CHILLIDA LEKU (Crónica)

Chillida-Leku, la utopía revivida del escultor vasco

El 5 de septiembre de 1981 falleció en Saint-Paul-de-Vence, un pequeño pueblo francés próximo a Niza, el marchante de arte y prestigioso galerista galo Aimé Maeght, una muerte que, a la postre, se convirtió en el germen del último gran proyecto de uno de los ilustres artistas de su nutrida nómina de representados, Eduardo Chillida.,Ese gran proyecto, el "sueño" y la "utopía" de Chillida, quien hoy habría cumplido 95 años, se hizo realidad en septiemb

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 15:33

Rafael Herrero.

El 5 de septiembre de 1981 falleció en Saint-Paul-de-Vence, un pequeño pueblo francés próximo a Niza, el marchante de arte y prestigioso galerista galo Aimé Maeght, una muerte que, a la postre, se convirtió en el germen del último gran proyecto de uno de los ilustres artistas de su nutrida nómina de representados, Eduardo Chillida.

Ese gran proyecto, el "sueño" y la "utopía" de Chillida, quien hoy habría cumplido 95 años, se hizo realidad en septiembre de 2000, cuando los reyes de España y el excanciller alemán Gerhard Schröeder inauguraron en Hernani (Gipuzkoa) el museo Chillida Leku, que el próximo mes de abril volverá a abrir sus puertas al público después de ocho años cerrado por la insostenibilidad de su modelo de negocio en plena crisis económica.

Maegth había muerto y Chillida, que había trabajado con él toda su vida, decidió que había llegado el momento de "intentar ir por libre sin seguir la disciplina de ninguna galería y haciendo las cosas de otra manera", según relató su hijo Luis, exdirector de Chillida-Leku.

Hasta entonces todas las obras del escultor, que esa época comenzaba a trabajar con bloques de granito, se enviaban a la galería, pero a partir de ese momento comenzó a quedárselas la familia, que enseguida vio la necesidad de encontrar un espacio (leku) que las albergara.

Una exposición gráfica en la casa Goya de Burdeos, en 1983, alumbró la posibilidad de la finca Zabalaga. Allí, Chillida coincidió con Santiago Churruca, cónsul en la ciudad gala y, también, propietario de los terrenos de Hernani, donde se ubicaba un caserío del siglo XVI en ruinas, del que el escultor quedó prendado.

Chillida, orientado por el sentido práctico con el que su esposa, Pilar Belzunce, dirigió su carrera, adquirió ese año la finca, y el caserío fue vaciado y rehabilitado con la colaboración del arquitecto Joaquín Montero, para convertirse en taller del escultor, primero, y parte fundamental del museo después.

Con el tiempo, animados por la frecuencia de visitas informales que recibía Zabalaga, fue tomando forma la idea de convertir el caserío y los terrenos en un museo al aire libre en el que las esculturas de gran tamaño se fusionaran con los robles, hayas y magnolios que salpicaban el entorno del viejo caserío.

Chillida-Leku se convirtió así, a partir de 2000, en una de las joyas del circuito artístico de Euskadi. Sus 12 hectáreas de cuidados jardines albergaban 40 obras de gran tamaño, como la majestuosa "Buscando la luz" o "Lo profundo es el aire", mientras que en el interior del caserío se exhibían 110 obras de pequeño y mediano tamaño creadas con materiales como alabastro, granito, hierro, yeso o papel.

Chillida, que, cuando se inauguró el museo, ya padecía un avanzado alzhéimer, murió dos años después y sus cenizas fueron enterradas bajo un magnolio de Chillida-Leku, el mismo en el que se depositaron, 13 años después, las de su inseparable Pilar Belzunce.

En sus diez años de andadura, el museo, de gestión totalmente privada en manos de la familia, fue visitado por más de 810.000 personas, pero, en plena crisis económica, los Chillida decidieron cerrarlo al público debido a la "situación de déficit recurrente" que arrastraba.

Comenzaron entonces largas negociaciones con las instituciones vascas, que no fructificaron porque, en aquella situación económica, resultaba inasumible la adquisición pública del museo en las condiciones que los Chillida planteaban, entre ellas, que el museo conservara su carácter monográfico.

Las conversaciones nunca se acabaron de romper, mientras Chillida-Leku mantenía un goteo de visitas privadas bajo demanda, hasta que en 2016, con una situación económica más propicia, el Gobierno Vasco anunció un acuerdo para adquirir el museo por 100 millones de euros, de los que el ejecutivo aportaría 50 y la Diputación de Gipuzkoa otros 50.

Sin embargo, de forma sorpresiva la Diputación renunció a entrar en la operación y esta opción se frustró, lo que llevó a los Chillida a "cerrar cualquier posibilidad de acuerdo futuro" para reabrir el museo de la mano de las instituciones.

Paradójicamente, el sueño que comenzó Chillida al desvincularse de una galería de arte, la de Maeght, volverá a hacerse realidad de la mano de otra galería, la suiza Hauser & Wirth, que en noviembre de 2017 anunció un acuerdo con los sucesores del escultor para llevar su representación y reabrir el museo.

Los herederos del artista donostiarra no han aclarado cómo se financiará el nuevo proyecto, aunque ellos seguirán manteniendo la propiedad y tendrán un "papel clave" en la toma de decisiones. Hauser & Wirth desarrollará "un modelo nuevo y sostenible" en Chillida-Leku, que, entre otras novedades, albergará obras de otros autores que permitan "contextualizar" la del propio Chillida.

El museo está siendo remodelado para acometer una "actualización respetuosa" y contará con nuevas instalaciones, como un centro de bienvenida, una cafetería y una tienda, además de reformar el aparcamiento y mejorar algunos aspectos del caserío, como la iluminación y la accesibilidad.

El nuevo Chillida-Leku será dirigido por Mireia Massagué, exresponsable del Gaudí Exhibition Center, aunque su labor se desarrollará "en estrecha colaboración con la familia Chillida", fiel custodia de que el sueño interrumpido del escultor siga vivo tal y como él lo concibió.

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