ÓPERA VERDI (Crónica)

I masnadieri: el éxito de una rareza sobre la fatal lealtad de un bandido

Joan Castelló

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 01:13

Joan Castelló

El público que acudió este miércoles al estreno de la producción de "I masnadieri" en el Palau de Les Arts de Valencia disfrutó de esta ópera poco conocida de Giuseppe Verdi, una rareza que se ha visto compensada por las cualidades de una obra que pone de manifiesto la lucha de poder entre miembros de una misma familia, en la que el bandido no es el personaje moralmente más despreciable.

El director artístico de Les Arts, Jesús Iglesias Noriega, que accedió al cargo el 1 de enero de 2019, ha podido comprobar el nivel de excelencia del Cor de la Generalitat que, en una decisión tomada en asamblea, ha anunciado paros en febrero (coincidiendo con las últimas representaciones de I Masnadieri), marzo y abril, después de que la Consejería de Cultura anunciara que va a sacar a concursos todas las plazas de este conjunto vocal, que actualmente tienen la consideración de interinos.

Estrenada en Londres en 1847, esta ópera contiene perversiones que siguen estando de actualidad en el siglo XXI como parricidio, fratricidio, ambición de poder y corrupción moral, en una sociedad decrépita en la que se ha invertido la escala de valores y en el que, como en el poema "Érase un vez" de Agustín Goytisolo musicado por Paco Ibáñez, el "malo" no es el bandido (Carlo, el personaje encarnado por Stefano Secco), a pesar de que, por lealtad a una promesa al grupo de delincuentes en el que se ha integrado, empujado por las propias circunstancias, tenga que ser consecuente con unos principios que no comparte.

La escenografía nos introduce desde el minuto uno en un ambiente decadente y de crisis: un espacio industrial diáfano, abandonado, en estado ruinoso y plagado de grafitis. En la pared frontal y con la iconografía punk de una calavera, un gran lema: "libertad o muerte", como una premonición de cuanto va a suceder.

Como testigos, un "bosque" de estilizados focos cinematográficos acompañarán a los personajes en su recorrido por la autodestrucción familiar: el conde (encarnado por Michele Pertusi), atormentado y arrepentido por haber repudiado a un hijo díscolo; Francesco (interpretado por Artur Rucinski), el hijo ambicioso que quiere ver muerto a su padre y a su hermano para proclamarse heredero; Carlo, el hijo desterrado que, excluido socialmente, busca refugio en un grupo de bandoleros al que consigue liderar; y Amalia (Roberta Mantegna), que, pese a todas las adversidades, permanecerá fiel a Carlo.

Con libreto de Andrea Maffei, basado en una obra de Friedrich Schiller, Die Räuber (Los Bandidos), representativa del romanticismo alemán, Verdi compuso una obra llena de sentimientos encontrados, en el que se mezcla ternura y violencia, pues es la tragedia la que da sentido a la vida de todos los personajes.

En su debut en Les Arts, el tenor Stefano Secco ha cumplido con el papel de Carlo, un héroe romántico que utiliza la violencia y que intenta salir de su situación de marginación social. Salió airoso con las cabaletas y los hermosos dúos con Amalia, el único personaje femenino, encarnado por la soprano Roberta Magtegna, también debutante en Valencia, con una actuación llena de sentimiento mágico.

Para el público, el triunfador de la noche fue el barítono Artur Rucinski, espléndido en lo vocal y en la interpretación de un personaje (Francesco) de una gran complejidad psicológica, con una ambición sin límite en la que no duda en recurrir al parricidio y al fratricidio. Uno de los pasajes memorables fue el que rememora el apocalíptico juicio final.

Roberto Abbado, que con esta ópera inicia su último año como director musical de Les Arts, tuvo una notable actuación al frente de la Orquesta de la Comunidad Valenciana.

El público dedicó también una ovación de gala al Coro de la Generalitat valenciana, que se desdobló sobre el escenario (encarnando a los bandidos) y en el foso junto a los músicos (en dos pasajes como conciencia popular) en una nueva actuación magistral, solidarizándose así con las reivindicaciones de sus integrantes, que ven peligrar, no solo su puesto de trabajo, sino la excelencia alcanzada en las últimas décadas.

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