PICASSO LIBRO (Previsión)

Jaime Sabartés, el secretario que escribió las memorias de Picasso

Alfredo Valenzuela.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 12:40

Alfredo Valenzuela.

Jaime Sabartés compartió con Picasso la bohemia barcelonesa de 1899 y durante treinta años y hasta su muerte en 1968 filtró todas sus visitas y custodió su obra, además de hacerle los recados, una relación de amistad gracias a la cual hizo un libro que son "las memorias de Picasso escritas por Sabartés".

Así lo ha explicado a Efe el especialista en la vida de Picasso Rafael Inglada, quien se ha encargado de la primera edición crítica en español de "Picasso. Retratos y recuerdos", un libro que sólo había tenido una edición anterior en España, hace más de medio siglo, sin notas ni indicaciones de ningún tipo.

Para esta edición crítica del sello almeriense Confluencias, Rafael Inglada, quien, entre otros trabajos sobre Machado y Lorca, está documentando la vida de Picasso día a día, ha encargado un prólogo a la especialista en Picasso Marilyn McCully, mientras que él mismo ha puesto título a los capítulos de la obra, "al menos para orientar cronológicamente a los lectores".

"Sabartés fue el cancerbero, el colador, el que ponía todos los filtros" para acceder a Picasso, también el que le informaba de lo que pasaba en la calle y el encargado de que la vida cotidiana transcurriera sin perturbar la labor creadora del genio, además del custodio de sus obras en varios de los talleres que el pintor tuvo en París, y hasta su modelo ocasional.

Según Inglada, "Picasso tenía que estar muy a gusto en su taller para pintar; el ambiente propiciaba la inspiración, y eso Sabartés lo explica muy claramente".

Pero el secretario no se limitaba a facilitar lo que precisaba el maestro sino que, en sus últimos años, fue tomando nota de todos estos detalles, naturalmente con el consentimiento de Picasso, con un sentido de la lealtad que destacan tanto MacCully como Inglada.

Una lealtad que, según Inglada, "es un defecto, porque Sabartés se cuida mucho de trasladar a su libro aspectos de la vida íntima de Picasso, con la que siempre fue muy cuidadoso".

"Este libro, del que ya urgía una edición crítica, es imprescindible para conocer la juventud de Picasso, sus años en Barcelona, la relación con su secretario, además de que también aporta datos biográficos del propio Sabartés", ha explicado Inglada.

Tras treinta años ejerciendo de periodista en Guatemala, su amigo de juventud lo llamó en 1935 para que le asistiera como hombre de confianza en París, pero al poco de llegar Sabartés se peleó con Picasso y tuvieron un cierto distanciamiento que duró poco más de un año, precisamente el periodo en el que Picasso se dedicó al "Guernica".

A este hecho Inglada achaca que el libro no contenga ni una sola página sobre el proceso de creación de un cuadro tan famoso.

La obra de Sabartés es, en palabras de su editor, "un diálogo entre dos amigos, lleno de reflexiones de ambos; y es clave para conocer al Picasso poeta y autor de teatro", tareas a las que se dedican numerosas páginas.

"También ofrece una visión muy cercana de Picasso, y de cómo se desarrolla un importante periodo histórico, con referencias a los años de la Segunda Guerra Mundial", ha añadido.

Para MacCully, Sabartés es "el más devoto y despersonalizado de los escogidos cronistas de Picasso" y, en coincidencia con Inglada, "un autobiógrafo sustituto de Picasso", además de su confidente -"hablaban en catalán cada vez que el artista quería conversar de forma privada si otras personas estaban presentes"-, el custodio de su vida privada y de "sus más valiosas posesiones", ya que tenía la llave de sus estudios parisinos.

Según MacCully, Sabartés cuenta con detalle "el modo casi supersticioso por el que Picasso tomó posesión de un nuevo espacio, y cómo estos nuevos espacios pudieron impactar en su obra", y que su secretario, desde la primera visita al estudio de su amigo, "es cuidadoso para tomar nota exactamente de lo que veía".

De este modo pudo describir "el hábito que Picasso tuvo de por vida de apilar sus materiales de trabajo sobre mesas y sillas, a los que agregaba pilas de libros y otros objetos" sin permitir que nadie los tocara.

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