LA POLLA RECORDS (Previsión)

Madrid celebra a La Polla Records con una despedida a la medida de su nombre

A solo unas horas de la Fiesta Nacional y sus desfiles militares, miles de almas se han decantado en la capital española por una celebración para otro tipo de "veteranos", mucho más punk y menos dada a la corrección política, la de La Polla Records en sus primeros conciertos juntos en más de 16 años.,En ese plazo (como si fuesen "más importantes de lo que fueron", ironizaban ellos hace poco) han pasado de actuar en una pequeña sala de la ciudad al multitudi

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 11:32

Javier Herrero.

A solo unas horas de la Fiesta Nacional y sus desfiles militares, miles de almas se han decantado en la capital española por una celebración para otro tipo de "veteranos", mucho más punk y menos dada a la corrección política, la de La Polla Records en sus primeros conciertos juntos en más de 16 años.

En ese plazo (como si fuesen "más importantes de lo que fueron", ironizaban ellos hace poco) han pasado de actuar en una pequeña sala de la ciudad al multitudinario WiZink Center de Madrid, donde unas 14.000 personas han disfrutado este viernes de un concierto con aires de ocasión única, pues se ha anunciado como uno de los últimos de su carrera.

Formada en 1979 en Salvatierra (Álava), La Polla Records (o La Polla, como pasaron a denominarse posteriormente) grabaron 13 discos de estudio desde "Salve" (1984) con muy diversas formaciones y, tras la muerte por un ataque cardíaco en 2002 de su batería Fernando Murua, alias Fernandito, aún llegarían a publicar un último álbum, "El último (el) de La Polla" (2003).

"Un calentón, una bronca estúpida entre niños de 40 años" fue lo que les llevó a una disolución abrupta que no dio oportunidad de celebrar apropiadamente sus ya cuatro décadas de leyenda, ampliada aún más si cabe en estos más de tres lustros de paréntesis.

Crestas, porros, litronas y kalimotxo han devuelto el "foro" a 1981 durante unas horas, en gran parte con un público muy joven que ha recibido como herencia venerada las canciones de estos embajadores del "punk patatero" (o rock radikal vasco) y también con nostálgicos como el entrenador del Arsenal, Unai Emery, llegado a la ciudad solo para el concierto.

Solo Valencia había disfrutado previamente del "show" que ha recalado hoy en Madrid, con dos jornadas consecutivas que les permitirán actuar en total ante unos 30.000 madrileños, y que les llevará después al BEC (Bilbao Exhibition Center) los días 18 y 19 y al Palau Sant Jordi de Barcelona el 25 y 26, además de a Latinoamérica.

Lo han hecho y lo harán con la mítica banda al completo: Evaristo Páramos, Manolo García (alias Sume) y Abel Murua, además de Txiki y Tripi, que estuvieron en la última etapa del grupo y luego marcharon con el primero a Gatillazo.

Junto a ellos ha desfilado otro veterano y leyenda del rock, Enrique Villarreal, alias El Drogas, quien ha puesto en ebullición el ambiente desde las 20.40 horas con un repertorio exclusivo para esta gira en la que ha interpretado temas de su exbanda Barricada, como "En blanco y negro" o "No hay tregua", un título pocas veces tan ajustado a la realidad como hoy.

Puntuales a la cita, con poca anarquía en ese sentido, a las 22.30 horas han saltado al escenario las auténticas estrellas de la velada. Lo han hecho tras hacer arder un crucifijo en las dos pantallas que han acompañado su actuación y con un "Salve" que, como otros grandes éxitos, han vuelto a su repertorio especialmente para esta gira.

Como una metralleta tronadora han ido soltando cada una de las balas de un éxtasis roquero, entre el "cuacuacuá" de "Lucky man for you" y el "ayho, ayho"de "Los 7 enanitos", entre empellones de compadreo más que de enfrentamiento y un mar de brazos en alto, regados por vasos de cerveza que sobrevolaban el cielo del Palacio de Deportes.

Y mientras, Evaristo eufórico a sus 59 años, con una camiseta adornada por el estampado de un pañueño palestino y convertido en mesías de un espectáculo que ha representado el triunfo de la música como bálsamo democrático frente a la aspereza de la vida, hablando esta vez de forma directa al oído del menos privilegiado, empoderado por un día.

Cincuenta minutos después del inicio ya se habían ventilado más de 20 canciones, la mayoría recogidas en el recopilatorio que ha titulado la gira, "Ni descanso, ni paz!", como "Vuestra maldición" o "Txus", pero también otras muy coreadas, véase "Gol en el campo" ("paz en la tierra", sale solo) o "Ellos dicen mierda", comunión al son de ese: "Y, ¿cuántos más van a quedar?

¿Cuánto viviremos? ¿Cuánto tiempo moriremos?".

Con "No somos nada", "Socios a la fuerza" y "La solución final" han llegado por todo lo alto a los bises, otra decena más de descargas antisistema hasta desplegar 45 trallazos en poco más de 100 minutos, rematados con el mantra insistente y vehemente de "Toda la puta vida igual", "Johnny", "Odio a los partidos" y "Así casca la basca". En definitiva, rock sucio, desatado, abrupto y, visto lo visto, aún necesario. EFE

Jhv/fc

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