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FESTIVAL SAN SEBASTIÁN

Un filme sobre la identidad adolescente abre Horizontes en San Sebastián

Ana Burgueño

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 21:05

Ana Burgueño

"Jesús López", una perturbadora película sobre la identidad adolescente en la que los elementos fantásticos y realistas se insertan con naturalidad en el relato, ha abierto este viernes la sección Horizontes Latinos del 69 Festival de Cine de San Sebastián.

La película, que firma el argentino Maximiliano Schonfeld, se presenta tras haber pasado en 2020 por WIP Latam, el "work in progress" del certamen donostiarra que sustituye al apartado Cine en Construcción y en 2018 en Proyecta de Ventana Sur, entre otros espacios de festivales internacionales.

Jesús López es un joven piloto de carreras que muere accidentalmente y deja a su pequeño pueblo conmocionado. Su primo Abel comienza a parecerse cada vez más a él, empujado además por los padres del fallecido que de ese modo encuentran una manera de superar la pérdida.

La pandemia paralizó el rodaje de "Jesús López" en su tercera semana, de forma que en la película se alternan imágenes captadas con un año de diferencia. De hecho, Schonfeld acudió el pasado año a San Sebastián únicamente con las escenas filmadas antes de la irrupción de la covid-19, según explica él mismo en una entrevista con Efe.

Este es su tercer largometraje de ficción. El guion lo ha escrito junto a Selma Almada, con quien fue perfilando una historia en la que cada vez iba tomando más fuerza la idea "del robo de la identidad", de la sustitución de la personalidad hacia la que se ve abocado el joven y desorientado Abel.

La gente y el propio entorno contribuyen también a fagocitar al protagonista en favor del ausente. Es una sociedad agrícola aislada y en plena transformación que no ofrece un futuro a las nuevas generaciones.

"El modelo agroindustrial está haciendo desaparecer directamente las pequeñas economía familiares, las granjas. El cultivo de la soja, que apenas necesita mano de obra humana, lo está destruyendo absolutamente todo y cada vez queda menos gente viviendo en el campo", explica Schonfeld.

A esta situación de abandono progresivo de las tareas agrícolas le dieron los guionistas un significado especial. "Lo pensamos hasta como sintomático de la muerte de Jesús, que para nosotros no sólo es la muerte de un joven, sino también la de todo una forma de vida", señala.

Para este director, nacido en 1982, es más complicado aún sacar adelante una tercera o cuarta película que las primeras si no han pasado antes por festivales como Cannes y Berlín. Él estuvo en la sección Panorama de la Berlinale con "La helada negra", su segundo largometraje, "pero no fue suficiente".

"Ese es el punto más complejo. Muchas veces nos han dicho en mercados que para qué seguíamos insistiendo en buscar financiación internacional, que era totalmente innecesario, que yo no tenía proyección internacional", comenta.

Sin embargo, con la tenacidad de las productoras del film, lograron fondos franceses para "Jesús López". No han tenido tanta suerte otros compañeros suyos, conoce a "un montón" que acabaron tirando la toalla.

"Eso pasa con la financiación internacional, pero en Argentina por suerte tenemos el INCAA (el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) que no se fija tanto en qué festival estuviste o no. Se dedica más a avalar los proyectos de manera independiente, sin fijarse en los sellos", señala.

Schonfeld ha recurrido a no actores -solo las madres y el personaje de la exnovia del fallecido son actrices-, aunque con Lucas Schell lleva filmando varios años y cada vez es más intérprete, pero no cree que sea él el que lo está moldeando.

"Hay algo recíproco. Nos ayudamos mutuamente", afirma este realizador, antes fan de directores como el lituano Sarunas Vartas que ahora no le interesa "en absoluto". "Uno va creciendo y va viendo cómo ciertas cuestiones le dejan de interesar o se da cuenta de que no eran tan interesantes. Pasan las dos cosas", añade.

Ahora admira a directores de Argentina, como Clarisa Navas, con quien comparte "una manera de ver el cine", y sus amigos Iván Fund y Eduardo Crespo, que tienen "un universo muy particular", el último compitió el año pasado por la Concha de Oro con "Nosotros nunca moriremos" y ahora participa en la edición 2021 del programa de residencias Ikusmira Berriak, impulsado por el Festival de San Sebastián, entre otras entidades.

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