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MANU CHAO (Crónica)

Manu Chao monta la gran fiesta de la esperanza, en acústico y con distancias

Incluso sentado en un taburete, con una formación acústica de bongos, tuba y violín, cantando en francés y con distancias y mascarillas entre el público, Manu Chao es una fiesta ambulante, como ha demostrado este lunes en el Teatro Borràs de Barcelona.,El concierto de hoy ha sido el primero de unas sesiones que ha bautizado como "matalunes" y en las que ha estrenado un nuevo espectáculo que, de buenas a primeras, podrían hacer suponer que el cantante hispano-f

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 00:23

Rosa Díaz

Incluso sentado en un taburete, con una formación acústica de bongos, tuba y violín, cantando en francés y con distancias y mascarillas entre el público, Manu Chao es una fiesta ambulante, como ha demostrado este lunes en el Teatro Borràs de Barcelona.

El concierto de hoy ha sido el primero de unas sesiones que ha bautizado como "matalunes" y en las que ha estrenado un nuevo espectáculo que, de buenas a primeras, podrían hacer suponer que el cantante hispano-francés se ha hecho mayor y busca formatos más pausados.

Nada más lejos de la realidad, aunque haya renunciado a la guitarra eléctrica y la batería, y el concierto se haya anunciado como la recuperación de "Siberie m'etait contentéee", su disco más cercano a 'la chanson', Manu Chao ha convertido el lunes en sábado y ha hecho bailar a todos los presentes, en un teatro Borràs lleno hasta la bandera, si es que se puede utilizar esta expresión cuando agotar las localidades significa llenar el 50% del aforo, límite máximo impuesto por la pandemia.

Un éxito de convocatoria que contrasta con la falta de promoción del concierto, del que sólo se ha colgado un cartel virtual en la web del Teatro Borràs, en el que ni tan siguiera se menciona el nombre del artista.

Tan sólo un enigmático "arrímate a Manuel" y el dibujo de una figura de espaldas, que los seguidores de Manu Chao han reconocido al instante.

De hecho, los más avispados ya sabían que el cantante, francés de nacimiento pero nómada por convencimiento, estaba estos días por Barcelona, porque se había dejado ver en una manifestación en contra de la represión en Colombia.

Una reivindicación que ha estado presente en el concierto, cuando ha dedicado la canción "El contragolpe" "al matarife" que gobierna el país.

Pero el espectáculo ha empezado dos horas antes con "Je coné", una canción que no está incluida en ningún disco y que ha enlazado con los temas de "Siberie m'etait contentéee", un disco editado en 2004 íntegramente en francés, algo poco habitual en un artista que canta en muchos idiomas, pero sobretodo en español.

"Bona nit Urquinaona", ha dicho desde el teatro Borràs, situado en la plaza Urquinaona de Barcelona, escenario de violentos enfrentamientos entre manifestantes y policías en los momentos más duros del procés independentista catalán.

Una hora ha durado la primera parte en francés, cuyo fin ha anunciado el cantante con un "adiós", que parecía presagiar que el concierto iba a ser corto.

No ha sido así, cuando, en la segunda parte, el músico ha comenzado a cantar en español y a tocar temas como "La Verdolaga" y "La vida tómbola", el público, que ya llevaba una hora tocando palmas, ha redoblado el ritmo y un resorte invisible ha empezado a intentar expulsar al cantante del taburete.

Manu Chao ha aguantado sentado casi hasta el final, igual que buena parte del público, pero con el tema de Mano Negra "Mala vida" y el famoso "Clandestino", el resorte ha saltado por los aires y todo el teatro ha sido una fiesta.

"¡Pase lo que pase, próxima estación esperanza!", ha gritado el artista a un público que ha intentado mantener las distancias y las normas covid, pero que no ha podido disimular sus ganas locas de que todo esto se acabe.

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