): "Me siento como un niño"

Javier Herrero

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 14:50

Javier Herrero

Fino Oyonarte, el durante tres décadas bajista de Los Enemigos, miembro de Clovis y productor de discos emblemáticos como "Super8" de Los Planetas, tomó nota del susto que le gastó su corazón hace 3 años y empezó a preparar algo que llevaba postergando desde hacía mucho tiempo: su propio proyecto musical.

"Me siento como un niño, empezando de nuevo", asegura el músico en una charla con Efe ante la publicación este viernes de "Sueños y tormenta" (Buenaventura), que alude al necesario acicate vital que constituyen los ídem de la primera parte del título, "aunque haya que tener cuidado con ellos, por si su realización llega a ser traumática".

No ha sido el caso de este primer disco firmado tal cual como Fino Oyonarte (Almería, 1964), el cual empezó a tomar forma realmente hace un año a partir de algunas piezas deslabazadas y ritmos de guitarra que le recordaban al británico maldito Nick Drake.

"Estas son canciones muy de la tierra, de cantautor prácticamente", explica el artista almeriense, que ha impreso en el arte del álbum la imagen de su "magnético" Monte Alfaro, entre temas "lo más sencillos posible" y jugar con las capas, doblando las correspondientes a la voz y las cuerdas.

Fue hace solo unas semanas cuando se presentó con el tema "Afortunado" y una frase resonando en su interior: "Sigo soñando".

A su lado como coproductor en la realización de ese objetivo, César Verdú, miembro de León Benavente y excolaborador en Clovis.

"Si te produces a ti mismo, llega un momento en el que pierdes un poco la perspectiva y te cansas, porque te obliga a ser pasional y a la vez analítico, pero aquí yo prefería ser más pasional, estar más pendiente de sentir las canciones", indica.

Enamorado de los discos de los años 50 y 60, "que eran muy de vibraciones, de las que se consiguen cuando se graba en muy poco tiempo", Oyonarte quiso recrear ese "ritual de grabar y captar la energía de la interpretación", ajeno a toda la parte técnica.

En "Afortunado" y otros temas como "Casualidad" queda constancia de un hilo conductor: el paso del tiempo, con un balance positivo.

"Cómo no me voy a sentir así con 30 años en la música, aunque sea a trancas y barrancas. Hago lo que me gusta y, si lees las noticias por la mañana, aunque tenga días malos y en los que me sienta deprimido, tengo que decir que soy afortunado", ratifica Oyonarte.

¿Alguna vez ha pensado qué habría sido de él de no haber cogido una guitarra de niño? "Me he dado cuenta de que momentos muy importantes que han cambiado mi vida han sido fruto de la casualidad, como cuando me fui a San José, en Almería, en una época en la que allí no había más de 10 personas, y conocí a Iñaki de Glutamato ye-yé, que me propuso venir a Madrid", cuenta.

A esas cosas del destino achaca el problema de corazón que padeció hace tres años. "Ahora pienso que este disco era una necesidad que tenía de hace mucho tiempo, pero que no me había enfrentado antes a ello porque siempre andaba ocupado con otras cosas. La misma noche que salí de ese susto me planteé calmar mi vida y hacer lo que tenía pendiente", rememora.

La última casualidad quiso que César Verdú se reencontrara con Daniel Lorca, de Nada Surf, y este se apuntara al proyecto para reforzar las cuerdas de "Sueños y tormentas", en una de las puntuales pero decisivas aportaciones instrumentales al sonido clásico y sobrio del álbum.

"Hoy en día los discos abusan de la artificiosidad. Yo quería una transmisión muy visceral, el alma de las personas, aunque no fueran necesariamente músicos profesionales", asegura Oyonarte, que ha contado incluso con la colaboración al violonchelo de su sobrina de 13 años, Silvia Pérez-Madero Oyonarte, en su primera grabación profesional.

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