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ESPAÑA VACÍA

Del Molino invoca a los fantasmas en “Atlas Sentimental de la España Vacía”

Creo en los fantasmas, pertenecen al pasado, pero se aparecen en el presente, confiesa a EFE el escritor Sergio Del Molino quien, en su último libro, Atlas sentimental de la España Vacía, recupera un buen número de espectros que elige, como hace también con los lugares de los que se ocupa, según su capricho.

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09:13

Creo en los fantasmas, pertenecen al pasado, pero se aparecen en el presente, confiesa a EFE el escritor Sergio Del Molino quien, en su último libro, Atlas sentimental de la España Vacía, recupera un buen número de espectros que elige, como hace también con los lugares de los que se ocupa, según su capricho.

El libro no quiere justificarse, busco divagar, encontrar sitios que solo tienen en común entre sí que son excéntricos, lejanos a la centralidad", relata, antes de reconocer que, "al final ha quedado un libro de viajes muy caprichoso, hecho de desvíos, que pierde el hilo continuamente. Ese tipo de libro caprichoso me encanta.

Atlas Sentimental de la España Vacía, publicado por GeoPlaneta con ilustraciones de Ana Bustelo, recoge 32 historias que nos transportan a las provincias que conforman la zona más despoblada de España, según informa la contraportada.

Pero en realidad, y aunque su título remita al territorio, el libro está centrado en buena medida en multitud de personajes, verdaderos protagonistas del texto.

Así, Víctor Manuel, Adolfo Suárez o Félix Rodríguez de la Fuente figuran en sus páginas junto a otros menos conocidos, como el poeta republicano Pedro Garfias, el cineasta Óliver Laxe, el nazi galleguista Vicente Risco o el arqueólogo Eliseo Gil y aquel fraude milenarista ubicado en Vitoria.

O incluso un seguidor de Henry David Thoreau, el apóstol de la vuelta a la sencillez de la naturaleza, perdido en las montañas de Jaén.

Y también Quevedo y Cervantes, o los maquis de la Guerra Civil, esa confrontación entre españoles que, más que las guerras carlistas, aunque éstas también, está presente en el libro, que abunda en datos y narraciones de episodios históricos.

Son historias que me han salido al paso, me las he encontrado, y a partir de esos descubrimientos surge el texto, no hay un método. Sí hay, claro, una documentación, de los personajes y de los sitios también. Cuando un lugar me interesa mucho, me informo de su historia, pero no es un trabajo sistemático, explica.

El propio autor, casi siempre un testigo marginal, se hace presente en ocasiones, como en el capítulo dedicado a Almazán (Soria) o, luego, hablando del Festival de Viña Rock.

Aunque adopto la pose de narrador testigo, es inevitable aparecer, pero incluso cuando lo hago y las historias son más intimistas, intento no abandonar esa posición, en realidad el protagonista nunca soy yo. Me he impuesto esa disciplina, explica.

Del Molino, que simpatiza con los viajeros románticos del XIX, esos curiosos impertinentes", señala que "al final eres un cotilla, no eres un observador neutral, tienes unos intereses, una opinión, una malicia, una intención.

Aunque el libro esté poblado por todos esos personajes, ciertamente el vacío, el de esa otra España deshabitada, sigue siendo el contexto.

El vacío creado por el paso del último ferrocarril en Mieres (Asturias), por el incendio forestal en Los Ancares Leoneses, por la ausencia de un olmo (negrillos, los llaman) en Masueco, un pueblo de Zamora, o por las piezas robadas de las ermitas de Huesca. Pero solo hasta un punto.

"No he buscado que se superpusieran vacíos, hay también presencias que no responden a la nostalgia, tengo la ilusión de que no me dejo vencer por la melancolía, y de ahí la ironía, que también está en el libro, señala.

Y añade que no busco la melancolía, sino aprender del pasado, intento preguntarme qué parte de esos vacíos siguen presentes hoy. Por eso digo que creo en los fantasmas. Tienen esa virtud, son pasado, pero están en el presente cuando se aparecen, es una parte del pasado que sigue en el presente. Esos surcos son los que me interesan.

Atlas sentimental tiene episodios de novela negra, como la persecución del bandido expoliador Erik El Belga por el cura José María Lermiñana, de Roda (Huesca), o también otros en los que profundiza en los tiempos en que Teruel estaba superpoblada... aunque fuera de dinosaurios.

También hay narraciones de batallas, como la del Segre, o aventuras propias de Salgari o Dumas, de cuyas novelas parece haber salido Ramón Cabrera, El Tigre del Maestrazgo, que mandó en Morella, como lo hiciera el president Ximo Puig, antiguo alcalde de esta villa.

Ximo Puig es lector de la España Vacía, muy comprometido con ella como exalcalde de Morella, responde Del Molino, que tiene opinión sobre la España autonómica: estamos pagando el precio de no haber creado desde el origen un verdadero estado federal, con reglas claras. Como no existen, hay que pelearlas cada dos por tres, porque dependen del poder de cada barón autonómico. Es un desastre, esto no puede durar mucho tiempo si queremos mantener un país sensato.

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